DSCN1465

junio 24, 2015 3:48 pm

Claudia es una hermosa mujer que desborda dulzura y paciencia. Es madre de tres hijos y a sus 47 años presenta Pensando en vos, una batalla ganada al cáncer, libro en el que plasmó su propia experiencia y con el cual desea llegar a quienes necesiten un mensaje de búsqueda, pero también de esperanza. Pensando en vos… es el fruto de dos años de lectura, escritura y reescritura, es el resultado de la experiencia de quien venció una de las enfermedades más temidas, pero que antes tuvo que atravesarse, viajar hasta lo más profundo de su ser y encontrarse con ella misma.

Algo no anda bien

Hasta fines de 2012 la vida de Claudia era ‘normal’ como la de cualquier persona que trabaja, se encarga de su familia y se reúne con amigos, entre otras cosas, aunque ella reconoce que dentro de esa ‘normalidad’, no hacía nada por sí misma, ni actividad física ni desarrollaba algún pasatiempo, nada que la hiciera feliz. “Me tocaba un control médico y cuando fui no salió bien, ni el indicador de ecografía, ni el de la mamografía, entonces me pidieron una biopsia y antes de que entregaran el resultado me fui de vacaciones. En ese momento sentía que algo no estaba bien y empecé a buscar información y libros para leer y a escribir todo lo que iba pasando; quería saber qué pasaba conmigo, con mi vida, con mi mundo…”, contó Claudia a El Ciudadano.

Las vacaciones terminaron y llegó el momento de conocer el resultado del estudio, un médico amigo fue quien tradujo los términos que Claudia no entendía: “Tenés cáncer”, le dijo sin rodeos.

Uno de los libros que la mujer leyó en las vacaciones fue el de Louise Hay, Usted puede sanar su vida, quien a fuerza de un gran trabajo espiritual logró vencer la enfermedad. “Yo leía y quería que me pasara como a ella, que si tenía algo desapareciera como por arte de magia”, dijo Claudia, y agregó: “Pero no fue así. Había que recorrer un camino porque nada viene de arriba y antes debía cambiar un montón de cosas en mi vida”.

Preguntas indispensables

Mientras uno espera un diagnóstico o una vez que lo recibe no puede dejar de hacerse preguntas. Quizás la más usual sea ‘¿por qué a mí?’. Pero en el caso de esta mujer, las preguntas fueron otras. “A partir de la enfermedad empecé a preguntarme qué estaba haciendo con mi vida, qué cosas de lo que hacía me hacían feliz, cuáles no y cuáles eran mis prioridades” y en ese planteo, aparecieron otras prioridades que son fruto de una crisis, como por ejemplo: “Antes decía sí a todo, y aprendí a decir no; eso genera en todo el entorno laboral, personal y familiar un choque, que te miren raro y quizás que no te entiendan. Fue un proceso rápido, dos días después del diagnóstico me operaron y a partir de ese momento empezó mi camino de cambio y aceptación”, detalló la mujer.

Las cosas por su nombre

Un mes después, llegó el momento de la quimioterapia, que según las propias palabras de Claudia fue durísimo, tanto como saber lo que viene después como los efectos secundarios de los medicamentos, la caída del cabello, la radioterapia y el enfrentarse a una palabra que sigue siendo tabú: cáncer. “Estuve mucho tiempo sin nombrarla y sin escribirla hasta que el médico me dijo que tenía que decirla porque de esa forma mi sistema inmunológico sabría a qué nos estábamos enfrentando y, recién cuando lo acepté, empecé a llamar a la enfermedad por su nombre”, recordó la dama.

Encontrarse

“A partir de la quimioterapia empecé a cambiar mi estilo de vida. Los médicos te recomiendan hacer actividad física, algo que te haga feliz y cambiar la alimentación, que es fundamental. La verdad es que si uno tiene un lapso corto de vida en este mundo, lo menos que puede hacer es vivirlo de la mejor manera posible, sino, no tiene sentido”, se sinceró Claudia.

