Venezuela

mayo 6, 2016 10:15 am

Días atrás, las imprudentes declaraciones de nuestro ex canciller Jorge Taiana, en su carácter de representante argentino y presidente pro tempore del Parlasur, causaron la indignación de los parlamentarios brasileños, quienes se retiraron del recinto de sesiones. No era para menos. Taiana había sostenido que en el Brasil estaba teniendo lugar un golpe institucional.

Para Taiana, el actual proceso de impeachment al que está siendo sometida la presidenta Dilma Rousseff no es uno de carácter institucional, sino uno destinado a desalojarla, sin más trámite, del poder. Uno promovido por las grandes corporaciones del establishment brasileño.

Similares temores han sido expresados por el mismísimo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, respecto de su propia situación. En este caso, él le ha agregado la gestión particular de los EE.UU. y ha denunciado ser objeto de un “golpe blando”, en relación al referéndum revocatorio que la oposición venezolana está organizando por estos días para celebrar elecciones anticipadas y removerlo de su puesto.

Pero, ¿qué es un golpe institucional o un golpe blando?

Al parecer todo evoluciona. Las cosas, los procesos, se van profundizando o, para decirlo más académicamente: se hacen más complejos.
Y los golpes de estado parecen no ser la excepción. En el pasado bastaba con que un coronel se enojara con su mandante político, juntara a algunos de sus subordinados más belicosos y se dirigiera decidido a la sede de ese gobierno, para tomarla, simplemente, por asalto.

El politólogo norteamericano Edward Lutwak se animó, en 1979, a sistematizarlos en su conocida obra Coup d’État: Una guía práctica. Por su parte, cientos de casos en diversos lugares del denominado ‘Tercer Mundo’ de esa época así lo demostraron oportunamente. Nuestras propias experiencias nacionales nos eximen de una explicación más detallada.

Hoy las Fuerzas Armadas, al menos de nuestra Región, han aprendido la lección. Ninguna de ellas piensa en hacer un golpe de estado. La pregunta es si los políticos aprendieron su lección, ya que algunos de ellos, confundiendo elección popular con democracia y con República, pretenden quedarse sine die en sus posiciones de poder. Surgen de inmediato los ejemplos de Cuba y de Venezuela, sólo por mencionar a dos que son indiscutibles.

De nuevo: ¿qué es un golpe blando?

Es una teoría que afirma que todo poder, en realidad, se sostiene en la obediencia de los súbditos y que cuando éstos se rebelan se acaba el poder. Fue expuesto por un estudioso norteamericano, Gene Sharp, siguiendo las enseñanzas de Ghandi, Martin Luther King y otros apóstoles de la no violencia.

Hay quienes sostienen que sus teorías fueron usadas por Occidente para promover las ‘Primaveras árabes’. Y antes, para las ‘Revoluciones de colores’ que llevaron a la segregación de varias repúblicas ex soviéticas de la Federación Rusa. Igualmente, como habría ocurrido hace poco, con Ucrania.

Específicamente, para Sharp el poder político no es monolítico, ya que todo poder deriva de la obediencia de la masa de individuos al Estado. Ergo, si un número determinante de ellos no obedece, los líderes comienzan a perder ese poder.

Según Sharp, más allá de las estructuras del sistema de justicia o de cuerpos específicos, como la Policía, y de componentes subjetivos en la cultura que tiene todo Estado para fomentar y mantener la obediencia de sus súbditos, siempre existirán grietas de descontento que podrán ser aprovechadas, mediante procedimientos de resistencia no violenta, para negar esa obediencia y comenzar una revolución.

Sin negar la posible existencia de conspiraciones concretas, tampoco podemos caer en el angelismo de creer que si no estuvieran dadas unas excelentes condiciones locales de descontento popular, la simple manipulación de algunos factores de poder, por sí sola, puede producir un cambio de gobierno.

Por otro lado, se puede argumentar que un gobierno cercado por sus propios errores y contradicciones como los de Rousseff y Maduro, bien podrían pretender permanecer en el poder a cualquier precio para evitar tener que dar explicaciones. Su jugada sería, entonces, denunciar un golpe blando, revelando no sólo su compleja situación interna actual, sino demandando el funcionamiento de los mecanismos regionales e internacionales destinados a proteger a las instituciones democráticas.

Llegado a este punto, la cuestión adquiere otro cariz, pues, a las ya de por sí complejas situaciones internas de ambos países, habría que sumarles las posibles acciones de estos organismos y las consiguientes reacciones de los distintos gobiernos.

Para complicar aún más la situación, sabemos que las actuales administraciones nacionales de la Región ya no muestran un criterio uniforme al respecto. En ese sentido, es nuestro país el que se ha alzado como el principal contradictor de la tesis conspirativa de los golpes blandos. Ya lo ha hecho, expresamente, en el caso venezolano, sobre el que ha emitido claras declaraciones. Mucho más matizada, pero no muy diferente, es la opinión argentina sobre el más cercano caso brasileño.

La pregunta del millón

La pregunta del millón sería esta: ¿qué podría suceder si tanto Rousseff como Maduro invocaran, por ejemplo, la Carta Democrática de la OEA en su defensa?

Tal como ya lo hemos sostenido más arriba: no hay unanimidad en los gobiernos de la Región. Y siendo la OEA un organismo colegiado que sólo puede actuar por absoluto consenso, es muy poco probable que se adopte alguna resolución que escape a lo meramente declarativo.

Otra cosa serían las consecuencias derivadas de las situaciones de anarquía interna propias de las dinámicas de los procesos de Venezuela y de Brasil.

Obviamente, todo suceso de magnitud, especialmente en el Brasil, tendría graves consecuencias para nosotros. Pues, como argumentó el ex canciller Taiana cuando quiso enmendar su error, y en eso le damos la razón, citó a Henry Kissinger, quien sostuvo que “cuando el Brasil se resfría, a la Región le da neumonía”.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

Dejá tu opinión

comentarios