Macri

mayo 20, 2016 5:33 pm

Jose CaleroJosé Calero – periodista de la agencia Noticias Argentinas

Tras  vetar la ley antidespidos, Mauricio Macri parece decidido a  profundizar un modelo económico que promete resultados recién a mediano plazo pero que en lo inmediato representa un ajuste de  enormes proporciones, capaz de poner a prueba su capital político.

El presidente admite que al vetar la ley de emergencia  ocupacional se terminará de enemistar con la dirigencia sindical,  con la cual mantuvo una tensa reunión en la Casa Rosada.

También se arriesga a soportar el primer paro nacional de su  corta gestión. Aún así, le dice a sus colaboradores estar convencido de que  este es el camino para volver a la senda del crecimiento.

“Argentina hace cinco años que no puede generar empleo, no es  problema de esta coyuntura”, repite a quien lo escuche. El presidente pretende distanciarse cada vez más del modelo  imperante en el kirchnerismo, que se radicalizó durante el último  mandato de Cristina Fernández, con un asfixiante intervencionismo  estatal.

Para Macri, el modelo kirchnerista buscaba coartar la capacidad  creativa de la gente: “Creen que los argentinos no podemos vivir  en libertad y por eso nos proponen leyes que congelan el empleo,  cepos al trabajo, sin importarles todos aquellos que hoy trabajan  en negro o no tiene trabajo, y sin importarles que esa ley va a  traer más pobreza”, dijo ante operarios de Cresta Roja, la primera  planta recuperada durante el macrismo.

Macri insiste en que este es el camino hacia la “Pobreza Cero”,  y reconoce que deberá recorrerse un sendero hostil y plagado de  inconvenientes.

Asegura que Cristina dejó un “campo minado” que deberá ir  desarmando, no sin riesgo de provocar algunas explosiones.

A sus colaboradores les viene asegurando que no llegó a hacer  demagogia a la Casa Rosada sino a implementar las medidas que,  considera, le hacen falta a la Argentina para retomar la senda del  crecimiento genuino.

El empresariado viene recibiendo con buen tono las medidas  adoptadas por el líder de Cambiemos, aunque existe preocupación  por el crecimiento de las tensiones sociales, con protestas en  aumento.

Incluso, sectores como el de la construcción observan un  escenario de recuperación, con alzas en la solicitud de permisos y  aseguran que en mayo empezó a revertirse la caída del sector. Al menos ese es el panorama descripto por la Cámara Argentina  de la Construcción.

En los mercados también describen un panorama optimista: para  el presidente de la Bolsa porteña, Adelmo Gabbi, en el segundo  semestre del año “van a llegar inversiones productivas” y la  inflación bajará.

Pero un dato que recorre los pasillos del Ministerio de  Hacienda enciende algunas alarmas. Refleja que la economía demorará más de lo previsto en mejorar  sus rumbo.

Ahora se prevé que se empezará a encarrilar recién hacia el  último trimestre del año, en lugar de en el segundo semestre  como se sostenía hasta ahora.

El problema es que la disparada de precios se convirtió en una  fábrica descomunal de pobreza, y que hay millones de personas que  la están pasando muy mal.

Habrá que ver si la paciencia de los sectores más postergados  es capaz de tolerar un ajuste de enormes proporciones, al que ya  no se puede disimular con el término “sinceramiento”.

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