julio 21, 2014 5:47 pm

Estimados lectores: el siguiente es un artículo especial sobre las repercusiones que ha generado el viaje del ingeniero Julio Cesar Cleto Cobos a las Islas Malvinas, preparado por el Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa ‘Santa Romana’, en su resumen semanal de noticias mundiales, regionales y nacionales en materia de Defensa.

 No cabe duda que la realidad política se compone tanto de cuestiones tangibles como de intangibles. Entre las primeras, encontramos cuestiones, que por lo general, son objetivas.  Aunque su valoración pueda variar de persona a persona. Por su parte, las segundas son más difíciles de percibir, pues no tienen una existencia concreta, aunque tengan sujetos y gestos que las encarnen. Como tales, las cuestiones intangibles conforman una precepción más o compleja sobre un tema en particular.

Descendiendo a lo concreto: así como hay países que se destacan por sus realidades políticas tangibles, como su poder económico, tecnológico y militar, la Argentina parece destacarse por cuestiones más bien intangibles, como su excelencia futbolística, sus habilidades sociales materializadas en la reina Máxima o en el poder espiritual encarnado por el papa Francisco. Sin embargo, a la par de lo positivo, también lo intangible se manifiesta, como afirmó acertadamente el sociólogo Eduardo Fidanza, en permanentes crisis políticas, ya que “no puede ser que un gobierno que hizo del pueblo su causa central lo deje liberado después a la delincuencia, las inundaciones, los accidentes, la corrupción, el narcotráfico, las mafias.”

A esta preponderancia que presenta nuestro país por lo intangible, vemos que se le suma la contradicción entre los intangibles positivos de los que no lo son. ¿Cómo salir de este cuadro doblemente incapacitante? El de un desbalance a favor de lo intangible y la presencia cuestiones negativas. La historia nos enseña que esto lo pudo resolver mejor nuestro país cuando hubo un ideal nacional sobre el que confluyeran las energías de la mayoría. La reciente experiencia mundialista nos muestra, aunque más no sea en una pequeña escala, esta palpable realidad. Los argentinos hacemos mejor las cosas cuando éstas tienen la doble característica de que agradan a nuestro orgullo y que a la vez son difíciles de obtener, imponiéndonos un desafío.

En un plano superior, el de los objetivos nacionales, tal como lo sostiene Jorge Castro al decir que “La cuestión Malvinas no es menor para la Argentina. En un país tan frustrado históricamente y tan dividido internamente…” Al respecto, agrega: “En este camino de logros, realización y unidad, la recuperación de Malvinas para la Argentina y la América del Sur, integrando un proyecto de protagonismo global de la región, puede convertirse en el punto de inflexión de una larga trayectoria nacional, tantas veces frustrada, que llevaría finalmente a su culminación.

Todos los gobiernos argentinos han percibido o al menos intuido la importancia de Malvinas. Pero ha llegado la hora de acercarse al problema sin ideologías ni sentimentalismos y presentarse ante el mundo como un actor serio y fiable. Es nuestra obligación comenzar a solucionarlo, asumiendo que la lucidez es la principal característica de una política de Estado.

Fuente: Prensa Centro de Estudios ‘Santa Romana’

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