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agosto 11, 2016 10:11 am

Mientras la fiebre olímpica se apodera de todas las pantallas y charlas de café, en Mendoza hay muchos deportistas profesionales y amateur que se superan diariamente por amor al deporte. Algunos lo hacen desde el club de sus amores, otros, en cambio, creando espacios nuevos para la práctica deportiva. Este último, bien podría ser el caso de Huarpes Rugby Club, un equipo que nació hace poco tiempo en Mendoza, como un espacio diverso, donde la discriminación –en el sentido amplio de la palabra– no tiene cabida.

No importa el sexo, la orientación sexual, el peso o la destreza física, si lo que se quiere es aprender y, por supuesto, jugar al rugby. El Ciudadano visitó a los Huarpes en su entrenamiento para poder contarles en esta nota de qué se trata el proyecto.

Origen

“El rugby está lleno de preconceptos y prejuicios”, dijeron los chicos que tienen entre 18 y 42 años y con ellos empezamos a reconstruir los primeros pasos de un equipo que promete. Ariel Amejeiras rompió el hielo y comenzó por el principio: “Todo empezó hace unos meses cuando volví de Londres, me contacté con Julián Dúo, que milita en organizaciones LGTBI, ambos ya habíamos contactado a los Ciervos Pampas que son el Equipo de Rugby Diverso de Buenos Aires, para consultarles si en nuestra provincia existía algún equipo que fuera diverso, inclusivo”, explicó, quien durante años jugó en Kings Cross Steelers, uno de los equipos sin estereotipos de Londres.

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Lo cierto es que ante la negativa de encontrar lo que buscaban, es decir, un equipo donde la orientación sexual, el género, edad y el nivel de entrenamiento no fueran limitaciones, decidieron junto a Esteban y Santiago reunirse y empezaron a gestar lo que hoy conocemos como Huarpes Rugby Club.

Ya, en la primera reunión, los chicos sentaron las bases, buscaron un nombre y le dieron identidad a un grupo que arrancó con cuatro personas y hoy suma más de 20 en cada entrenamiento.

Entrenador se busca

Gonzalo Delgado es kinesiólogo, juega al rugby desde chico y, un día, mientras buscaba en Internet algún equipo amateur con quienes entrenar dio con los Huarpes, que siendo sólo cuatro, habían empezado a entrenar en espacios públicos del Gran Mendoza.

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La llegada de Gonza, con la mejor predisposición para transmitirles su experiencia, fue aceptada de inmediato y desde ese momento entrena al equipo de rugby inclusivo de Mendoza.

El profe descubrió su amor por el deporte cuando siendo muy chico participó de un club de barrio desde su creación hasta su ingreso en ligas mayores, lo vio nacer y crecer y además jugó becado para una universidad en Chile, país donde reside toda su familia. Todo eso le dio la posibilidad de jugar para dos clubes en forma simultánea. “El rugby es una familia, prácticamente, se ayudan todos los integrantes, entre el equipo y con los demás, y estoy acá para inculcarles esas cosas y contarles un poco lo que yo viví y para que ellos tengan la suerte de experimentarlo”, dijo Delgado.

Inclusión en sentido amplio

En un primer momento, surgió como inclusión por el lado de la diversidad sexual. “Julián milita en una organización, Ariel venía de jugar en un equipo gay en Londres, yo milito en una organización de diversidad sexual también y cuando nos reunimos y empezamos a armar la identidad del club pensamos en que fuera diverso, en un sentido más amplio, para que se pudiera sumar gente que sabía jugar, otra que no había jugado nunca, gente que está en buen estado físico y otra que no, flacos, gordos mujeres, todos. Queríamos ampliar la diversidad en esos aspectos, si bien no es la diversidad en su más amplio espectro, pero tratamos de hacerlo lo más amplio desde nuestras posibilidades. Siempre va a tener una impronta relacionada a la diversidad sexual porque es de donde venimos, pero tratamos de ampliarlo al concepto”, explicó Santiago Beloqui, uno de los que está en Huarpes desde el minuto cero.

