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marzo 30, 2016 9:54 am

Felipe Rizzo nació hace 75 años en la panadería familiar ubicada en O’Higgins y 25 de Mayo, de Godoy Cruz. A los 6 ya trabajaba en el negocio familiar barriendo o haciendo algún encargo y a los 12 se encargaba del reparto sin dejar de estudiar.

“Mi padre y mi madre eran poetas, les gustaba escribir mucho y yo heredé eso de ellos. Mi papá tenía un amigo propietario de una imprenta y él le imprimía hojitas sueltas con sus escritos”, dice Felipe, “como para que no se perdieran las cosas que escribía”. “El verdadero gusto de mi padre era escribir en el papel blanco en el que se envolvía el pan; él escribía poemas, sonetos, envolvía el pan recién horneado y si la gente lo leía o no, no le importaba”, explica sobre su papá, quien nunca publicó alguno de sus escritos.

“Mi madre, que también era poetiza, venía de Santiago del Estero y ya escribía cuando vivía allá. Ella lo hacía en un cuaderno tapa dura tipo escolar que yo lo recuperé”, dice orgulloso Felipe.

Legado

Hace unos años ‘don Rizzo’ se tomó el trabajo de buscar todo aquello que sus padres hubiesen producido. “No conseguí todo, muchas cosas se perdieron. Mi padre nos dejó a mí y a mis hermanos una biblioteca muy grande y entre los libros encontré escritos originales suyos”, cuenta, y agrega que cuando aquél falleció “se repartieron las cosas, pero no le interesaron a nadie y quedaron en un galponcito y ahí a muchos papeles se los comieron las ratas”. También recuerda que en los años en que se hizo la división de bienes familiares él se encontraba trabajando en Córdoba.

Rompecabezas literario

Felipe buscó y encontró muchos trozos de historia, de su historia, que también era la de su familia. “Junté los escritos de ambos e hice un libro que se llama El legado de mis padres y se lo dediqué a mis hermanos. Mi idea era que no se perdiera lo que había quedado de ellos”, comenta quien sintió que esos trozos de papel, esas fotografías y hasta algún certificado podían servir para recordar a sus padres, pero también para contarles a sus nietos sobre quienes los precedieron…

“De ahí me viene la vena de la literatura. Yo he escrito mucho pero me dediqué más a escribir novelas, cuentos, relatos y nunca se me dio por la poesía”, explica mientras muestra el legado impreso en sus manos y recuerda cómo lo presentó en sociedad en unas vacaciones donde reunió a toda la familia y le entregó un ejemplar del libro a cada uno de los integrantes. En él se puede acceder a los escritos, borradores e imágenes de Felipe Rizzo y María Irma D’Onofrio –sus padres–, pero también a una síntesis sobre la historia familiar. “Hice 50 ejemplares y me quedan tres por si nace algún nieto más”, dice.

El “escribidor”

Desde chico Felipe tuvo acceso a libros, música y todo tipo de expresiones artísticas. Su padre trabajaba duro pero invertía mucho en productos culturales; de ahí, explica, nació su pasión por leer y escribir. “No me considero un escritor, sino un ‘escribidor’”, dice entre risas, y cuenta que cuando estaba en la secundaria la profesora de Gramática y Castellano le pedía que le escribiera sus discursos, “no porque yo lo hiciera bien, sino de vaga que era ella”.

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Rizzo ha recibido menciones en distintos certámenes literarios, y le han publicado trabajos en algunas revistas nacionales, pero sin duda ahora está por dar un gran paso. “Acabo de terminar una novela que escribí durante tres años y está la posibilidad de publicarla en amazon.com como libro electrónico”, relata Felipe sobre la posibilidad de colgar de uno de los más importantes sitios de comercio electrónico del mundo su producción.

Se trataría del primer libro íntegramente escrito por él, ya que si bien muchos de sus escritos se han publicado en antologías, hasta la fecha no había tenido la posibilidad de tener un libro propio.

Memoria de barrio

La charla con Felipe tiene olor a café de barrio, y no cualquier café, sino al más antiguo de Mendoza. Es que la cita es en el café Sportman, en pleno corazón de Villa Hipódromo, y a pasitos de la redacción de El Ciudadano.

“Unos tres o cuatro años atrás, en una charla con el grupo de amigos que nos juntamos en este café me pidieron que escribiera algunos recuerdos de acá, de la zona, y se me ocurrió hacer una serie de ellos. A uno le llamé Añoranzas, a otro Recuerdos del ayer, y ahora estoy escribiendo uno que habla de las Nuevas leyendas de Mendoza. Me gusta ficcionar los hechos reales, como el caso del ‘lobizón’, que está basado en un susto real. “Esto ocurrió de verdad: me pasó a mí y le agregué algunas cosas”, explica ‘don Rizzo’.

La Bruja de Villa Hipódromo, El Loco de la Tercera Sección y El Viejo Viruta también son de la partida, basados en hechos reales pero con la magia que aporta la pluma fantástica de Rizzo, historias de esas que en el barrio las definen como de “creer o reventar”.

La historia como recurso

En cuanto a su estilo a la hora de escribir, Felipe dice: “No tengo escuela de literato; escribo como me dictan a mí las ganas de hacerlo. Muchos me critican y de hecho me han rechazado varios escritos en Vendimia porque no me adapto a una normativa a la hora de escribir”, reflexiona, pero así y todo este mendocino ha participado de varias antologías de escritores argentinos donde le han publicado lo que el denomina “cuentos y relatos desestructurados”, donde entre otros encontramos, por ejemplo, El álamo vigía, basado en un recuerdo de su época de juventud que en algún momento del relato se transforma en un hecho histórico con destellos de ficción.

También es el caso de una pequeña novela que tiene como protagonista a Don Tapia, el hombre que vivió sobre la Ruta 7 a la altura de La Paz y que era conocido como ‘El Linyera’ o ‘El Ermitaño’. Lo curioso es que tiene dos finales distintos porque nadie sabe cuál es la verdad. “Le escribí dos finales y a mí me gusta la ficción, así es que a esa historia la uno con la tragedia de los cadetes chilenos”, cuenta Felipe, a quien también le gusta –y mucho– la historia de la provincia, y conocerla después de haber leído tanto lo invita a ficcionarla también.

Los escritos de Felipe se pueden leer en Facebook/cuentos y relatos desestructurados.

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