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mayo 4, 2016 3:55 pm

La historia de Fabián Cabrera puede escribirse a través de la mirada de sus amigos o bien desde su propia mirada retrospectiva. El Ciudadano eligió la segunda opción en la casa de Cabrera, con mate de por medio, para conocer en detalle la historia de este querido productor, músico, periodista y activista, comprometido con causas sociales y culturales latinoamericanas.

Comunicación comunitaria

Su acercamiento a los medios de comunicación nació en forma conjunta con un grupo de amigos con los que compartía actividades sociales dentro de la Acción Católica en la iglesia de Carrodilla. “Cuando era bueno e iba a la iglesia”, dice entre risas, mientras nos lleva con su relato por los caminos de la comunicación, el arte y el activismo social.

“Nosotros teníamos militancia social en distintos barrios y queríamos crear una radio comunitaria, pero como el cura que estaba en Carrodilla nos aseguraba que no habían villas en la zona, decidimos hablar con el padre Jorge Contreras, que ya estaba en el barrio La Gloria. Él aceptó de una, nos cedió la casita donde funcionaba el ropero comunitario y ahí nació Cuyum FM, que ya tiene más de 25 años”, cuenta Fabián sobre la actividad en la que participaron durante siete años, hasta que el proyecto “se desvirtuó un poco” y se desarmó el grupo.

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Pero lejos de que su interés por lo social y cultural quedara en su vida apenas como una linda anécdota, Fabián trabajó en otras emisoras comunitarias ilegales hasta que tuvo la posibilidad de hacerlo en Radio Universidad. “Un día conocí al director de la radio y me ofreció hacer un programa de música latinoamericana. Empezamos así con El sendero del pueblo, que duró un año y medio en el aire”, relata el artista.

Y continúa con su historia tan particular: “Después pasé por la trasnoche de Nihuil y por un programa de Julio Azzaroni en LV10. Mientras estuve en Cuyum armé un proyecto de radio que se llamó El resto del cielo, donde empezamos homenajeando a personalidades locales, pero que después se extendió a Latinoamérica. Ese programa estuvo ocho años en el aire en Radio Universidad, y todavía hay músicos amigos que cada vez que me ven, preguntan cuándo va a volver”.

Se hace camino al andar

“Empecé a conocer y trabajar con artistas locales, con quienes comencé a viajar, y después vino la prensa, pero para artistas de afuera”, cuenta Cabrera, quien trabajó como productor de músicos mendocinos que estaban de gira por el país y de algunos que estaban radicados en Buenos Aires, como Fernando Barrientos.

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Más tarde llegaría el momento de realizar la producción y comunicación de Adrián Abonizio (uno de los grandes referentes de la trova rosarina y autor de canciones como El témpano, entre muchas otras). “Abonizio me propuso ser su manager y manejarle la prensa, pero también me motivó a componer y a mostrar algo de lo que hacía en sus shows. Adrián es una persona por demás generosa, quien me dijo seriamente un día que dejara de gastar la energía en otros ‘pelotudos’ y que la gastara en mí”, explicó el joven, mientras se reía como si ese momento también fuese una bisagra, de esas que invitan a pasar a otro plano.

La cosa social

“En 2005 salió el viaje a Venezuela, al Encuentro Mundial de la Juventud, invitado por las organizaciones populares. En ese momento, Cultura prometió ayudarme con los pasajes pero a dos semanas de viajar me dejaron en banda”, cuenta con una mezcla de resignación y resiliencia, ya que si bien no pudo participar de ese encuentro, viajó igual invitado por las organizaciones venezolanas y participó del Foro Social de la Salud con todo pago.

“Hice lo que nunca he hecho acá, toqué como nunca había podido acá y también laburé como periodista. Viví en la casa de una familia porque quería conocer la vida de los habitantes desde adentro. Ahí empecé a ver toda la realidad sobre el gobierno de (Hugo) Chávez, y si bien había hecho cosas buenas no era todo como lo mostraban. Terminé trabajando en una organización anticorrupción y también me llevaron en cana”, dice Cabrera, asegurando que pudo recorrer todo el país tocando y trabajando.

El Quilombo

El artista explica que “el colectivo de arte e imagen El Quilombo le debe su nombre a Zumbi dos Palmares, el líder negro de todas las razas, y significa ‘Zona Libre de Esclavitud’. Se gestó en Venezuela como una idea de Eduardo Viera, cantautor y cineasta de ese país; Carla Lara, una cantante y activista social de Honduras, y yo, con el objetivo de difundir lo que pasaba en cada uno de nuestros países, para hacerles el aguante a otros artistas, con otras ideas y largar un compromiso social. Con el tiempo empezaron a sumarse más artistas y a rotar otros”.

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También asegura que ahí fue cuando empezaron “a hacer quilombos, difundiendo problemas sociales y culturales de distintas regiones latinoamericanas”. Por estos días, entre otras cosas se encuentran produciendo un disco a beneficio de los pueblos originarios de la Argentina junto al mendocino Goy Ogalde, ex integrante del exitoso grupo Karamelo Santo.

Con un pie adentro

“En el 2014 empezamos a trabajar con una necesidad que me planteó Silvia Minoli –maestra y directora de la escuela a la que asistía (la desaparecida) Johana Chacón– porque en Lavalle los chicos caminan muchos kilómetros para llegar a la escuela y casi no tienen calzado. Ahí armamos una campaña en redes sociales y apareció Patitas, que donó 60 pares de zapatillas nuevas. Además, la gente nos proporcionó útiles escolares, y a los pocos días se sumaron una mujer que puso una camioneta con acoplado y algunos amigos que nos ayudaron con la difusión en los medios. ¡Silvia se sorprendió cuando nos vio llegar con todo eso!”, recuerda el también productor.

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Al año siguiente, Fabián llevó a distintas provincias no sólo su música, sino también los talleres de educación popular y un ciclo de cine, lo que lo acercó a la realidad y necesidades de comunidades casi olvidadas de Santa Fe, Misiones y Entre Ríos. Para ellos también se organizaron y llevaron no sólo calzado, sino también útiles escolares y ropa. Esta acción, que se ha repetido con comunidades mendocinas del Valle de Uco, tiene una particularidad: “El Quilombo es un colectivo de arte e imagen; laburamos mucho con la imagen, a través de la fotografía y los documentales y no hacemos asistencialismo. A donde vamos –escuelas rurales, albergues, fronterizas o comedores– llevamos nuestros talleres de comunicación popular o el ciclo de cine y también lo que recolectamos”, afirma Fabián.

Contacto:
www.elquilombo.org
Facebook/ Fabián Eduardo Cabrera

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