genoud

octubre 1, 2014 9:04 am

José Genoud se recibió de abogado en 1973, uno de los momentos políticos más convulsionados de la Argentina. Desde ese entonces, los orígenes de su carrera fueron complicados, ya que sus dos maestros políticos estaban en esos momentos distanciados entre sí. Uno era el militante, caminador y excelente orador, el doctor Leopoldo Suárez, y el otro, el doctor Alberto Day, que hacía del sarcasmo un apotegma, con una inteligencia sin igual.
Sin embargo, algunas cosas tenían en común esos dos experimentados políticos: eran combativos, la política ocupaba el primer lugar en sus vidas y les gustaba compartir y reunirse con sus correligionarios, por más humildes que fueran. Por eso, no fue raro ver a Genoud heredar esas virtudes y también algunos defectos.
Cuando fue su tiempo, El José –como le decían sus amigos–, con 36 años, fue el vicegobernador más joven de la historia de Mendoza; y siguiendo los pasos de sus antecesores, la política provincial, las internas, las visitas a los amigos, la militancia y los contubernios fueron parte importante en su vida.
Toda esta actividad, pasión y fuerza partidaria hizo que se lo viera como un enemigo del gobernador Santiago Felipe Llaver, quien gobernó entre 1983 y 1987. Pero si comparamos las novelas políticas de estos días con aquello, lo de Llaver y Genoud eran peleas de jardín de infantes.

Fayad, un amigo adversario
Genoud dejó de ser vicegobernador en 1986, a los 39 años, para ingresar al Congreso nacional, donde sólo había un legislador menor que él: Enrique Chirola Laferriere, de Entre Ríos. Como senador, las primeras acciones del mendocino fueron los proyectos del traslado de la Capital a Viedma, el divorcio vincular y la reconversión vitivinícola, entre otros.
En su rol de legislador nacional, protagonizó dos internas partidarias en Mendoza con Víctor Fayad –las que serían las últimas hasta la actualidad–, quien había heredado el movimiento de su tío Santiago Felipe Llaver. La primera fue en 1991, cuando por cargos partidarios ganó Genoud, y dos años después, por cargos electivos, fue el turno de Fayad.
Desde ese momento, cuando se dirimieron cargos en elecciones, los dos movimientos mayoritarios del radicalismo –Convergencia y Causa–, nunca más se realizaron internas para candidaturas provinciales. Este es un mérito que estos dos grande políticos dejaron hasta hoy a sus correligionarios y actuales dirigentes, como muestra de que se puede elegir a los mejores hombres sin confrontar, y de ese modo, no menguar posibilidades contra el verdadero adversario para la UCR, el justicialismo.

El turno de Iglesias
Cuando Fayad perdió la gobernación a manos de Rodolfo Lafalla, empezó a declinar su poder frente al movimiento que fundara su tío Felipe. A partir de esa derrota, el nuevo jefe de Convergencia sería Roberto Iglesias, el osco, el Mula, el ingeniero, y a la vez el más eficaz y responsable en una gestión ejecutiva que empezó en el municipio de Capital.
Una vez más el adversario interno era José Genoud, el jefe indiscutido de Causa por aquel entonces. Con varios años más y con un rol de caudillo, demostraba todo lo aprendido a lo largo del tiempo y se imponía en una candidatura a gobernador en 1998.
A su vez, desempeñaba con eficacia su cargo de presidente del bloque de Senadores de la Nación, y para sumar más medallas a su trayectoria, fue condecorado dos veces consecutivas con el premio al ‘Mejor legislador nacional’, y en otras tres obtuvo segundo lugar, otorgado por la revista El Parlamentario.
Cuando desde Capital Federal, la Alianza quiso postular al demócrata Carlos Balter a gobernador de Mendoza, Genoud renunció a su candidatura e hizo olvidar a los estrategas nacionales esa idea. Finalmente, fue Iglesias el destinatario de la candidatura, otra vez sin interna, y fue el Mula quien logró que los radicales volvieran a ocupar oficinas en la calle Peltier.

El máximo honor
Luego del triunfo de la Alianza en 1999, José Genoud llegó a ser la tercera autoridad del país en su cargo de presidente provisional del Senado, sólo superado por otro radical, el ex vicepresidente Julio Cleto Cobos. Ese lugar, que era la mejor vidriera para destacarse, terminó siendo el fin de una larga y rica trayectoria. Producto de una feroz interna iniciada por Chacho Álvarez vinieron las tan difundidas “supuestas coimas del Senado”. Las mil quinientas idas y vueltas del supuesto arrepentido, junto con las mil y una mentiras, que después de más de trece años terminó en absolución lisa y llana para Genoud. Además, se produjeron las denuncias de la Cámara Juzgadora a los que pergeñaron y fueron los ideólogos de todas estas denuncias falsas, con el solo fin de hacerle daño al ex presidente Fernando De La Rúa, todos sospechados de una gran “fábula” que le costó mucha plata al pueblo argentino, y en el medio, se llevó la honra de este alumno de Leopoldo Suárez y Alberto Day, quien tal vez como ellos tuvo un solo error: dedicó toda su vida a la política y a la cosa pública, y después se le hizo difícil el ostracismo político, al que se vio obligado por las circunstancias

Sus amigos de verdad
Casi todos los que compartieron momentos con José dicen que por él aprendieron a amar la vida de campo y los caballos, a ser amigos del gaucho, a compartir un pan, a cabalgar agachando la cabeza en el monte, a saber que lo “telúrico no aburre”, a hablar de historia o a jugar al ajedrez en las largas tardes de domingo. También agregan que les enseñó a hacer política en la Mendoza profunda y no se olvidan de sus charlas en las que acostumbraba elogiar a sus hijos, tal cual hace cualquier padre orgulloso de su prole, entre tantas cosas más.
A seis años de su partida de este mundo, muchos amigos lo recuerdan con nostalgia, y uno de ellos decía: “Lo extrañamos todos los días, fue un gran político, excelente orador, un gran estudioso. Se destacó en las grandes ligas, fue honesto, mucho más bueno de lo que muchos piensan, un gran amigo, medio testarudo, competitivo, pero por sobre todas las cosas una persona que sabía escuchar, que aconsejaba y que te daba una mano cuando la necesitabas. Pero así es la vida; nosotros que sabemos lo que fue, lo honramos con nuestro recuerdo, que no es poco”.

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