Ley antidespidos

mayo 16, 2016 7:26 am

Gabriel Profiti

“Domingo a domingo” por Gabriel Profiti – Director de Noticias Argentinas

Un juego legislativo para la tribuna sobre la cuestión del empleo  consumió esta semana gran parte de la energía política disponible  y compartió cartel con situaciones más determinantes para la  realidad argentina como la crisis institucional brasileña.

La pulseada está planteada en torno a la aprobación de una ley  antidespidos, que ninguno de los actores en danza considera  esencial para paliar los problemas de empleo, que no son nuevos. Pero sí es una caja de resonancia para triunfos o derrotas y  también una marquesina para jugadores interesados en posicionarse  más que en encontrar la verdad de la milanesa.

El kirchnerismo no logró juntar quórum para sancionar la Ley  de Emergencia Ocupacional en una sesión especial el jueves  en la Cámara de Diputados, pero tiene otra chance. La pulseada se  aplazó hasta la próxima sesión ordinaria, el miércoles.

Ese día habrá tres dictámenes en danza que llegarán al  recinto: el del Frente para la Victoria que busca prohibir los  despidos y establecer la doble indemnización para empleados que  acepten ser cesanteados; el de Cambiemos que lo rechaza y el del  Frente Renovador que incorpora medidas de estímulo para pymes.

Tras una negociación encarada por los operadores del  oficialismo, Emilio Monzó y Rogelio Frigerio con Sergio Massa, lo  más probable es que pase el proyecto del FR, lo cual le permitirá  al oficialismo ganar tiempo antes de tener que apelar al veto.

La iniciativa con cambios deberá volver al Senado, pero así y  todo, finalmente se espera que Mauricio Macri aplique un veto  parcial a la prohibición de despidos.

Todo este trayecto provocó un sinfín de reuniones y gestiones  entre el Gobierno, diputados, los sindicatos que impulsaron la  iniciativa y empresarios.  De hecho, el Gobierno forzó a más de 200 ejecutivos a firmar  un compromiso de sostenimiento del empleo por 90 días, justo para evitar una derrota política. Pero no logró convencer a los  sindicatos, cuyos referentes quedaron en una sala contigua  mientras el presidente hacia el anuncio con mal semblante.

El kirchnerismo que hasta fines del año pasado se oponía a  proyectos de este tenor, ahora busca hacer tropezar a Macri,  mientras ve como su jefa política, Cristina Kirchner es sometida  por la justicia a un calvario. En medio de ese franeleo, cuestiones más trascendentes para la  vida de la gente comenzarán a tratarse la semana próxima con la  convocatoria del Consejo del Salario. Allí se fijará el nuevo  Salario Mínimo, se elevará el seguro del desempleo y quizá el  Gobierno habilite una peligrosa discusión para que puedan  descontarse del salario días de paro.

Datos del empleo 

El Gobierno sostiene que no se registra al menos en estos  primeros meses una destrucción masiva del empleo. Esos datos  fueron corroborados por Sel consultores, una firma que se ocupa  de monitorear la evolución del mercado laboral mes a mes, sobre  la base principal de las decisiones de empresas líderes.

En diálogo con este columnista, su directora ejecutiva, María  Laura Calí dio estas impresiones:

– Durante 2014 un tercio de las empresas líderes redujo su  dotación y en 2015 un 28% hizo lo propio.

– Este año la situación no empeoró ni mejoró, sigue igual. El  13% disminuyó en el primer trimestre su personal y en la misma  proporción lo aumentó.

– Un 16% espera contratar personal en 2016 contra un 13% que  espera disminuir, aunque un 35% dice que el gobierno va a  favorecer la creación del empleo.

– Iniciativas como la ley antidespidos son contraproducentes. .

Brasil, corrupción y después 

Como ya se dijo la ley antidespidos parece coyuntural frente a  las previsiones reales sobre la situación del empleo, sobre todo  frente el desempeño de la actividad económica.

El Gobierno confía en que el país vuelva a crecer a partir de  la segunda mitad del año, junto a un descenso de la inflación.  Para que la Argentina vigorice su eventual expansión es crucial  lo que ocurra en Brasil, el vecino y principal socio comercial.

La crisis política que terminó con la suspensión de la  presidenta Dilma Rousseff y la asunción del vicepresidente Michel  Temer, sin embargo, no permite afirmar que es el fin del corcoveo  brasileño. Se trata de un gobierno, de centro, que nace débil. Temer espera ser convalidado por los gobiernos de la región.

La administración macrista reconoció al nuevo presidente, aunque  luego lanzó un pronunciamiento más culposo, en medio de las  reacciones adversas de la izquierda sudamericana. Esta semana el ministro de Hacienda Prat Gay estimó que la  contracción económica brasileña, principal mercado de productos  manufactureros de la Argentina, reduce un 1.8% la posibilidad de  crecimiento de la economía doméstica.

El saldo comercial con  Brasil fue deficitario en 3.000 millones de dólares en 2015. La remoción de Rousseff fue adjudicada a la utilización de  préstamos de la banca pública para maquillar el déficit en plena  campaña, pero subyace un entramado de corrupción que excede al  Partido de los Trabajadores.

La corrupción también es un eje central de la actualidad  argentina, luego de que Cristina Kirchner fuera imputada por  cobrar presuntas coimas con su hotel Los Sauces a Lázaro Báez y  Cristóbal López y procesada por la venta de dólar futuro.

El kirchnerismo jura que es objeto de persecución política y  probablemente tenga razón con el juez Claudio Bonadio, pero en 12  años los Kirchner solo promovieron la opacidad del Estado. En la sesión del próximo miércoles, cuando la Ley  antidespidos hará sonar los tamboriles, también se prevé el  tratamiento de la ley de Acceso a la Información Pública.

Se trata de una de las bases de la transparencia en el Estado.  Está comprobado internacionalmente que a mayor transparencia,  menor corrupción en la función pública. Así, Macri que está  acusado desde el inicio de su mandato por causas como los Panamá  Papers, puede dar señales claras en este apartado crucial.

En caso contrario el destino está marcado para la mayoría de  los presidentes de la democracia: Menem, De la Rúa, y Cristina ya dejaron el camino marcado en tribunales.

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