Messi

junio 27, 2016 10:42 am

Por Daniel López – Diario El Ciudadano online

Otro fracaso. Si, por más que a muchos no les guste esta palabra, la selección argentina de fútbol volvió a fracasar. Porque en esta oportunidad, hasta los mismos jugadores habían manifestado públicamente que no había otra posibilidad en este certamen que no fuera alzarse con el trofeo de la Copa América Centenario. Entonces, se ha fracasado nuevamente en el intento de conseguir un logro internacional, aunque sea de un calibre inferior a una copa del mundo.

A nuestro combinado le cuesta sistemáticamente encontrar la forma adecuada de disputar un partido decisivo. No reúne las condiciones necesarias para estar a la altura del compromiso. Y esta vez el máximo responsable de la derrota no fue el mejor de todos, algo que si le habíamos reclamado en finales anteriores, esa falta de liderazgo y entusiasmo. Messi fue el único que en esta final en New Jersey salvó la ropa, porque intentó desde todos los sectores del campo, pero no tuvo ningún tipo de compañía. Al conjunto albiceleste le volvió a faltar esa decisión necesaria para ganar un partido de fútbol. Martino no encontró durante la final esa cuota de fútbol necesaria como para poder suplir la férrea marca propuesta por el equipo chileno al número diez, para transferir algo de responsabilidad en el resto de sus compañeros.

El entrenador argentino nunca mostró en el terreno de juego, o se disimuló bastante, un equipo con un plan de juego. Fueron más los derroches de individualidades que un concepto asociado de juego. Basó casi toda su estrategia en que Messi hiciera todo o casi todo, muchas veces acompañado por la riqueza técnica de Eber Banega. Pero fue muy poco. En esta oportunidad tampoco alcanzaron algunos buenos rendimientos individuales, como los de Romero, Mercado, Funes Mori, o Gaitán cuando le tocó jugar. No se entendieron algunas cosas de los planteos de Martino, cometiendo errores sistemáticos que lo llevaron a perder, a él como DT, la tercera final consecutiva de una Copa América. Sensación de ciclo absolutamente cumplido, sin grandes aportes.

Salvo el partido inicial justamente con el equipo trasandino, en donde la Argentina consigue un triunfo jugando de contra-ataque, el resto de los rivales no fue de fuste como para trazar una perspectiva de lo que podía ser jugar una final. Por aquí empieza el análisis de una nueva desilusión.

Esta generación de jugadores exitosos en sus clubes no ha conseguido logros similares con nuestros colores, y esa presión se hace cada vez más pesada. Porque tampoco se ha conseguido un adiestramiento mental en ese sentido. Está claro que este equipo, en su gran mayoría, no soporta el peso de una final. La instancia toma más relevancia que el propio partido, algo que en los equipos importantes lógicamente esto no sucede. Su juego se reduce a la mínima expresión, sólo a la capacidad de aparición y sorpresa de Lionel Messi, perdiendo todos los argumentos futbolísticos que hicieron que el conjunto llegara a otra final. Todos, consciente o inconscientemente, esperan que el mejor jugador del mundo haga todo para encontrar la ansiada consagración, pero aportando, ellos, los otros, muy poco para tal cometido.

Será el momento del replanteo constructivo, con mucha autocrítica. Pero debe ser el tiempo del trabajo serio en todos los estratos. La Asociación del Fútbol Argentino atraviesa el peor momento de su historia, y eso obviamente hace mella en lo mental. Nuestro fútbol necesita en forma urgente de un proyecto serio, no sólo de un reparto a dedo, egoísta y mezquino, con intereses particulares de por medio,  de los ingresos a los clubes. Hay que recuperar el terreno perdido, pero con trabajo, orden y honestidad.

No es la hora de los desplantes ni de las despedidas, es la hora del análisis y de la refundación de nuestro fútbol. Nadie debe irse sin antes hacerse cargo de las responsabilidades que le hayan tocado.

Los argentinos merecemos volver a creer en nuestro fútbol.

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