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octubre 15, 2014 8:51 am

Aguas Mendocinas y el Instituto Oswaldo Cruz, de Río de Janeiro, trabajarán en conjunto para detectar la presencia del virus de la Hepatitis en las plantas de tratamiento de Paramillos y Campo Espejo. El proyecto binacional tiene el objetivo de detectar y analizar los virus de la Hepatitis A y E en los efluentes cloacales de la provincia, e implica, además, la participación del Ministerio de Salud y la Subsecretaría de Planificación y Control.

La doctora Ivana Lo Castro, del Departamento de Virología, destacó que la intención de esta investigación es acercar la virología ambiental a diferentes industrias y empresas que trabajan con matrices ambientales, como alimentos y aguas de bodegas, entre otras. Desde salud pública pretenden brindarles servicios que aseguren la calidad de sus productos. Por otro lado, la investigación permitirá contar con nuevas herramientas para detectar el virus en esos contextos y en caso de confirmar su presencia, trabajar desde el sistema sanitario para asegurar la salud de la población.

Se estima que la investigación se desarrollará durante dos años, con el aporte del Instituto Osvaldo Cruz de Río de Janeiro, uno de los centros médicos más prestigiosos de investigación de América. Éste brindará asesoramiento en técnicas de biología molecular para la detección y determinación del genotipo del virus de hepatitis, mientras que AYSAM será la encargada de recolectar las muestras en las plantas de tratamiento. Las muestran se analizarán para determinar si existe la presencia del virus y en caso de tener diagnóstico positivo, se cuantificará  para conocer si pone en riesgo a la población.

La investigación resulta fundamental si se tiene en cuenta que la hepatitis A es una virosis hepática que enferma por año alrededor de 1.400.000 personas en el mundo y que se transmite por la ingestión de alimentos o bebidas contaminados o por contacto directo con una persona infectada. Se asocia a la falta de agua salubre y a un saneamiento deficiente;  por ello mejorar el saneamiento y vacunar son las medidas más eficaces para prevenir la enfermedad.

Uno de los riesgos más importantes es que muchas personas infectadas con el virus de la hepatitis A no presentan síntomas, por lo tanto hay muchos más enfermos que los que se diagnostican. Otros factores de riesgo son los viajes internacionales, en especial a Asia, Centro América o por países de América del Sur; el consumo de drogas intravenosas, el vivir en internados o centros de rehabilitación y trabajar en industrias de atención médica, alimentos o manejo de aguas residuales.

Cabe destacar que sus síntomas aparecen, por lo general, de dos a seis semanas después de estar expuesto al virus y que son leves en la mayoría de los casos, aunque pueden permanecer varios meses, en especial en los adultos. Entre ellos se manifiesta: orina oscura, fatiga, picazón, inapetencia, fiebre baja, náusea y vómitos, heces de color arcilla o pálidas y piel amarilla (ictericia).

No existe tratamiento específico para la hepatitis A, sin embargo, se recomienda descansar cuando los síntomas son intensos y evitar tanto el consumo de alcohol y drogas tóxicas para el hígado como las comidas grasosas. Por otro lado, el virus no permanece en el cuerpo después de la infección, la mayoría de las personas se recuperan al cabo de tres meses y casi todos mejoran luego de seis. Hay un bajo riesgo de muerte, aunque éste aumenta entre los ancianos y las personas con enfermedad hepática crónica.

Existen acciones cotidianas para evitarla como lavarse muy bien las manos después de usar el baño o cuando se tiene contacto con sangre, heces u otro líquido corporal de una persona infectada. También es bueno para prevenirla evitar los alimentos y el agua que no estén limpios. Además, el virus se propaga más rápido en guarderías y otros lugares donde las personas están en estrecho contacto, es aquí donde las medidas deben extremarse y donde no puede faltar la vacunación.

También debe vacunarse toda persona que viva o tenga contacto sexual con alguien que tiene la enfermedad,  comparta con una persona infectada drogas alucinógenas, inyectadas o no; tenga contacto personal con una persona con el virus por un periodo de tiempo o coma en un restaurante donde se detecta que los alimentos o quienes los manipulan están enfermos. La vacuna está disponible, protege a partir de la cuarta semana luego de recibir la dosis inicial y hay que reforzarla después de 6 a 12 meses, para que su protección sea duradera.

