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noviembre 24, 2016 2:13 pm

La historia de Agatha no es muy diferente a la que pasaron muchos galgos, simplemente por ser de esta raza. Agatha fue condenada a ser esclava desde que nació. Le tocó, para su mala suerte, caer en manos de galgueros, caer en manos de personas que poco le importaba su salud, sus necesidades, sus sentimientos… personas que solo querían lucrar, porque Agatha era eso, una cosa, un objeto que servía nada más que para reproducir y tener camada tras camada de galgos, galgos que si no servían luego eran tirados a su suerte o asesinados.

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La vida de esta galga fue un infierno. Vivió por más de 4 años encerrada en una jaula en la que apenas entraba su pequeño y largo cuerpo rubio, tan pequeña que no le alcanzaba el espacio para poder echarse, como lo haría cualquier perro normal cuando está cansado. Tampoco tenía espacio para hacer sus necesidades, por eso, aprendiendo a sobrevivir, comenzó a correrlas hacia un costado, para mantener su celda, algo higiénica.

Agatha salía solo de esa diminuta y denigrante jaula cuando entraba en celo, obligada violentamente  a mantener relaciones con otro perro de su misma raza, que seguramente también vivía un calvario similar al de ella, para reproducirse una y otra vez y así ser una perra rentable.

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Esa era la utilidad de Agatha: parir. El resto no importaba. No importó su hambre y su sed, que la llevaron a estar famélica, tampoco importó lo que sus ojos pedían a gritos: amor, libertad.

Agatha fue vista por primera vez en el centro mendocino, más específicamente en Rioja y Garibaldi, a principios de junio del 2016. Corría, desesperada, por las calles esquivando autos, para librarse de más de 10 perros que la perseguían para montarla. Ella corría, corría triste y confundida, porque no sabía todavía qué era la libertad.

Cuando fueron a rescatarla dos voluntarias del grupo “Perros de la plaza independencia”, Agatha no se negó a recibir ayuda, se subió, desesperada, a los brazos de Silvia, una de las rescatistas, e inmediatamente, con Patricia, otra de las voluntarias, la envolvieron en una mantita para subirla al auto que luego la llevaría al veterinario. Por primera vez estaba siendo libre, pero a su vez amada. No entendía, pero con sus ojos agradecía.

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Agatha el día que fue rescatada, esperando ser atendida por el veterinario.

Ella llegó con un cuadro grave de desnutrición, sarna demodéctica, causada por la inmunodepresión, lo que le había provocado llegar a estar casi totalmente pelada, además de muchas lastimaduras por todo su cuerpo. Tal era el estado de Agatha, que los  veterinarios advirtieron que quizás nunca llegase a recuperar la totalidad de su pelaje y que además iba a ser un proceso lento, de aproximadamente 6 meses.

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La primera noche de Agatha, luego de ser rescatada.

La perra no sabía, que después del día de su rescate comenzaba una nueva vida: ya no más jaulas, ya no más reproducción forzosa, ya no más golpes, ahora solo iba a ser libertad para correr, echarse bajo el sol, compartir con otros perros y recibir muchos mimos.agatha

Los primeros días la conducta de Agatha era un poco rara, no se acostaba, se mantenía todo el tiempo parada. Fue así que descubrieron la crueldad con la que fue tratada, condenada a vivir por años en una misma posición encerrada. Con el tiempo comenzaron a encontrar más heridas en su piel, marcas que también quedarán por siempre en sus recuerdos: una cicatriz de un alambre que había atravesado su cuello, quizás con el intento de ahorcarla, quizás simplemente para tenerla amarrada de manera violenta.

Pero las sorpresas no terminaban allí, ella venía con acompañantes  en su pancita: 11 “Agathitos” esperaban por nacer.

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Agatha y sus bebés. Aún quedan 3 en adopción.

Con el tiempo, las heridas de Agatha fueron curando, además ya tiene casi todo su pelo. Una de las demostraciones más grandes de amor por parte de ella fue que nunca tuvo miedo de sus rescatistas ni de los demás integrantes del grupo: confió, se entregó en manos de otros humanos, los mismos que un día le habían hecho tanto daño.

Hoy Agatha es una perra feliz, es una perra que transmite con su mirada su pasado, pero también transmite su presente. Es una perra amorosa, que disfruta de la compañía de los humanos, buscando caricias todo el tiempo.

La historia de Agatha tiene un final feliz, pero no todos los galgos corren la misma suerte, muchos, ni siquiera logran escapar y simplemente mueren habiendo vivido un calvario. Otros siguen siendo explotados para correr, o para reproducirse, en manos de personas que no le importa la vida de otro ser vivo. Agatha solo es el reflejo del infierno que viven miles de galgos en nuestra provincia y en nuestro país, por eso, la nueva ley que prohíbe las carreras de perros, es tan solo un poquito, pero gran ayuda, para estos animales, que piden con sus ladridos, con su mirada, que los ayuden a vivir, que los ayuden a ser felices.

La prohibición de las carreras de galgos en la Argentina

Hace una semana, todos los amantes de los animales festejaban con alegría la aprobación de la ley contra las carreras de perros en todo el territorio argentino, ley que castiga con hasta 4 años de cárcel y multas de hasta 80 mil pesos a todos aquellos que realicen, promuevan y organicen esta actividad.

Esta ley fue un gran avance para el derecho animal, casi inexistente en nuestro país, ya que la única ley contra el maltrato de los animales, la “Ley Sarmiento”, hace años  no se respeta y no se cumple, obsoleta por su antigüedad.

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Sin embargo, no todo es alegría, ya que lamentablemente, existe una realidad que trasciende a todo esto: la clandestinidad. Las carreras se seguirán realizando de manera ilegal, y aquí es donde entra la obligación y la tarea más difícil, tanto del gobierno como de todos los ciudadanos: denunciar, hacer cumplir la ley.

Hay quienes siguen defendiendo las carreras de galgos, fundamentando que es su condición natural, que son perros para correr, que los cuidan y que los aman. Sin embargo, los hechos nos indican que la historia es otra: perros maltratados, drogados, obligados a reproducirse, a entrenar y a correr y finalmente matados salvajemente porque ya “no sirven” o simplemente porque perdieron una carrera. Ahora, los galgos, correrán, pero en libertad.

Si te interesa adoptar, ser hogar de tránsito, formar parte  o colaborar con el grupo, podes comunicarte con:

–         Marianela: 2615567597

–         Virginia: 2616578322

–         Teléfono de guardia del grupo: 2615450748

–         Mail: perrosplazaindependencia@gmail.com

Grupo de Facebook: https://www.facebook.com/groups/perrosplazaindependencia

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