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septiembre 3, 2016 8:34 pm

Los gremios se movilizan, los empresarios se quejan, la oposición se endurece y eventuales aliados toman distancia. Con las variables económicas todavía por el tobogán, el clima político se vuelve más hostil para el Gobierno de Mauricio Macri.
En el primer semestre la actividad económica cayó 1% y 4,3% en junio -último dato disponible- respecto al mismo mes de 2015, mientras que el estimador industrial industrial se desplomó 7,9% interanual en julio y, en el mismo período, el derrumbre de la construcción fue de 23,1%. Esos fueron todos datos oficiales distribuidos en la semana que terminó, junto con los vinculados al consumo que quizá hoy explican el gran déficit de la política económica macrista. El poder adquisitivo perdió un 10% respecto de la inflación.
Frente a tamaña evidencia estadística, el Gobierno acepta algunos errores, desnuda internas, trata de extremar sus redes de contención y sigue prometiendo que el panorama va a cambiar inexorablemente, aunque ya evita enredarse en el cuándo.
En una entrevista con el diario La Nación, el ministro de Hacienda, Alfonso Prat Gay, sostuvo que hay cuatro razones para que la Argentina encuentre finalmente su momento bisagra: la potencial recuperación económica de Brasil, el todavía difuso empate de los salarios con la inflación, mejoras en el sector agroindustrial y una prometida avalancha de obras públicas.
“Tal como decíamos hace cuatro meses, dénme ustedes fundamentos para decir que la inflación no va a bajar. Ganamos ahí. De la misma manera, dénme ustedes fundamentos para decir que la economía no se va a reactivar. El debate es cuándo y a qué ritmo. Pero se va a revertir”, dijo. Y agregó: “Prometimos salir del cepo sin pozos de aire, y cumplimos; prometimos salir de los holdouts, y cumplimos; prometimos salir de la inflación, y estamos saliendo. Dénme el beneficio de la duda de que vamos a lograr salir adelante”.

Coro en contra
El perfil conservador del Gobierno y sus primeras medidas de corte recesivo hicieron que a solo ocho meses el descontento ganara las calles. Los gobiernos no peronistas suelen sufrir la impaciencia con antelación a los enrolados en el PJ. El viernes la CTA produjo su movilización más masiva de los últimos años en contra de la política económica. Tuvo el apoyo del kirchnerismo y la izquierda, que en algunos casos ya formaban parte del entramado de la central. El dato de la marcha es que aglutinó a tipos que durante años estuvieron muy enfrentados.
Ese mismo día la CGT reunificada tuvo una primera reunión con el Gobierno. Hasta ahora venía anestesiada por el proceso de renovación de autoridades y por algunas respuestas a reclamos históricos (la promesa del pago de la deuda con las obras sociales, por ejemplo). Pero la CTA marcó la cancha y los popes del movimiento obrero se aprestan a endurecer su plan de acción.
Las tensiones de la economía también quedaron en evidencia en los festejos por el Día de la Industria, cuando el jefe de Gabinete, Marcos Peña y el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, protagonizaron un pase de facturas con los industriales. La UIA pide que no se reconozca a China como economía de mercado y que haya mayor rigor contra las importaciones, mientras que el Gobierno les responde: “Hicimos todo lo que nos pedían, dejen de mirar el corto plazo y contribuyan invirtiendo”.
En ese contexto, Cristiano Ratazzi, presidente de FIAT, planteó -sobre la base de mejoras en el sector automotriz-, que el andamiaje general podría volver a ponerse en marcha. El Gobierno prevé en el presupuesto que enviará al Congreso para 2017 un 3,5% de crecimiento y un 17% de inflación.
El pedido por las manufacturas chinas cayó justo en momentos en que Mauricio Macri se encontraba en viaje a ese país para participar de la Cumbre del G20. En su segundo encuentro del año con su par Xi Jinping obvió el reclamo empresarial pero elaboró un plan para reducir el déficit comercial con ese país que trepó a U$S 6.575 millones en 2015.
También habrá que corregir ese desbalanceo con Brasil, que alcanza los U$S 3.000 millones en lo que va del año. El Gobierno reconoció rápidamente a su par de Michel Temer luego de la destitución de Dilma Rousseff, una salida con fundamentos endebles y orquestada políticamente. “Lo que esperábamos era que Brasil resolviera su crisis y que arranque. Necesitamos un interlocutor definitivo y ojalá ahora pueda ponerse en marcha para que eso impacte positivamente en la economía argentina”, señaló una fuente oficial.
La cuesta económica también deparó para Macri sinsabores políticos-electorales. La aparición de Margarita Stolbizer junto a Sergio Massa, en el relanzamiento del frente UNA fue tomado como una derrota para el oficialismo porque la dirigente es pretendida para que sea candidata el año próximo en Buenos Aires. Stolbizer levantó mucho su nivel de conocimiento y popularidad a partir de su tiroteo discursivo y judicial con Cristina Kirchner, pese a que el año pasado su candidatura presidencial por el Frente Progresistas apenas logró el 2,5% de los votos.
Por su parte, varios gobernadores e intendentes del grupo “Esmeralda” buscaron posicionarse como el nuevo centro de gravedad del PJ, tomando distancia “de los perdedores”. Al igual que con Stolbizer, los armadores del oficialismo esperan todavía sumar allí aliados peronistas. Pero en los dos actos protagonizados por esos sectores “dialoguistas” hubo fuertes críticas a la política económica del Gobierno.
A Cambiemos le sirve la dispersión del PJ, pero si la economía no mejora, su armado político también quedará debilitado de cara un trascendental 2017.

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