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julio 23, 2014 8:09 am

La oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) y el Programa Mundial de Alimentación advirtieron que la crisis humanitaria en la República Centroafricana ha sido olvidada y desatendida por la comunidad internacional. Ambas agencias solicitaron con urgencia más fondos y recursos para cumplir su misión en la región, que cada día se ve disminuida y con más dificultades para proveer asistencia básica.

ACNUR informó que se ha incrementado el número de refugiados que se han desplazado a Camerún, provenientes de la República Centroafricana, muchos de ellos muestran signos de haber sufrido graves ataques de violencia. La situación en el estado centroafricano se ha vuelto caótica. Violaciones, decapitaciones, torturas, destrucción de infraestructuras, son solo algunas de las atrocidades que detallan los testigos, como consecuencia de una guerra con matices religiosos.

Desde el golpe de Estado perpetrado en marzo del 2013 por la coalición rebelde Séleka, la situación interna ha sido anárquica. Organizaciones humanitarias denuncian que la represión sectaria se extiende por todo el país, lo cual imposibilita que la asistencia llegue a las regiones con mayor nivel de conflictividad. Cientos de miles de civiles se han visto obligados a abandonar sus casas en el último año, dejando atrás aldeas enteras en total abandono, según la ACNUR.

La situación es extremadamente dramática en la capital, Bangui, donde se calcula que más de un millón de personas necesitan ayuda para alimentarse y cubrir sus necesidades básicas. Además se están presentando graves casos de desnutrición en la población infantil. El Programa Mundial de Alimentación informó que necesita al menos 48 millones de dólares solo para llegar hasta finales de agosto.

Séleka está compuesta por elementos reaccionarios que continúan realizando ataques contra la población no musulmana (75 %), lo cual condujo a la formación de grupos de autoprotección entre cristianos conocidos como “antibalakas” (anti-machete, según dialectos locales). Se afirma que entre los altos mandos de Séleka hay mercenarios de Darfur, Sudán, Nigeria y Chad. Lo que sucede ahora es prácticamente una “cacería” entre un bando y otro. Ni el ejército ni ninguna fuerza internacional de pacificación han podido controlar el auge de los rebeldes ni de las milicias cristianas.

En Naciones Unidas se discute, sin avances claros, sobre cómo solucionar la crisis en esta nación, de pobre desarrollo socioeconómico pero rica en maderas preciosas y recursos minerales como el oro, el diamante y el uranio. Además de la alarmante situación humanitaria, el conflicto podría extenderse a países vecinos como la República Democrática del Congo (envuelta también en una crisis político-militar desde hace más de 15 años), así como disparar la criminalidad regional, pues por el territorio de la República Centroafricana confluyen rutas de tráfico de armas.

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