Y cuando la charla nos llevó a la inclusión, Gonzalo nos permitió derribar algunos mitos también desde su experiencia. “He entrenado a chicos con discapacidad. Los chicos rompieron en un paraolímpico y ahí me terminó de cerrar la idea de que este deporte lo puede jugar cualquier persona, no importa si tenés la condición física, si sos rápido o habilidoso, cualquiera puede jugar.

Ese es el principal mito que hay que romper, porque todos pueden jugar. Acá se piensa que hay que pertenecer a cierta clase social, pero en otros países, el rugby se les enseña a todos en la escuela desde que son chicos”, detalló.

Derribando mitos

Aprovechamos la previa del entrenamiento para adentrarnos en el deporte que cobró muchos más seguidores en la Argentina a raíz del desempeño de Los Pumas pasando a semifinal del Mundial de Francia 2007, como para derribar algunos de los mitos que rodean al deporte. “¿Que es para hombres?”, dijo una de las chicas y entre el resto sumaron adjetivos que están presentes en el imaginario colectivo.

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“Se dice que tenés que tener plata para jugar al rugby, que tenés que ser bruto, que tenés que venir de familia de rugbiers, entre otras muchas cosas”, dijeron lo chicos y aseguraron que el deporte que eligieron practicar por gusto, pasión o simplemente porque tenían ganas de aprender, no tiene nada que ver con esa imagen, y su respuesta la fundamentaron a través de los valores.

Valores

“En este deporte se conjugan muchos valores, el respeto con los compañeros y con las autoridades. El rugby respeta al árbitro más que en otros deportes porque es la autoridad”, explicó el entrenador, a lo que Ariel agregó: “El compañerismo, la hermandad que se da. A tu amigo lo taclean y vos estás atrás para apoyarlo, se cae una pelota y no importa, ya que es raro que haya insultos o golpes en un partido, siempre está presente el tema de la ayuda pensando en la próxima meta”, dijeron. “El rugby es parecido a la vida misma, tiene mucho de vida.

Hay una historia de los monjes irlandeses franciscanos que enseñaban a los chicos del orfanato a jugar rugby porque este deporte te enseña muchas cosas de la vida”, dijo Gonzalo, quien ha dedicado más de la mitad de su vida a practicarlo y hoy también a enseñarlo, porque sostiene que ese deporte “te abre muchas puertas y te conecta con muchos amigos”.

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En relación a ello, los chicos hablaron del infaltable tercer tiempo que si bien existe en otros deportes, pero que en el mundo ovalado es ley. “Después de cada partido, el equipo local homenajea al equipo visitante con un asado y una juntada, porque en el rugby no vemos al equipo contrario como un enemigo. A nosotros nos enseñaban a que no íbamos a competir con un enemigo, sino a cumplir nuestros objetivos y nuestras metas son esas. En otros deportes hay como una rivalidad que trasciende el juego, acá terminás el partido y te das un abrazo”, comentó Gonzalo.

Mientras terminaba de caer el sol en el predio del parque San Vicente, de Godoy Cruz, y parte del equipo ya estaba precalentando, eligieron la frase de Ariel para cerrar esta nota: “Hay algo en el dinamismo del deporte, el respeto, el compañerismo, el jugarse por el otro. Uno crea la oportunidad para el otro, vos te sacrificás, literalmente, porque te tirás para crear el espacio. Para que el otro juegue hay muchas cosas, no hay egoísmo”.

Entrenamientos abiertos y gratuitos:
Martes de 19 a 21
en el parque San Vicente
(frente a la rotonda de Cipolleti).
Sábados de 10 a 13 en el Parque General San Martín
(frente a ex Eureka).
Contacto Huarpes Rugby Club en Facebook, Instagram y Twitter

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