Vale

mayo 1, 2016 2:43 pm

La ansiedad por dar buenas noticias que desvela al gobierno, frente a una coyuntura difícil, un almanaque inexorable y una oposición que empieza a mostrar los dientes –el avance de la ley para evitar despidos, la movilización de las centrales obreras y la reaparición de Cristina son algunos episodios que auguran el reinicio de la batalla política- lleva a anuncios y promesas que a veces suenan apresuradas, otras voluntaristas y, en algunos casos, traen menos de lo que parece.

En Mendoza, el anuncio de la reactivación de Vale sonó pomposo, pero luego aparecieron dudas y contradicciones. Primero se anunció el acuerdo, pero a poco de andar llegaron desde Brasil informaciones que sembraron un manto de dudas. El acuerdo alcanzado, finalmente, no tiene ya la envergadura del proyecto original.

Cuando se lanzó el proyecto se preveía una producción de 4 MT de sales de potasio anuales, mientas el nuevo acuerdo se planta en la cifra de 1,3 MT, es decir, la tercera parte de lo anunciado. Por el lado de la inversión, del presupuesto de 6.300 millones de dólares, han quedado comprometidos 1.500. La explicación de la merma aparece por la caída de los precios internacionales del mineral y las dificultades macroeconómicas que parecen alcanzar escala global.

Pero además de esta situación, una comunicación de la agencia Reuters emitida el viernes desde Brasil trajo más sombras. “La minera brasileña Vale dijo ayer que actualmente no piensa reactivar su proyecto Potasio Río Colorado en la Argentina sin un socio que comparta la inversión”, señaló el cable. La versión oficial de la empresa señaló a la agencia que “Vale estudia constantemente alternativas para encontrar la viabilidad económica del proyecto Potasio Río Colorado”. Recordemos que el proyecto se desactivó en 2012 por varios motivos, entre ellos, fuertes controles de cambio establecidos por el gobierno durante la presidencia de Cristina Kirchner.

La planta, productora esencialmente de materia prima para fertilizantes, fue en algún momento la esperanza de desarrollo para Malargüe y su zona, a partir de miles de fuentes de trabajo directas e indirectas.

Todo esto viene a cuento, más allá del caso, para ilustrar cuán endebles pueden ser en la realidad las promesas rápidas y el entusiasmo desmedido. Macri asumió con la esperanza de que, a partir de ciertas medidas macro, los capitales fluyeran hacia nuestro país persiguiendo un nuevo Eldorado. Si hay un sector que tiene ventadas descabelladas es la minería: con contratos leoninos que datan del menemismo, que permiten llevarse todo casi sin control y con facilidades fiscales desmesuradas, el gobierno le dio aún más, bajando las retenciones a días de asumir. Con todo eso a favor, está claro en el caso Vale que la cosa no es tan fácil.

Cabe preguntarse más temprano que tarde si un futuro venturoso de la Argentina se debe centrar en el capital extranjero. La experiencia histórica desmiente con bastante eficacia este postulado. Y no solo eso, los estudios más serios sobre desarrollo en países “serios” explican con claridad que la gran fuente de inversión es el ahorro interno.

En este punto urge marcar una realidad que es espeluznante. Se dice con visos de realidad que hay 400 mil millones de dólares de argentinos en el exterior. ¿Se puede tomar magnitud de esa cifra? Por ejemplo, equivale a 10 millones de dólares por cada habitante. Imagine lector que, si usted habita un hogar de cuatro miembros, familia tipo, en su hogar entrarían 40 millones de dólares, casi 600 millones de pesos. Es difícil de entender, ¿no?

Haría bien el gobierno en trazar una estrategia para el regreso de esos capitales. Claro que suena a utopía, pero es tanto, y tan grande el potencial, que con poco que se logre, se conseguiría mucho. Quedará para otra oportunidad buscar culpables. Pero el dinero salió de aquí, y realmente cambiaría el presente y el futuro.

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