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septiembre 10, 2016 2:38 pm

(Especial de NA, por Gabriel Profiti) – Con la polémica por las tarifas de los servicios públicos en pausa, el Gobierno apuesta fuerte a la aparición de brotes de la economía antes de fin de año para amortiguar la tensión social y desovar una primavera política.
Esa sensación de mejoría sobrevolará el Foro de Negocios que se desarrollará entre martes y jueves en el Centro Cultural Kirchner, al estilo del que hospeda la ciudad Suiza de Davos. El “Davocito” argentino congregará a 1.600 empresarios de 65 países que seguramente prometerán inversiones y elogiarán la política económica del Gobierno, como hicieron varios de líderes mundiales en la reciente cumbre del G20 en China.
Pero esas reformas tan elogiadas en el exterior en una primera etapa profundizaron los malos indicadores económicos dejados por el kirchnerismo y generaron un nivel de movilización y conflictividad que aún promete tener resonancia en la calle.
Luego de varios meses de cabildeo, la CGT reunificada está sumando masa crítica -en reuniones con movimientos sociales, partidos y la Iglesia- para concretar un anunciado paro general, al que la CTA ya anticipó que adherirá con avidez.

El arco más lejos
Por eso para Macri es necesario que esa reputación internacional comience a dar sus frutos fronteras adentro, sobre todo luego de que el segundo semestre tan promocionado comenzara con peores indicadores que los del primero.

El tarifazo del gas está siendo rediseñado y dotado de volumen político para que no vuelva a fracasar cuando enfrente la audiencia pública del próximo viernes. El de la electricidad fue licuado por el fallo de la Corte Suprema que lo dejó firme por cuestiones de forma y no de fondo.
Ahora todos los voceros oficiales repiten un escenario por el cual la predicción “no puede fallar”: la inflación ya está controlada y se acomodará en torno al 1% a fin de año; Brasil tocó su piso y volverá a crecer con lo que eso significa para la actividad nacional; la monumental obra pública prometida calienta motores y el campo está en su clímax productivo.
El viernes esta plegaria optimista fue repetida casi a rajatabla por el economista Miguel Bein, quien era el principal asesor económico del candidato Daniel Scioli. Bein dijo a grandes rasgos que la economía tocó su piso en julio y que en agosto comenzó a revertir la tendencia: “Hay muchos argumentos para el rebote (de la actividad argentina), será muy difícil que no se produzca”, sostuvo.
El economista pronosticó un crecimiento del 5% para 2017, un punto y medio por encima de lo que prevé el Gobierno en el presupuesto que enviará al Congreso en los próximos días, con un 17 por ciento de inflación.
Si los números acompañan también restarán presión sobre la interna que cruza al equipo económico y que tan bien se ocuparon de exponer el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay y el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger.

Narcobumerán
El Ministerio de Seguridad nacional difundió el viernes un comunicado con todas las acciones llevadas a cabo contra el narcotráfico, entre ellas la reciente detección de 10 barriles con 250 kilogramos de efedrina en el Aeropuerto de Ezeiza.
El caso se eslabona con el tráfico de efedrina durante la última década, iluminado por el Triple Crimen de General Rodríguez y con ramificaciones todavía inciertas hasta la misma cúspide del gobierno kirchnerista. Pero ese diploma del macrismo quedó manchado por las internas entre la ministra Patricia Bullrich y todo un sector del Gobierno que ya no tolera su alto perfil y pasos en falso.
Bullrich dijo que la Policía de Seguridad Aeroportuaria descubrió el cargamento, pero fuentes judiciales y el Ministerio de Seguridad porteño señalaron que el hallazgo fue producto de una denuncia aportada por Juan José Gómez Centurión. Gómez Centurión fue desplazado de la Aduana por una grabación, cuya validez investiga la Justicia, que la exdiputada le llevó a Macri en la que se buscaría probar que el exfuncionario forma parte de una trama de sobornos para permitir importaciones.

La hoguera del PJ
Mientras el macrismo resuelve sus internas, el PJ comenzó un tortuoso camino para encumbrar un cacique. Todavía se desconoce si esa figura surgirá el año próximo o si las distintas tribus le facilitarán la tarea al oficialismo con su fragmentación. Una muestra de ese estado gaseoso en el que se encuentra el partido fundado por el General Perón fue el acto para reivindicar la renovación peronista encarnada por Antonio Cafiero. El mitin fue organizado por el grupo Esmeralda, que aglutina a intendentes interesados en despegarse de la figura de Cristina Kirchner, y gobernadores que persiguen el mismo fin.
Pero con el objetivo de ganar volumen político al acto se sumaron otros protagonistas que terminaron por desdibujar su numen renovador y generaron fuertes rispideces. Los organizadores decidieron delimitar el escenario a los jefes territoriales, “ganadores” de la elección, pero por allí se coló José Luis Gioja, presidente nacional del PJ.
Scioli, vice, había intentado estar en la vidriera pero le dijeron que debía quedarse abajo. Otros se disgustaron más como el presidente del PJ bonaerense, Fernando Espinoza. Diego Bossio olió “naftalina” y se retiró junto a Pablo Kosiner, un diputado que responde al gobernador salteño Juan Manuel Urtubey.
El gran ausente fue Florencio Randazzo. El ex ministro es la apuesta de algunos líderes del grupo Esmeralda -Gabriel Katopodis-, pero hay otros como Martín Insaurralde que prefieren reunificar el partido con Sergio Massa.
Desconfiado del PJ y de jugadas en su contra, Randazzo demora su reaparición, aunque está decidido a ser candidato en 2017 y no abandona un viejo deseo para 2019: entablar un acuerdo político con el socialismo a partir de su muy buena relación con el presidente del PS, Antonio Bonfatti. Así se lo hizo saber recientemente a la intendenta de Rosario, Mónica Fein.

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