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agosto 26, 2016 11:41 am

Ante la pregunta de ¿cuánto cuesta cumplir un sueño? Imaginamos que cada sueño tendrá su valor y, por supuesto, su costo. Pero para los alumnos de la escuela albergue Por los Senderos de la Patria, cumplir un sueño costó una suma de voluntades, ni más ni menos, y en esta nota lo contamos.

Se trata de un grupo de 20 niños y nueve adultos que durante cuatro días vivieron jornadas inolvidables. Ellos son de la comunidad educativa de la escuela Por los Senderos de la Patria, de Santa Rosa, que gracias a un proyecto de intercambio de experiencias solidarias y escolares entre dicho departamento y el de Godoy cruz, pero del que también participaron ONGs, empresas y la UNCuyo, cumplieron un gran objetivo.

Puntapié inicial

“Luego de la caravana solidaria en la que llevamos donaciones, surgió la idea de traer a los chicos de la escuela para hacer actividades en Mendoza. La caravana nació de los chicos de Citrofans Club Mendoza, con la ayuda del Club de Fiat 600, la Organización Ayuda Urbana, la Federación Estilo Vida Hockey y el Concejo Deliberante de Godoy Cruz, que también donó agua”, explicó Guillermo Stoessel, quien además de ser profe de Educación Física y colaborador de Citrofans se desempeña como trabajador de la Municipalidad de Godoy Cruz.

En esa oportunidad, allá por el mes de abril, cuando partió la caravana solidaria hacia la escuela de la Josefa, llevaban muchas donaciones, desde ropa, calzado, libros, materiales para hacer el cierre perimetral de la escuela y agua, entre otras muchas cosas. También llevaban una banda para que tocara para los chicos pero no eran conscientes de que llevaban lo más importante que se puede dar en la vida: tiempo para dedicar a chicos que viven en puestos alejados y por eso la modalidad de albergue es de nueve días en la escuela, por cinco días en sus casas.

“Ese día, tanto los niños como los docentes entraron antes a la escuela para recibirlos”, explicó Guillermo y relató lo que fue el punto de partida de la actividad, que el pasado fin de semana los chicos vivieron fuera de su pueblo natal. “Esto de traerlos para acá surgió cuando luego de la caravana y hablando con Roberto Peinado, el director de la escuela nos dijo que los chicos habían valorado más la visita que lo material que habían llevado para ellos”, dijo.

El sueño, paso a paso

“La idea de sacar a los chicos de la escuela para llevarlos de paseo en el Mes del Niño, empezó a tomar forma, comenzaron a materializarse las ideas de quienes serían los anfitriones y facilitadores de cumplir algunos sueños. “Para esta actividad, se sumó la Secretaría Legal y Técnica de la Municipalidad de Godoy Cruz, a través de Fabricio Cuaranta. Se pusieron a la cabeza del proyecto: el Honorable Concejo Deliberante, el Club Obras Sanitarias la Universidad Nacional de Cuyo, a través de las áreas de Deporte y Turismo, la Unión Vecinal del barrio Gráfico, que prestó las instalaciones para hacer algunas actividades y el recurso humano, la Municipalidad de Capital donó el albergue para que la delegación durmiera durante su estadía en la Ciudad, Cata donó el transporte de los chicos, tanto de la escuela a la Ciudad como para la realización de todos los traslados a las diferentes actividades planificadas, Talca donó las gaseosas para todo el grupo, todos los días, el Parque Temático Vial se abrió especialmente para ellos un día sábado y en el híper Libertad se sumó otra actividad que, si bien no estaba en los planes, los chicos disfrutaron porque conocieron todo el proceso de amasado y elaboración de la panadería del supermercado.

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La organización Ayuda Urbana y Citrofans otorgaron los insumos y la elaboración de cada una de las comidas de los chicos y grandes”, explicó Guillermo, quien estuvo con el grupo en cada una de las actividades.
Si bien la mayoría de las actividades estaban planificadas de antemano, una vez que la delegación de la Josefa llegó, muchas otras voluntades se fueron plegando para hacer de este viaje un sueño cumplido.

Ninguno de los niños conocía la montaña ni mucho menos la nieve, ninguno de ellos había nadado nunca en una pileta climatizada y menos si la pileta estaba sólo a disposición de ellos. El Cerro de la Gloria, el Parque General San Martín y el mismísimo centro de la Ciudad dejaron de ser una imagen en un libro o una revista para convertirse en una realidad palpable, de esa que parece increíble pero cierta.

