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agosto 31, 2016 5:39 pm

Fernanda Lorenzo es profesora de Ciencias Naturales y directora de una escuela que, por estar ubicada en las cercanías del barrio La Gloria y de la Triple Frontera entre Godoy Cruz, Maipú y Luján, ha sido históricamente estigmatizada.

“Son muchos los docentes a los que el sistema los ha cansado”, dijo Fernanda, pero también aseguró que son muchos también los que desde su lugar todos los días intentan que la escuela vuelva a ser el centro de encuentro, crecimiento y realización personal para cada uno de los alumnos. Lo cierto es que todas las comunidades educativas son distintas y, en algunas, hay que trabajar más que en otras para recuperar el prestigio de la escuela como institución formadora de valores.

Vocación y empuje

“Llevo 13 años en esta escuela. Empecé como preceptora, seguí como docente y hace un año y medio que soy la directora”, relató Fernanda y agregó: “Acá hay que tener mucha predisposición para trabajar, hay chicos que tienen desvirtuados sus valores y chicos que no. Acá vienen chicos de los barrios Alicia Moreau de Justo, Chile 1 y 2, La Gloria, Paulo Sexto, Los Peregrinos y Los Alerces. Esta es una zona que está colapsada. Llevamos tres años difíciles y hemos tenido tres semanas de asaltos constantes a los alumnos”, explicó la directora, que por esta situación se comunicó con la Bicameral de Seguridad.

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En cuanto a algunas de las particularidades que se viven día a día en la escuela, la docente explicó: “Tenemos alumnos que a los 13 años ya han vivido todo lo que podemos ver en una película, sin embargo, hemos recuperado muchos chicos que estaban en la droga y ellos son los que nos están ayudando a cambiar la imagen de la escuela; nos ayudan a que entre todos respetemos las normas básicas de comportamiento, como llegar temprano a la escuela, saludar, o mirar a los ojos, sacarse gorros, aros y piercing”.

Volver a lo técnico

La escuela secundaria Scallabrini Ortiz comparte edificio con su homónima primaria, lo que dificulta el dictado de clases, ya que desde hace un año –y luego de innumerables gestiones– el equipo directivo logró reintroducir la modalidad técnica en la escuela.

“La idea es que tengan una salida laboral que les permita tener otro tipo de trabajo y que no terminen trabajando en la construcción, de changas o en cualquier otra cosa”, relató la directora y explicó que se trata de una escuela secundaria técnica especializada en tecnología de los alimentos.“Tenemos una planta piloto que no la tiene ninguna escuela en la provincia. Acá se producen, procesan, elaboran y envasan alimentos. Los alumnos tienen todas las físicas, químicas y matemáticas –a contra turno–, y el título con el que egresan les permite trabajar en laboratorios o empresas alimenticias en el área de control de calidad”, resumió Fernanda y agregó que muchos de los alumnos han quedado trabajando en los laboratorios de la Municipalidad o de la universidad, donde realizaron sus pasantías.
“Los chicos producen para consumo interno de ellos y de sus familias.

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Por ese motivo, entre todos –incluidos los docentes– compramos esa producción, y ese dinero nos sirve para comprar más materia prima para seguir produciendo y aprendiendo”, resumió y, a modo de anécdotas contó que el año pasado los desbordó la cantidad de encargues de salsa casera para la cual utilizaron más de 300 cajones de tomate. Y mientras la directora contaba orgullosa sobre las actividades de su escuela, en una gran vitrina se podían observar dulces y conservas muy tentadoras.

Pequeños grandes logros

“Cuando asumí la dirección, la escuela estaba destruida y no se cuidaba. De a poco hemos logrado mejorar esos aspectos, pintamos, pusimos cortinas, mejoramos aulas y hasta tenemos una huerta solidaria que nos sirve para la fábrica, pero también para ayudar a un jardincito que está en Terrada y Juan B. justo. Costó mucho la pertenencia, pero de a poco vamos logrando que todos se sientan parte y cuiden lo que hemos logrado, ya no hay paredes rayadas ni espacios sucios”, explicó la docente, quien conoce a la comunidad y reconoce que hay muchas acciones que están naturalizadas como los robos, los maltratos o la violencia.

