clasicos

abril 25, 2016 10:11 am

Hemos dejado atrás la fecha N° 12 del Torneo de Transición del fútbol argentino, la de los clásicos, y se ha advertido un denominador común en la mayoría de los cotejos disputados con el rival de siempre, el del barrio, el de toda la vida: el miedo a ganar.

Haciendo foco en el juego más importante, que es sin dudas el que se disputó en La Bombonera, Boca y River no se sacaron ventajas, en un clásico aburridísimo que selló un cero a cero tan grande como el estadio. Lo más destacado fue la actuación de Darío Herrera, un árbitro de tono mediocre, pero que da la sensación que cada vez que dirige el superclásico saca lo mejor de su aprendizaje y rinde casi a la perfección. En cuanto a lo futbolístico, muy pobre. Con un equipo local que rápidamente se quedó con diez jugadores y eso hizo que su estrategia previa se viera modificada para intentar revertir esa situación, y con un equipo comandado por Marcelo Gallardo que nunca supo como aprovechar en situaciones de peligro esa superioridad numérica tempranera. En síntesis, los dos con demasiados temores. Para el olvido.

Algo similar sucedió con Rácing e Independiente, Gimnasia y Estudiantes, y con Newells y Rosario, y no porque no haya habido goles, ya que justamente de eso no depende si el partido es bueno o es malo, sino por las escasas situaciones y por las propuestas mezquinas de equipos que sólo quieren no perder “el clásico”. Lo demás no importa. No hay que perder “el clásico” porque la gente se enoja. Una locura. Los marcadores en blanco de esta jornada no han sido fruto de la casualidad ni de las destacadas actuaciones de los arqueros, han sido consecuencia de esos temores a arriesgar hasta en situaciones favorables, y surgen los miedos, esos que no permiten que los jugadores se desenvuelvan con naturalidad, con desfachatez. Si a esto le sumamos la escasa jerarquía de muchos futbolistas, se hace todo muy tedioso, hasta poner en duda si esto de jugar “los clásicos” todos al mismo tiempo es beneficioso o no.

El “miedo a ganar” casi siempre está asociado a un síntoma de debilidad. Pero en este caso, especialmente de los jugadores de fútbol. En algunas ocasiones por el hostigamiento constante de las parcialidades que creen que “apretando” van a conseguir que los conjuntos van a mejorar en su rendimiento; y en otras por la escasez técnica individual y colectiva de esos planteles.

Todo esto da como corolario partidos de fútbol con poca relevancia futbolística, de esos que seguro el hincha recordará muy poco, que servirán sólo para engrosar las estadísticas. Como excepción vale resaltar el triunfo de Lanús sobre Banfield, que remarca la diferencia abismal que existe en esa contienda, ya sea por lo individual, por lo colectivo y por la jerarquía de sus cuerpos técnicos. Un escalón más abajo, pero no menos importante, aparece el clásico cuyano. En donde Godoy Cruz debía conseguir los tres puntos para mantenerse en lo más alto de las posiciones en la Zona 1 del torneo y lo logró en base a mucho esfuerzo, no mostrando el buen juego que el equipo del Gallego Méndez está capacitado para brindar. Pero debía ganar y lo hizo.

Por suerte quedan pocos clásicos por delante hasta la finalización del torneo. Esperemos que a partir de la próxima jornada todo vuelva a la normalidad. Un torneo de primera división con partidos de buen juego, con muchísimas situaciones de gol y con incertidumbre por el resultado hasta los últimos minutos de cada cotejo. Elementos que en esta fecha estuvieron ausentes, sometidos por los miedos.

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