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julio 29, 2016 8:00 pm

La idea parece no encajar en la cabeza de nadie, pero realmente sucede: en Mendoza, cada vez son más frecuentes los hechos en los son abandonados recién nacidos y luego mueren en un total desamparo.

Por frío, hambre o miedo, durante los últimos nueve años siete bebés a pocas horas de haber llegado a este mundo cruel e insensible que no para de sorprendernos. A la cifra fría hay que agregar que durante la última semana, dos hechos ocurridos en la provincia captaron la atención de medios nacionales e internacionales y pusieron a la provincia como una de las áreas más afectadas por esta horrenda problemática social, mayormente atada a otros dos flagelos: las violaciones y la paternidad irresponsable.

Sin embargo, afortunadamente, no todos los infantes librados a la horrible suerte murieron. Del total de abandonos comprendidos entre el 2007 y el 2016, fueron 37 los episodios registrados por la Policía, de los cuales 30 pequeños se aferraron a la vida y hoy están a cargo de la Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF).

Sin sentido

Con el propósito de encontrar una respuesta a esta aberración, El Ciudadano contactó a varios especialistas y todos concuerdan en que más allá de toda lógica, el abandono de un bebé nacido vivo en la vía pública, muy pocas veces fue producido por alguien mentalmente sano.

De los relatos obtenidos se desprende que, por lo general, los bebés son abandonados en el hospital. En estos casos las mamás –casi siempre jóvenes– les dicen a las enfermeras que no los quieren tener. Luego se van, la Policía las busca y a veces se arrepienten, pero ese es otro tema.

Por el contrario, abandonarlos en un basural o debajo de un banco de una plaza no tiene ningún sentido racional. Detalles más detalles menos, los sociólogos y psicólogos sociales consultados piensan que el fenómeno responde a conductas “propias de personas fuera de sus cabales que no están conscientes de sus actos”.

En ese punto radica la importancia de marcar la diferencia. Por ejemplo, hay mujeres que después de ser violadas eligieron no abortar, aunque luego abandonaron al bebé en un sanatorio. Es decir, a raíz de un trauma se planifica una “solución” que muchas veces es revertida.

Pero dejar morir a alguien indefenso en forma consciente, es un acto inhumano y desalmado, ya que ningún ser del reino animal abandona a sus crías estando “bien de la cabeza”.

Por eso, para encontrar algo de luz entre tanta obscuridad, la sociedad debería preguntarse qué es lo que hace que alguien esté tan mal como para abandonar a un bebé.

Las respuestas son diversas y describen desde graves problemas económicos o depresión post parto hasta violencia familiar, pasando por violaciones dentro de la familia y abandono de parte de la pareja. Estos serían los principales móviles que “justifican” estos actos que tienen origen en la afectación psicológica y sentimental de una persona que “no decide” tomar esa decisión, sino que, lamentablemente, se maneja por fuera de la racionalidad.

Por Orlando Tirapu – El Ciudadano

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