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enero 29, 2015 9:03 am

Para entender cómo una mujer nacida y criada en Buenos Aires conoce y defiende la flora y fauna nativa más que muchos mendocinos, El Ciudadano fue hasta el corazón de El Challao, en el departamento Las Heras, donde Brenda Junín abrió las puertas de su casa, de su emprendimiento familiar, la fundación que preside y una historia llena de paisajes maravillosos.

“Soy veterinaria de inicio. Me recibí en la UBA, hice un ejercicio de la profesión intenso un poco atípico, con poca clínica. Siempre me dediqué a la vida silvestre, ambiente y gestión”, comienza Brenda al contar su historia.

“Los primeros años de ejercicio profesional los hice en el Jardín Zoológico de Buenos Aires, donde hice clínica, aunque en realidad siempre me dediqué a estudiar cómo evitar que los seres vivos se enfermen, sean animales o humanos”, apunta, y desde el inicio nos va mostrando con su historia una vida marcada por los desafíos.

“En el Zoo fui la primera mujer que ocupó un cargo de trabajo sobre la población de mamíferos, que para un lugar ‘muy machista’ fue un avance: no había mujer desde la época de Sarmiento, yo empecé muy jovencita y fue un desafío”, explica orgullosa.

Se sincera y dice que ella amaba tanto al Zoo y lo que lograron con los animales basándose en una filosofía de “respeto, observación y comprensión de las estructuras jerárquicas”, que siempre pensó que su carrera iba terminar en ese lugar.

Pero los vientos privatizadores de los años 90 se encargaron de mostrarle otros rumbos, incluso a quienes como ella se opusieron abiertamente a que el Zoo pasara a manos privadas.

Respetar, comprender, vivir
“Trabajar en medicina preventiva en cautiverio no es fácil, pero eso me abrió la cabeza”, al punto tal que explica cómo las acciones básicas de prevención de enfermedades para una población animal se aplican a una población humana”.

Y remata: “Tiene que ver con cómo vos respetás los lugares donde te toca ser, cómo te interrelacionás con esos lugares, si avasallás o te integrás y comprendés. Así trabajabamos con el equipo, fue un etapa muy valiosa”, dice y suma como dato que en esa misma etapa tuvo a sus dos hijos y todo en su vida lo vivía de forma tan natural que no sólo trabajó hasta el último día antes de dar a luz, sino que disfrutó de sus partos sin anestesia. “Impregnó mi vida esa etapa”, dice convencida.

Vientos de cambio
Dejar de trabajar en el Zoológico a Brenda le significó nuevas oportunidades, como desempeñarse en áreas protegidas y reservas ecológicas, y cuando la edad de sus hijos le permitió volver al ejercicio de forma más intensa comenzó su etapa en la administración pública: trabajó en control de plagas, fue jefa de un programa contra el dengue en Buenos Aires.

“Fui la primera persona en aislar el mosquito del dengue en la Ciudad de Buenos Aires, después de 50 años y esa fue una etapa muy interesante porque trabajábamos con enfermedades vectoriales que requieren muchísimo conocimiento por parte de la población. Entonces tuvimos que volver a pensar los programas sanitarios, ya que no se trabaja sobre la enfermedad, sino sobre la educación para prevenirlas”, explica Brenda.

“Fue uno de los programas más interesantes de dengue que se hicieron en el país y Buenos Aires pasó a ser una de las cabezas de la lucha contra esa enfermedad cuando recién arrancaba y se convirtió en referente”, cuenta entusiasmada.

Nuevos desafíos
“Luego tomé el área de Epidemiología Alimentaria. Estas son todas áreas donde los veterinarios pueden actuar, por eso es una profesión súper amplia que a veces se la limita a la clínica de mascotas y tiene una parte de salud publica inmensa”, dice. Y agrega: “Luego vendrían formaciones como posgrado en Ecología Médica y Epidemiología Ambiental, avalados por la Organización Panamericana de la Salud”, organización internacional en la que Brenda se forma y trabaja desde hace muchos años.

“Básicamente, se trata de entender cómo el ambiente ayuda en tu salud y cómo vos podés trabajar bien o mal sobre el ambiente, cómo tus conductas pueden contaminar el lugar donde vivís y cómo en ese ambiente podes encontrar todas las armas para tu salud. Eso es Ecología Médica y Salud Ambiental”, resume.