Programas como oportunidades

La docente reconoció que en los últimos años hubo programas exitosos y otros que no. Por ejemplo, el programa ‘Conectar Igualdad’, que le entregaba a cada alumno una notebook, no funcionó en su escuela, ya que la mayoría de los alumnos fueron asaltados y perdieron sus computadoras. El resto de las máquinas, las que pudieron rescatar de alumnos que ya no van a la institución, las conservan en el edificio, bajo llave, para que los alumnos puedan hacer uso de ellas.

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“Por suerte hemos podido introducir varios programas en la escuela, con la Municipalidad trabajamos muy bien, colabora mucho con nosotros, también es cierto que uno desde la escuela tiene que gestionar, moverse, y hacer notas para buscar lo que se necesita”, agregó. Y así golpeando puertas, bajando programas y buscando ayuda, la directora se propuso que los chicos conocieran otras formas de vivir.

“Siempre les digo que tienen que aspirar a más, que no se conformen”, dijo la educadora y contó que la respuesta de los chicos es que con el solo hecho de decir dónde viven ya son discriminados pero ,a pesar de ese estigma, las autoridades de la escuela tienen puestas las esperanzas en que los chicos pueden salir adelante.

¿La banda siguió tocando?

Como suele suceder cuando hay un cambio en el signo de Gobierno a nivel nacional, algunos de los programas sociales continúan y otros desaparecen. Esto último es lo que sucedió con el Programa Nacional de Extensión Educativa del Centro de Actividades Juveniles (CAJ), a través del cual se buscaba crear nuevas formas de estar y aprender en la escuela en horarios complementarios a la jornada escolar.

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Este programa le permitió a la escuela Scalabrini crear una orquesta. “Si bien el CAJ funcionaba en varias escuelas, nosotros teníamos el musical, éramos la única escuela en Mendoza que tenía la banda completa, con todos los instrumentos. Ese programa era de la Nación y se cayó. En algunos lugares no funcionaba, pero en esta escuela sí. Venían 52 alumnos, todos los sábados, a aprender a tocar un instrumento.

Ese programa no sólo les significaba a los chicos un acercamiento al arte, sino que además les permitió viajar y conocer otras provincias, grabar un demo y sobre todo ampliar sus fronteras musicales. Pudimos mostrarles que además de cumbia y reggaeton existen otras cosas; logramos que escucharan y tocaran rock nacional, incluso, que lo pusieran en los actos y cenas de egresados”, dijo Fernanda, realmente emocionada.

“Es una pena tener todos los instrumentos en su funda y con un seguro, y que no tengamos profesores para que los chicos sigan tocando”, dijo la directora, que entre las muchas notas que ha mandado figura un pedido al Ministro de Educación de la Nación y de quien espera una respuesta también. “Los alumnos quieren manifestarse, expresarse y la escuela era el lugar ideal para eso.

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Hacer música los llevó a conocer lugares como La Quiaca o Buenos Aires, y fue maravilloso para ellos darse cuenta que eran como los demás, que más allá de ser catalogados como chicos de la Triple Frontera van a aprender y expresarse como los demás alumnos de cualquier otra escuela del país”.

Escuela de puertas abiertas

Así la define Fernanda, pero en esa frase no sólo se refiere a alumnos y padres, sino a todos aquellos profesionales, artistas o miembros de organizaciones que crean que tienen algo para enseñar a sus alumnos, nuevas formas de vivir o simplemente compartir algún saber.

 

Con esa idea es que durante este año los chicos han recibido capacitaciones sobre prevención de adicciones, primeros auxilios, y en breve tendrán capacitación sobre ciber acoso y trata de personas, entre otras actividades planificadas para el año en curso. Además, participan del proyecto ‘Más género menos violencia’, el que les está dando buenos resultados en cuanto a la convivencia y la generación de debates en la escuela.

“Creo que estamos llegando a ese ideal de chicos que entienden que estamos para algo más, que no soy sólo la que los reta. Vamos encaminándonos a ser la escuela que queremos”, concluyó Fernanda .

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