La mujer que creía que frente a esa enfermedad nada se podía hacer, hizo el cambio: “Un día me di cuenta de que podía hacer mucho por mí, estar feliz, contenta, hacer una actividad que me gustara, cambiar mis pensamientos, mi alimentación, ser mejor persona. De alguna manera, uno ve las cosas desde otro ángulo y empecé, de a poquito, una especie de introspección. Hacía tiempo que había dejado de prestarle atención a esa voz de la conciencia que nos indica qué tenemos que hacer y fue en ese momento donde me encontré conmigo, mi parte espiritual: la meditación y el yoga”, reflexionó.

Camino espiritual

“Uno de mis médicos me recomendó el yoga, el día que me vio muy sacada por un estudio que me tenía que hacer en los huesos. Busqué un lugar, empecé a practicarlo y ahí sentí que me había reencontrado con esa parte espiritual mía que había olvidado. Este año estoy terminando el instructorado y sé que, pase lo que pase, no lo dejaría por nada, el yoga es mi estandarte”, dijo orgullosa.

Tiempos difíciles

Los momentos más duros del proceso Maingard los tiene claramente identificados: “El día que me dieron el diagnóstico, cuando me dijeron que tenía que hacer quimioterapia y me tuve que poner una peluca estuve un mes sin mirarme al espejo pelada y, la primera vez que fui a rayos, porque es un lugar donde ves a mucha gente que está ahí por lo mismo que vos, pero cuando vi a niños pequeños o a personas con deformaciones me llevó a pensar que lo mío no era tan grave, y me sentí agradecida por lo que me había tocado. Esos días no me los olvido más en la vida”.

Libro

La escritura fue terapéutica para Claudia. “Acá no hay recetas mágicas, lo que para algunos es bueno, para otros no”. Pero en el caso de ella, un día se encontró con una pila de hojas escritas y fue su mamá quien le pasó el dato de un taller literario a cargo de la escritora y periodista Mercedes Fernández, donde terminó de darle forma a toda su experiencia, la misma que quizás ayude a otros en una situación similar. Los médicos Walter Laspada, Rodolfo Lucero, Patricia Giner y la licenciada Noelia Centeno no sólo fueron fundamentales en este proceso, sino que además son los encargados de prologar Pensando en vos… Tan fundamentales fueron tanto el reto de la psicóloga para que terminara el escrito como la recomendación de Mercedes cuando lo leyó: “Si seguís escribiendo en primera persona no lo vas a terminar más, porque es revivir todo de nuevo, reescribilo en tercera”. Y así fue como el manuscrito se transformó en un libro que da cuenta de una mujer valiente que se enfrentó, no sólo a una enfermedad, sino también a muchos de los tabúes que como sociedad aún tenemos bien conservados.

“Soy contadora, y aunque siempre me gustó la poesía, lo único que tengo es buena ortografía”, dijo Claudia entre risas, con el orgullo de quien presenta a un hijo en sociedad. “Cuando buscaba bibliografía sobre la enfermedad encontré mucho material científico, pero casi nada escrito por pacientes, por eso, creo que quizás mi experiencia le puede ser útil a alguien más, como ayudar a alguien a encontrarse consigo mismo y poder ser feliz”.

Cambio de hábitos

Claudia cambió su alimentación, empezó a dedicarse más tiempo como persona, retomó un camino espiritual del que se había alejado por prestarle atención a la rutina, empezó a escucharse, a priorizar las cosas de otra manera, se refugió en quienes la ayudaron como su familia, sus médicos sus amigos, acortó su jornada laboral y, sobre todo, empezó a hacer cosas que le dan felicidad, ya que según las palabras de uno de sus médicos, “las últimas células tumorales las mata uno mismo con las endorfinas, siendo feliz”.

Más información:

maingard.claudia@gmail.com

 

Dejá tu opinión

comentarios