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septiembre 23, 2015 3:49 pm

Tanto en el mundo del deporte como entre sus amigos lo conocen como Marito y, si bien hace más de 30 años que se dedica al deporte adaptado, poco sabíamos acerca de quien en su silla de ruedas ha conquistado los primeros lugares en maratones provinciales, nacionales e internacionales, quedando entre los diez mejores atletas del mundo en la maratón de Nueva York, hace algunos años atrás. Mario tiene un currículum abultado donde no sólo se pueden apreciar sus logros deportivos, sino también decenas de capacitaciones y una veintena de disertaciones en distintos espacios, siempre en pos de aportar su visión sobre el deporte y la discapacidad. Ahora, sería injusto sólo quedarnos con su performance deportiva sin contar también que Mario tiene un perfil solidario que le permite, junto a su familia y amigos, hacer cosas por los demás.

Primeros años

Marito nació en Las Heras, en el seno de una familia humilde. “Soy el segundo de cuatro hermanos, de los cuales quedan tres, ya que el mayor falleció en un accidente traumático. Ahí quedé como el hermano mayor, aunque de mayor no tenga nada”, contó entre risas.

Un capítulo especial en la vida de este atleta merece su familia y su mamá en especial. “Adquirí mi enfermedad –poliomielitis– a los nueve meses de edad, la famosa parálisis infantil. Fueron los últimos coletazos de la epidemia y, en mi caso, alcanzaron a salvarme de la cintura para arriba. Tengo secuelas, pero puedo caminar porque hice muchísimos años de rehabilitación”, resumió Mario y recordó el sacrificio de su mamá caminando kilómetros y kilómetros con él alzado para llevarlo varias veces por semana a rehabilitación a IRPI.

Gracias a la constancia de su madre, quien también pasó mucho tiempo en cuarentena con Mario en el hospital y el apoyo del resto de la familia, empezó a caminar a los 5 años. “Aprendí a caminar arriba de los pies de mi papá, mientras él caminaba para atrás, después me soltó y en las casas de antes no tenían medianera (quedaba una separación entre casa y casa), sino un pasillo. Me daban un palo de escoba para que agarrara, por si me tambaleaba, el palo pegaba en la pared y no me caía. A pesar de todo, fue muy linda mi infancia porque nunca me estanqué por mi discapacidad, y mi mamá nunca me sobreprotegió”, relató el joven.

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Marito es muy solidario y organiza campañas para ayudar a quien lo necesita.

El deporte, una forma de vida

Mario es tan seguro de sí mismo que hasta se anima a hacer humor con su propia experiencia mientras se sincera: “Claro que tuve bajones, como en la adolescencia o la juventud cuando empezás a pensar cosas como: “¿cuándo me voy a poner una malla?”, “¿cuándo me voy a poner de novio o cuándo me voy a casar?”. Se me pasaban mil cosas por la cabeza, yo era el que se enamoraba pero le daba miedo decirlo por si la chica no sentía lo mismo”, explicó. Lo cierto es que Mario no sólo se enamoró de Inés, quien es su esposa desde hace mas de 20 años, sino que esos momentos coincidieron con sus inicios en el deporte pero a nivel profesional, ya que desde chico amaba la actividad física y la ponía por encima de cualquier otra cosa: “Le decía a mi mamá que iba a la escuela y me iba al Club Gimnasia y Esgrima temprano y le ayudaba al profesor a limpiar y ordenar, porque no tenía cómo pagarle, ahí hacía ejercicios a la par de los demás, sin excederme porque no puedo aumentar mi masa muscular”, contó, y sintetizó ese momento de su vida: “Fue una época muy linda de mi vida porque empecé a quererme a mí mismo, a desarrollarme y a adquirir conocimiento sobre la discapacidad”.