Después sería la elegida para estar a la cabeza del Área de Manejo de Intoxicaciones. “Siempre me convocaron para mejorar áreas viejas y para crear nuevas áreas de trabajo”, relata, quien por esos años ya era convocada por otros países de América latina para dar conferencias sobre temas relacionados a Epidemología.

Poco tiempo después, Brenda haría nuevos estudios en la Academia de Medicina Epidemiológica Intermedia, lo que le permitiría trabajar aún mejor con poblaciones humanas. “El veterinario, a diferencia del médico, tiene una formación en terreno que le permite trabajar mejor en epidemiología, tanto con animales silvestres. La formación me fue llevando después a trabajar con seres humanos”, expresa esta inquieta mujer de currículum admirable.

Mendoza, tierra de sueños
Si bien Brenda vivió los primeros 40 años de su vida en Buenos Aires, donde se formó como profesional y allí mismo conoció a Marcelo, también veterinario, que además de ser el padre de sus hijos es su compañero de vida, siempre tuvieron el anhelo de vivir en Mendoza: “Desde muy jovencitos teníamos el sueño de un proyecto agropecuario, amábamos Mendoza y se dieron las condiciones para venir a desarrollarlo”.

Mientras el emprendimiento familiar Per Aqua se gestaba, Brenda se desempeñó en el Área de Gestión Ambiental de Capital y luego en Zoonosis de la provincia, trabajando en problemáticas como el dengue, la brucelosis caprina y el mal de Chagas, entre otras enfermedades.

“Con Mendoza tengo la sensación de que se puede hacer de todo, es un volumen de gente mucho menor, sólo falta organización”, se sincera la experta que en Buenos Aires planificaba acciones para 9 millones de personas diariamente.

En Mendoza también se especializó en el tema de áreas propensas a desastres, en su caso orientado a riesgo, desastre y saneamiento, en otras palabras: los escenarios después del desastre y como se manejan para que el impacto negativo sea menor.

Esta formación le abrió las puertas para desempeñarse en la Dirección Nacional de Emergencias Sanitarias, a la vez que viajaba para dar conferencias sobre plagas, epidemiología alimentaria, en distintos países de Latinoamérica, y en oportunidades para presentar su libro Plagas de la salud pública, una visión integral para su control urbano, texto que actualmente se usa en las residencias universitaria de Veterinaria.
Esta mujer, que fue en algún momento elegida como uno de los veinte mejores especialistas de Latinoamérica para formar líderes, mientras se capacitaba, seguía apostando a su sueño en Mendoza. Junto a su familia abrió Per Aqua, el primer centro herbal del país, donde mendocinos y turistas mejoran su salud gracias a las bondades de la naturaleza, emprendimiento reconocido a nivel provincial y nacional por su innovación y creatividad.

Fundación Pedemonte
La expansión sin conciencia del pedemonte y la necesidad de gestionar fueron el punto de partida de la organización: “La Fundación Pedemonte nació con el objetivo de articular técnica y científicamente a organismos que tienen ciertas responsabilidades y necesidades desatendidas, como el resguardo de bienes patrimoniales ambientales, riesgo desastres, etcétera.

Son muchas las actividades que se organizan desde la Fundación Pedemonte, entre ellas, la participación en temas ambientales, estudio de leyes, elaboración de proyectos y capacitación.

“Esta zona es la esponja de la ciudad y no se puede construir, no se puede pavimentar, no se puede desproteger la cuenca pedemontana, que es una cuenca diferente a la del río Mendoza: es fuente de agua mineralizada sumamente valiosa que se está perdiendo. No se puede adaptar el articulado de una ley a conveniencia de un municipio; no se debería construir como lo están haciendo porque eso es avasallamiento de la flora nativa, que es la que fija el suelo”, explica la profesional ambientalista.

Después de un repaso por una historia llena de desafíos le pregunto a Brenda: “¿Qué más?” Y lo resume con sus “ganas de volver a la arena pública”.

La charla concluye casi como con un “continuará…”.

Contacto: Facebook/ Fundación Pedemonte

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