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noviembre 18, 2016 10:03 am

La calidad ambiental, el cuidado del ambiente y el control de la polución han devenido en preocupación de primer orden para gobiernos y autoridades, y es cierto que el eje de discusión se ha fijado, sobre todo, en la contaminación de los elementos, como el aire y el agua.

Pero no es menos problemático, sobre todo para los habitantes de los grandes centros urbanos, el perjuicio que causan las otras poluciones, como la sonora o la visual, que se trasladan a la vida cotidiana fundamentalmente en forma de stress, y son causa no solo de enfermedad sino también de accidentes por fatiga o distracción.

Los vecinos de Godoy Cruz habrán podido apreciar en estos días un pequeño aparatito montado sobre un trípode en diferentes sectores de la ciudad, que es sencillamente un decibelímetro, un sensor que mide la contaminación sonora y marca en tiempo real los diferentes niveles por sector y horario.

Este estudio, que se viene realizando por cuenta del Estado Provincial, abarca toda el área metropolitana de Mendoza, y permitirá elaborar el “mapa del ruido”, un trabajo que dará herramientas a los gobiernos para establecer políticas que mejoren esas condiciones de contaminación, a la manera en que se trabaja en otros grandes conglomerados del mundo.

Hasta ahora no se han registrado trabajos en ese sentido, que pueden apreciarse desde hace algunos años en Buenos Aires, por ejemplo, con las pantallas acústicas que mitigan el ruido de las autopistas.

Según pudo saber El Ciudadano, estos mapeos serán entregados luego a las municipalidades para que, conociendo como es la realidad en su jurisdicción, tomen las medidas correspondientes.

De lo observado durante la medición por nuestro cronista, resultó alarmante que aún en momentos de quietud, el registro en Avenida San Martín y Rivadavia nunca bajó de los 55 decibeles, mientras que cuando arreciaba el tránsito superaba rápidamente los 80.

Aunque no se tengan datos de que la contaminación acústica afecte directamente al medioambiente, se sabe que el ruido afecta a la salud de las personas. La Organización Mundial de la Salud considera 50 decibelios como el límite superior deseable del ruido. Por encima de este nivel de confort acústico podemos tener una disminución auditiva y sufrir otras molestias a nivel psicológico.

“La contaminación por ruido perjudica de forma seria al comportamiento de los individuos. La constante exposición al ruido puede provocar: insomnio, estrés, pérdida de la audición, dolores de cabeza, agresividad o problemas cardiovasculares.

El exceso de sonido altera las condiciones normales en que viven las personas”, aclara la OMS.

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