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noviembre 29, 2015 8:03 am

La procuradora general de la Nación, Alejandra Gils Carbó, busca tender puentes con el próximo ministro de Justicia, Germán Garavano, para lograr que Mauricio Macri deponga la avanzada en su contra. El nombramiento de Garavano trajo aire a los pasillos de Sarmiento 665, donde tiene su despacho la jefa de los fiscales del país. Muy cerca de Gils Carbó aseguraron que la funcionaria ya ordenó tender puentes con Garavano, con quien mantiene una buena relación y coincide en términos jurídicos.

Un grupo de macristas viene realizando sondeos con distintos candidatos para sucederla. Elisa Carrió reclamó el puesto para José María Campagnoli, pero el fiscal pidió un cargo en Seguridad, según sus interlocutores con el PRO. Los fiscales Guillermo Marijuan, Raúl Pleé y Ricardo Sáenz –todos públicamente enfrentados a la procuradora– fueron sondeados. En las reuniones, los macristas indagan sobre el punto débil de la Procuración. Se enfrentan a una funcionaria a la que quieren expulsar pero no pueden. La Constitución del 94 establece que el procurador tiene el mismo rango de un juez de la Corte Suprema. El macrismo necesita dos tercios del Senado para poder destituirla en un juicio político. Pueden lograr impulsar un jury desde la Comisión de Juicio Político en Diputados, pero ya contaron los porotos varias veces y no los tienen en el Senado. Por eso estudian otras alternativas.

Lo más cómodo para el PRO sería que Gils Carbó diera un paso al costado y presentara su renuncia. La procuradora ya dijo que no dejará el cargo. Lo siguiente, entonces, sería empujarla a renunciar. Uno de los candidatos a sucederla dijo que el punto débil de la Procuración es el presupuesto. El 95% de los fondos asignados al área se va en sueldos. Pero si el plan es limitarla financieramente, la estrategia puede volverse un arma de doble filo. Si no hay fondos para pagar los sueldos del Ministerio Público Fiscal, el problema también será del gobierno. Aunque su renuncia es una prioridad política para el PRO, diciembre pondría otras prioridades en la agenda y podría darle tiempo a Gils Carbó para negociar su continuidad.

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