Campeón multifacético

“Siempre fui de hacer muchas actividades, no me gustaba quedarme en casa, buscaba socializar todo el tiempo, era un loco de las actividades”, relató Mario y también recordó que estaba por terminar el secundario cuando entró en la selección nacional, lo que lo obligó a priorizar el deporte y así llegó a convertirse en el número dos de la Argentina desde el 98 hasta el 2005. La mayor parte de su carrera deportiva la hizo en Mar del Plata, con un profesor que se ofreció a entrenarlo gratis, para lo cual viajaba a la ciudad costera y como no tenía dinero para mantenerse, se internaba en la Clínica de Rehabilitación Psicofísica del Sur. Eso le permitía tener comida y un lugar donde dormir. Claro que no fue el único que se sacrificó, ya que su esposa lo ha acompañado en toda su carrera deportiva y en la mayoría de sus viajes y competencias, y  al igual que él, también ha dormido en terminales de ómnibus y viajado en el último vagón. “La Negra es maravillosa”, aseguró Mario sobre su esposa, quien además de ser su compañera de toda la vida, es la madre de su hija.

Tiempo de cosecha

Mario es reconocido en el mundo del deporte, no sólo por su empuje, sino también por haber marcado hitos importantísimos en lo que al deporte adaptado se refiere. “En 1999 quedé entre los diez mejores del mundo en la maratón de Nueva York”, contó orgulloso. No sólo el deportista ha representado a la Argentina en distintas carreras internacionales, sino también hace un par de semanas, a sus 53 años, se trajo un cuarto puesto de la media maratón de Capital Federal. “La silla de ruedas nos iguala a los deportistas que tenemos discapacidad, en mi caso por mi lesión, corro en la categoría T54 que es la más competitiva de todas”, explicó el atleta y agregó: “Podés tener los mejores brazos, pero sin elasticidad, entrenamiento y buena cabeza, no podés ganar. Las carreras se hacen con la cabeza y yo soy muy detallista, soy de estudiar mucho, es una ceremonia para mí”.

Anécdotas

En más de 30 años de carreras, Mario no sólo ha sumado medallas y premios, sino también grandes sacrificios, algunos desencantos (sobre todo relacionados a la política) y cientos de anécdotas. “Yo soy muy creyente en Dios, y en tantos años de correr, tengo muchas historias. Me han pasado muchas cosas, una vez me llevó por delante un auto en una maratón y aparecieron dos flacos de la nada que me arreglaron la rueda de adelante y me dijeron que tenía que seguir. Si vos me preguntás la cara de los muchachos no me acuerdo, no sé si es por creer en Dios o en los ángeles. En esa maratón llegué segundo”, contó el deportista y agregó un dato particular: “Lo único que me interesaba de esa carrera es que no me filmaran para que mi esposa, que estaba embarazada no me viera lastimado en la televisión”. Claro que algunos medios que cubrían el evento no dudaron en titular la nota como “Atleta discapacitado accidentado llega en segundo lugar”.

Hoy es hoy

Mario, quien tiene un currículum generoso en cuanto a competencias se refiere, reparte su tiempo en trabajar en el Centro de Medicina del Deporte que depende del Ministerio de Deportes de la provincia, donde se evalúa gratuitamente a deportistas en distintas áreas y donde junto a un compañero está a cargo de la entrega de turnos y el seguimiento de las historias clínicas. Este atleta, además de entrenar, también dicta charlas motivacionales a grupos o empresas que así lo deseen a cambio de un aporte que le ayuda a continuar desarrollándose como deportista.

Este campeón reconoce que en otros países los deportistas tienen más apoyo y lo dice por experiencia , ya que tuvo que empeñar una colección de monedas del Mundial 78 para comprar cubiertas, llantas y la rueda delantera de su silla para seguir corriendo. “Soy apolítico y por eso tengo las puertas abiertas donde voy”, asegura, y en ese ir de un lado a otro es que mucha gente se e acerca para pedirle ayuda. Su perfil solidario está respaldado por su familia y por muchos amigos que conocen a Marito y colaboran con sus campañas.

La charla nos llevó por distintos caminos y apareció otro dato que lo pintó de pies a cabeza: “Crucé la cordillera en la silla dos veces. Esto debería haber sido un récord Guinness, en el caso de que se hubiese informado a los responsables para que corroboraran la actividad”. Y para el cierre, Mario contó su próximo desafío: “Quiero subir el Aconcagua, pero mi esposa no me deja”… risas.

Por Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano on line

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