Poco más de 160 kilómetros separan a la Josefa de la Ciudad de Mendoza, pero para quienes nunca salieron del departamento, las distancias son eternas, a veces inalcanzables. Lo cierto es que, de jueves a lunes, los chicos vivieron muchas actividades, al punto tal que algunos no querían volver, contaron las maestras de la escuela. Cuatro días intensos de emociones, sensaciones, conocimientos, personas nuevas y una experiencia que quedará marcada a fuego en sus memorias

Dos docentes, un mismo sentimiento

El Ciudadano pudo conversar con algunos de los organizadores de este intercambio y con algunos de los niños que coincidieron en que lo que más les había gustado fue la nieve y la pileta climatizada. Por su parte, Roxana Ceruti agregó que cuando eligió ser docente se imaginó dentro de la modalidad de escuela albergue, por lo que desde hace dos años que se desempeña como maestra de 4º y 5º grados. “La particularidad de esta comunidad es la calidad humana, el cariño, el respeto, no sólo de los niños, sino también de los padres y del personal de la escuela , son muy compañeros, los niños son muy respetuosos. Son nueve días en los que compartimos las 24 horas del día con ellos”, contó Roxana.

“Todos los chicos vienen de familias de puesteros que viven de la tierra y la cría de cabras, para ellos es la primera vez de todo, de esto se van a acordar siempre, nunca han tenido la posibilidad de ir a una pileta gigante climatizada, a la nieve no la conocían, fue un viaje que siempre van a recordar”, dijo la maestra, mientras terminaba de ayudar a vestir a los chicos que iban saliendo de la pileta para ir a degustar la comida que la ONG Ayuda Urbana había preparado para toda la delegación, en el Club Obras Sanitarias.

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Por otra parte, Fernanda Cid, maestra a cargo del grupo, por ser junto al director quien lleva más tiempo en la escuela contó: “Yo empecé mi carrera como reemplazante en una escuela albergue, en la Pablo Pizurno de Lavalle, y me encantó y titularicé en otra escuela rural, después me casé, pedí traslado y ahora vivo en Luján y como estoy a los pies de la jubilación quise terminar mi carrera en una escuela albergue. Hace cuatro años que estoy acá, tengo un marido que me hace el aguante y se banca estar nueve días solo”.

Con respecto al viaje, la docente relató: “Los padres, antes de salir, nos agradecían que los chicos pudiesen vivir algo que ellos no les pueden dar. Nosotros en la escuela siempre tratamos de mostrarles otra cosa, de darles conocimientos relacionados a otras formas de vida, pero esto que han vivido estos días sólo en la tele lo podrían ver y sólo los que tienen televisión en la casa, ya que hay puestos que todavía no tienen electricidad. Las caras de felicidad que tenían, para ellos esto es la primera vez, son niños que viven en puestos donde ni siquiera tienen agua potable, hay un camión que lleva el agua puesto por puesto. Hay niños que no han visto ni una pelopincho, la montaña es algo que no conocían, viven en el medio de una planicie, rodeada de arena”.

“Tenemos tema de conversación hasta fin de año. Agradecemos muchísimo lo que ha hecho toda esta gente que se ha encariñado con la escuela y con los chicos. Las maestras van a tener que ingeniárselas para dar clases en relación a ésto, porque este viaje se les quedará grabado en la cabeza y el corazón para siempre”, agregaron.

Charlar con ambas mujeres dejó la certeza de que en la escuela aprenden más de lo que enseñan, transmiten valores con cada una de sus acciones, enseñan cuando ofician de enfermeras, de cocineras, psicólogas o simplemente son las mamás que tienen a estos chicos durante nueve días y nueve noches.

Cuando les preguntamos sobre las necesidades de la escuela reconocieron que todo lo que llega como ayuda es recibido con los brazos abiertos, pero que lo que más valoran es que alguien vaya a visitarlos, les dedique tiempo y comparta con ellos, aunque sea una jornada completa. Con las muestras de agradecimiento de las maestras y la cara de felicidad de cada uno de los chicos, podemos decir que este sueño está cumplido, los próximos dependerán de la suma de voluntades…

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