septiembre 26, 2014 8:45 am

El pasado 20 de septiembre nos sorprendió una noticia. Según fuentes nacionales, la Presidente de la Nación habría sido amenazada por el movimiento extremista Estado Islámico (EI) –o Estado Islámico de Irak y Al Sham (ISIS), autoproclamado Califato–, el grupo yihadista que tiene presencia en Irak y Siria y es responsable de haber desatado la Yihad (guerra santa) y de los últimos asesinatos en Medio Oriente.

En nuestro país, tal vez por la distante posición geográfica, no se ha tomado conciencia de la dimensión de este problema y el alcance que tiene. Este tipo de asuntos deben tomarse muy en serio. Aunque aparentemente estamos muy lejos de los lugares donde están ocurriendo estos hechos, hoy las distancias se han acortado.

Dimensión planetaria

Los yihadistas poseen células dormidas en muchos lugares del mundo y no es despreciable la posibilidad de que en esta parte del planeta también las tengan. Una célula dormida puede ser simplemente una persona o unas pocas, viviendo en cualquier territorio, en apresto para despertar y cometer un acto terrorista. El nuestro no está exento.

Hay Estados árabes detrás de esos terroristas que han sido educados en las escuelas religiosas islámicas (madrazas), que se sostienen con el dinero de occidente gracias al petróleo y han sido entrenados como muyahidines en campos de entrenamiento de Afganistán, Pakistán o Irak, para luego ser introducidos en lugares estratégicos de Europa, América, Asia, África y Oceanía –la yihad (guerra santa), según el mandato divino que ellos creen cumplir, tiene dimensión planetaria–. Algunos poseen o cursan estudios superiores en los países dónde desarrollan actividades normales, mientras esperan recibir la orden de actuar. Estas células pueden estar dormidas por años, hasta que una necesidad (una orden) las despierta.

No nos asombremos, las potencias occidentales hacen lo mismo desde hace mucho tiempo, aunque por supuesto con fines y motivaciones diferentes. Es sólo una parte de la nueva manera de hacer la guerra.

La Argentina ha sufrido ya dos atentados terroristas –Embajada de Israel y la AMIA–, que han costado muchas vidas y nos han mostrado el lado más crudo y brutal del terrorismo islámico. La Triple Frontera (Argentina, Brasil y Paraguay) ha sido señalada, desde aquellos atentados, como una posible zona que podría albergar células dormidas de grupos terroristas islámicos. Nunca ha habido pruebas contundentes e irrefutables, pero su sola mención debería bastar para tomar precauciones.

Nos preguntamos si la Presidente de la Argentina podría ser una prioridad para el Estado Islámico, o si puede un presidente argentino ser una amenaza para la umma, el pueblo creyente de Alá (según los extremistas); y por ende, convertirse en objetivo de la yihad. Una amenaza de este tipo es algo que debe tomarse muy en serio. Asimismo debemos hacernos la pregunta de si el Estado Islámico, los yihadistas, acostumbran a anunciar este tipo de crímenes. Suelen hacerlo, no nos olvidemos que, para ellos, la intimidación es un arma. La cercanía de este anuncio con la visita de la Presidente al papa Francisco, nos llamó mucho la atención.

El Mundo Islámico, el Papa y la Argentina

Una noticia o denuncia como esta, impone la adopción de urgentes y severas medidas de seguridad e investigación; el secreto y la discreción deben prevalecer ante todo. Preferimos pensar que no fue echada a rodar al descuido, o en forma irresponsable, porque significaría una imprudencia enorme. El Papa es argentino y es seguro que puede constituir un objetivo para el fundamentalismo islámico.

La idea de Francisco está en sintonía con la carta de Naciones Unidas –y la mayor parte del mundo civilizado– que establece la igualdad de todas las religiones. Pero los islamitas radicales, los fundamentalistas, que piensan que el Islam está por sobre las otras religiones, no lo aceptan. Para ellos la igualdad de las religiones contradice su particular interpretación del Corán. Para ellos, el resto de la humanidad somos los infieles (kafirun) y, mientras haya kafirun, debe haber yihad (guerra santa).

Es seguro que Francisco está amenazado. Para ellos es un Kafirun (infiel) de gran poder y prestigio, tal vez el más peligroso de todos. Ha viajado a Medio Oriente fomentando el diálogo inter-religioso y pregona la paz y la libertad religiosa. Hace todas esas cosas que los yihadistas condenan y, además, es un activista del antiterrorismo.

“Nadie puede escudarse en Dios para justificar actos terroristas; matar en nombre de Dios es un gran sacrilegio y discriminar en su Nombre es inhumano”, dijo el Papa desde Albania, en un claro mensaje contra el Estado Islámico que fatiga sus cuchillos en las gargantas de sus cautivos, esclaviza a las mujeres y les cobra impuestos a los propios musulmanes no radicales, que también considera kafirun (infieles) y son víctimas de sus atrocidades, como los cristianos y judíos.

Con la política exterior, la guerra y el terrorismo internacional, no se puede (no se debe) improvisar. Las relaciones internacionales son muy importantes y complejas para mezclarlas con la política doméstica de todos los días, con mediocres y pueblerinos juegos de persuasión o seducción electorales. Los políticos argentinos deben tomar conciencia de esta grave situación internacional porque, como ya ha ocurrido en otras oportunidades, puede llegar a afectarnos.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional “Santa Romana”. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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