ciruelas

abril 16, 2016 8:16 pm

La economía de Mendoza, según los datos duros, presenta algunas particularidades notorias que significan grandes oportunidades y también convocan a un desafío político al que el gobierno deberá atender con astucia y cintura. Más allá de la gestión, deberán arbitrarse sabiamente sistemas de acuerdos e incentivos que permitan recuperar el vasto terreno perdido.

Cuando hablamos de datos nos referimos a un indicador muy interesante que surge del último trabajo presentado por el IERAL, “Informe anual 2015 y perspectivas 2016 de la economía de Menoza”. En el análisis se consideró puntualmente, para sectores cuyos mercados son externos, qué cotización del dólar necesitan para ser competitivos. Así, al actual tipo de cambio, productos como la ciruela seca y el durazno en lata, aún están lejos de poder pelear mercados. La primera necesitaría una cotización de 17,5 pesos por dólar, mientras que el segundo se vuelve rentable con 16.5. En cambio, las peras son competitivas aún con una paridad que baje a 12.8 pesos por dólar, y el vino malbec con menos aún, 12 pesos al cambio. El análisis también señala que para un producto como la uva blanca común, la paridad que la vuelve competitiva es mucho más alta: 20.5, mientras que el durazno para consumo está en el otro extremo, con 11.6.

El trabajo aclara que “el mensaje es que en general la devaluación ha ayudado al sector agrícola (aunque no alcance para algunos productos como la uva blanca común). Igualmente se deben hacer dos acotaciones: primero, en un contexto inflacionario, ese dólar requerido irá aumentando paulatinamente (por el avance de los costos). Segundo, es conveniente hacer un seguimiento de las principales variables, como precio de exportación y costos salariales, que son los determinantes del dólar necesario por producto”.

Pero más allá de las consideraciones, los datos son ilustrativos para el punto que queremos defender: el desarrollo deseable requiere una alquimia que supera la mera gestión. Mantener la estructura productiva diversificada de la provincia y hacerla crecer implica que cada particularidad necesitará consensos y acuerdos relativos a su potencial real; habrá sectores a subsidiar, apoyar crediticia o impositivamente, y otros que pueden desenvolverse de manera ventajosa con el esquema vigente. No alcanzará entonces con el laissez faire. Y sobre todo hará falta una agresiva salida al mundo a ganar nuevos mercados, para hacerse menos vulnerable a la dependencia de pocos clientes foráneos. El caso de Brasil, principal cliente, ilustra con claridad meridiana los peligros de esa dependencia.

La conclusión es clara: se necesita mucho Estado, pero esencialmente mucho Estado inteligente, rápido de reflejos, atento al mundo y dinámico. La idea de capacidad de gestión fue la que catapultó al actual equipo al gobierno de la provincia. Ahora esa cualidad es necesaria, pero no será suficiente: llega la hora de la política con mayúsculas para recuperar el campo perdido y alcanzar el estándar que todos soñamos.

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