terrorismo

agosto 26, 2016 4:49 pm

Algunos años atrás, cuando países como el nuestro sufrían los ataques ideologizados del terrorismo marxista, los organismos internacionales y los expertos en el tema no podían o no querían ponerse de acuerdo sobre lo que era un terrorista.

Argumentaban, que lo que para nosotros era un terrorista, para otros bien podían ser ‘combatientes de la libertad’ o, simplemente, ‘jóvenes idealistas’.

La discusión parecía no tener fin. Para colmo de males, los excesos cometidos por varios gobiernos de la región, incluido el nuestro, poco sirvieron para clarificar la cuestión. Todo lo contrario.

Pero bastaron los atentados catastróficos del 11 de septiembre del 2001 contra las Torres Gemelas y el Pentágono para que este mundo ‘civilizado’ se percatara de la diferencia.

Hoy sabemos muy bien qué es un terrorista. En pocas palabras: un sujeto o un grupo que pretende atemorizarnos mediante la ejecución de actos violentos, preferentemente de carácter espectacular y contra no combatientes, para obtener un determinado objetivo político, sea este la dictadura del proletariado o la imposición del califato.
Atacados en la sede de su poder, Occidente, pero especialmente los EE.UU, le declararon la guerra al Terrorismo.

Pero lo hicieron sin percatarse que al escribirlo con “T” mayúscula le concedían un status que los terroristas no se merecían. Y con medios y esfuerzos dignos de una mejor causa se dedicaron a erradicarlo de raíz. Y al toque de una marsellesa clausewitziana enviaron sus legiones y sus aviones robot a aniquilarlos.

Hoy, a 15 años de esos sucesos y a cinco de la muerte del architerrorista que fuera Osama Bin Landen, sabemos que el esfuerzo no sólo fue inútil: no ha hecho otra cosa que no sea llevar al terrorismo a dar un salto cualitativo hacia una etapa, aún más terrorífica que la anterior, si es que esto es posible.

Que el terrorismo existe desde tiempos inmemoriales no hay quien lo niegue, sin embargo, pocas veces la historia ha presenciado semejante difusión y evolución de este fenómeno.

Sabemos de las andanzas, por ejemplo, del Viejo de la Montaña o de los anarquistas románticos del siglo pasado, pero lo actual los supera, tanto en extensión como en profundidad. Veamos.

Si empezamos por el primero de los factores, vemos que las acciones terroristas tienen como campo de acción al mundo entero. Aunque pueda reconocerse que su centro de gravedad –por el momento– se encuentra en el Hemisferio Norte. Pero, creemos –en ese sentido– que el bandolerismo que se enseñorea a manos del narcotráfico por nuestra región no es más que una forma de terrorismo artesanal.

Si seguimos por el segundo factor, creemos que el mismo queda validado por el reciente atentado perpetrado por un niño en una boda en Turquía. Pues más allá de cualquier análisis sobre sus motivaciones, el hecho central que lo destaca es –precisamente– la juventud de su autor.

La combinación de ambos factores nos lleva a concluir que nos encontramos ante una masificación de la violencia terrorista, de la que nada bueno puede salir.

Por anticipado, podemos anunciar la receta que aplicarán los Estados afectados: más bombardeos indiscriminados y, si fuera posible, conducidos por sus aviones robot. Cosa que su frente interno no pueda reprocharles la muerte de uno de los suyos.

No queremos entrar en la polémica respecto de si proceder de esta manera es ya un acto de terrorismo estatal. Creemos que no, pues no es lo mismo producir daños colaterales que atentar deliberadamente contra un blanco civil como hace el terrorismo. Mucho más cuando emplea niños para hacerlo.

De lo que sí estamos seguros es que las líneas divisorias previstas por Carl von Clausewitz para librar una guerra ‘civilizada’ con su famosa trilogía de Estado, Ejército, Pueblo, se están borrando. Simplemente porque los conflictos se libran hoy, no al margen del pueblo, sino dentro del mismo, cuando no es este mismo pueblo es el objetivo mismo de las operaciones militares.

También, en función de lo expresado en el párrafo anterior, estamos convencidos de que en un futuro cercano será muy difícil diferenciar un acto de guerra de un crimen y viceversa. Simplemente porque –cada vez más– el crimen será librado como una guerra y ésta como un crimen. Estemos preparados.

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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