Para evitar la enfermedad durante los viajes, se recomienda adoptar las siguientes medidas:

•Evitar los productos lácteos, la carne de res o de pescado cruda o mal cocida.

•Tener cuidado con las frutas en rebanadas que puedan haberse lavado en agua contaminada. Pelar uno mismo todas las frutas y verduras frescas.

•No comprar alimentos de vendedores callejeros.

•Vacunarse contra la hepatitis A si se viaja a países donde se presentan brotes de la enfermedad.

•Utilizar sólo agua carbonatada en botella para cepillarse los dientes y beber.  Recordar que los cubos de hielo pueden transportar la infección.

•Si no hay disponibilidad de agua, hervirla durante un minuto es el mejor método para eliminar la hepatitis A.

•Los alimentos recalentados deben estar calientes al tacto y deben comerse de inmediato.

Por su parte, la hepatitis E afecta a unas 20 millones de personas al año en el mundo, de ellas más de tres millones padecen cuadros agudos y alrededor de 57.000 fallecen. Es una enfermedad hepática cuyo virus se transmite en primera instancia por agua contaminada. El resultado, por lo general, es una infección autolimitada que se resuelve entre cuatro y seis semanas pero a veces se vuelve fulminante y puede ocasionar la muerte.

El virus de la hepatitis E se transmite por vía fecal-oral, como consecuencia de la contaminación fecal del agua que se bebe. No obstante, también puede transmitirse por la ingestión de productos derivados de animales infectados o alimentos contaminados; la transfusión de productos sanguíneos infectados y/o la ingestión de mariscos crudos o poco cocidos. También es posible que una mamá infectada lo transmita a su feto.

Los factores de riesgo de la hepatitis E se relacionan con las deficiencias en los sistemas de saneamiento y con la diseminación del virus a través de las heces. Como en ambos tipos de hepatitis este es el factor de riesgo que más puede incidir sobre la población, la investigación que la provincia iniciará en sus plantas de tratamiento cloacal es fundamental para proteger a los mendocinos de la enfermedad.

La hepatitis E tiene una incubación que varía entre tres y ocho semanas tras la exposición al virus, con una media de 40 días; y se desconoce su periodo de contagio. La infección sintomática se da sobre todo en persona entre 15 y 40 años, mientras que en los niños suele ser asintomática o causar trastornos muy leves, tanto que a veces no llega a diagnosticarse. Sus síntomas generales son: piel amarilla,  orina oscura, heces pálidas, anorexia (pérdida de apetito), hígado agrandado y con dolor a la palpación (hepatomegalia); dolor abdominal, náuseas y vómitos y fiebre. Todos estos síntomas no se distinguen de otros provocados en la fase aguda de cualquier enfermedad hepática y duran entre una y dos semanas.

En raras ocasiones la hepatitis E aguda se convierte en una hepatitis fulminante (insuficiencia hepática aguda) que conduce a la muerte. La hepatitis fulminante es más frecuente durante el embarazo: las mujeres embarazadas presentan mayor riesgo de complicaciones obstétricas y mortalidad por hepatitis E, lo que puede dar lugar a una tasa de mortalidad del 20% en esa población en el tercer trimestre de gestación. También se notifican casos de esta hepatitis crónica en personas inmunodeprimidas y en parientes que también lo son.

Tampoco existe un tratamiento que altere el curso de la hepatitis aguda, por eso también aquí es la prevención la medida más eficaz contra la enfermedad.  El riesgo de infección y transmisión se reduce al garantizar la calidad de los sistemas públicos de suministro de agua y al establecer sistemas adecuados de eliminación de los residuos sanitarios. Ello en lo que concierne a los gobiernos, en lo que refiere a las personas, es preciso  lavarse las manos con agua salubre antes de manipular alimentos y evitar beber agua o consumir hielo de pureza desconocida.

Dos años tardará la investigación para detectar, o no, el virus de la hepatitis A y E en las plantas de tratamiento cloacal de Paramillos y Campo Espejo. El resultado dará cuenta si las medidas de saneamiento aplicadas hasta entonces fueron efectivas para evitar la enfermedad o si se precisa mejorar las condiciones para proteger a la población; además de comprometer al sistema de salud para responder a las posibles actuales y futuras necesidades.

 

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