Clinica Olivos

junio 6, 2016 12:29 pm

Gabriel Profiti“Domingo a domingo” por Gabriel Profiti – Director de Noticias Argentinas

“El Presidente está sujeto a presiones, pero está bien. Y éste fue el primer episodio de este tipo”, resumió el vocero presidencial, Iván Pavlovsky, en referencia a la arritmia sufrida por Mauricio Macri, que con su gobierno aún en fase inicial y embrollado, significa un llamado de atención.

El Presidente ya había sufrido la fisura de una costilla el 8 de enero, pero esta alteración de la frecuencia cardíaca implica una antecedente para quien debe lidiar con los rigores del poder. La salud de los jefes de Estado se convirtió en un aspecto no menor de los últimos gobiernos en la Argentina.

Este episodio también debe servir de experiencia para la comunicación presidencial, que al igual que durante el kirchnerismo, no fue expeditiva ni precisa con la información oficial. La atención médica de Macri sucedió prácticamente en simultáneo con la difusión por parte del Gobierno del “estado del Estado”, un pormenorizado documento sobre la “pesada herencia recibida” de la administración kirchnerista.

La difusión de ese trabajo busca justificar las medidas adoptadas por las nuevas autoridades, que al menos en una primera etapa, profundizaron los índices de inflación y pobreza, al tiempo que afectaron al consumo.

En ese contexto, el Gobierno debe entablar batallas políticas diarias con las distintas versiones del PJ para avanzar con su plan de trabajo y “recalcular” metas económicas.

Por lo pronto, debió limitar las subas de tarifas de gas y electricidad que golpearon fuerte a sectores productivos y sociales y que al mismo tiempo pusieron en la mira al ministro de Energía, Juan José Aranguren, un guardián de la ortodoxia.

El tarifazo tiene como principal objetivo reducir el déficit fiscal (del 7% al 4,8% del PBI este año), aunque su aplicación lineal posiblemente genere consecuencias más graves que la emisión y su impacto en la inflación.

Paralelamente, el proyecto oficial de “reparación histórica previsional”, que incluye un nuevo blanqueo de capitales y la formalización del acuerdo Nación-Provincias por la coparticipación impositiva dio su primer paso en el Congreso.

Un relevamiento inicial indica que la iniciativa avanzaría con algunas variantes en la Cámara de Diputados, pero la oposición parece aglutinarse en el rechazo a la intención oficial de desprenderse de acciones de empresas en manos de la ANSeS.

El Gobierno busca fortalecerse políticamente a partir de esta iniciativa, mientras espera señales de reactivación económica. Pero puso demasiadas expectativas en el “segundo semestre”, un diagnóstico que ya es tomado a la chacota -lo utilizó como muletilla el imitador de Macri en el nuevo Gran Cuñado de Marcelo Tinelli- y que puede resultar un bumerán si es errado.

Francisco, confuso.

Un imitador del Papa Francisco también debería entrar a la parodia televisiva. Este viernes admitió en público su incidencia en la política argentina, hasta ahora exhibida en gestos.

“La Iglesia está llamada a comprometerse. No cabe el adagio de la Ilustración, de que la Iglesia no deba meterse en política. La Iglesia debe meterse en la gran política”, aseguró Jorge Bergoglio ante un auditorio de jueces y fiscales federales, incluido el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti.

El pontífice respaldó a los miembros del Poder Judicial e incluso tuvo reuniones privadas con Lorenzetti y Sebastián Casanello, el juez a cargo de las causas más resonantes de la actualidad, quien está sospechado de haber recibido sobornos de parte de la presidenta Cristina Kirchner para exculparla del caso de la denominada “Ruta del dinero K”.

Una nube de polución rodea al Poder Judicial argentino y muchos de los mirados de reojo estuvieron en El Vaticano hablando de justicia independiente. El rol de Francisco advirtiendo sobre la corrupción junto a figuras muy cuestionadas emerge confuso.

El Papa, quien recibió durante 22 minutos a Macri en febrero, le dio 45 a Casanello. Hace unas semanas estuvo dos horas con Hebe de Bonafini y luego hizo gestos hacia el macrismo, al punto de agendar un nuevo encuentro con el presidente argentino para octubre en el marco de la canonización del cura Brochero. Macri construyó una relación sólida con Lorenzetti y busca acercarse a Francisco.

Ambos son apuntados por el arsenal acusatorio de Elisa Carrió, para quien la construcción política no debe ser garantía de impunidad. La líder a la Coalición Cívica y aliada con derecho al pataleo del Gobierno apuntó duro contra Gabriela Michetti en un programa de TV, luego de que la vicepresidenta la calificara de “inmanejable”. La acusó de haber permitido la asunción de Ricardo Echegaray al frente de la Auditoría General de la Nación (AGN).

Carrió actuó en forma premonitoria o con información. Al día siguiente el siempre dispuesto juez Claudio Bonadío procesó a Echegaray por una falsa acusación contra el hoy ministro Alfonso Prat Gay y dio pie a que Michetti y el presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, firmaran el desplazamiento del ex jefe de la AFIP.

Echegaray dijo que iba a resistir y tuvo un leve apoyo del PJ, pero una medida cautelar lo suspendió en el cargo. La titularidad de la AGN corresponde al principal partido de la oposición.

Echegaray, a quien Macri le había ofrecido seguir en la AFIP al asumir, había sido promovido por Cristina Kirchner para ese cargo de auditor general. Si finalmente es corrido, el PJ deberá designar un reemplazante.

Macri tampoco es ajeno al desbarajuste de la AFA. Se apresta a poner en funciones a una comisión organizadora, entre cuyos propósitos se encuentra no regalarle esa vidriera a Hugo Moyano, quien busca ser el nuevo Julio Grondona.

El fútbol, sumado a su influencia en los sindicatos del transporte, engordarían mucho el poder de fuego del líder camionero y presidente de Independiente. Moyano, Carrió, Francisco, el PJ, el segundo semestre y el 2017 electoral. La política argentina tiene muchos actores de peso y requiere de un corazón fuerte.

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