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diciembre 11, 2015 7:51 pm

Alemania, según los analistas, se encuentra en la mira del Estado Islámico y se asegura que la peor amenaza reside dentro de su territorio.

El jefe de la inteligencia alemana, “Hans-Georg Maassen”, confirma que en el país viven, por lo menos, 1.100 islamistas que suponen un peligro para la seguridad nacional y que 430 de ellos son considerados como “especialmente peligrosos” por su disposición a cometer atentados en cualquier momento.

En una entrevista con la cadena de radiotelevisión “MDR”, Maassen ha pedido la colaboración ciudadana a los cientos de miles de refugiados que están llegando al país y que se concentran en refugios y albergues “provisionales”.

Al parecer, se tiene constancia de que, en sucesivas ocasiones, “salafistas radicales” se han introducido en los albergues tanteando la ideología de los recién llegados y preparando el terreno para contactos más asiduos de adoctrinamiento.

La Oficina de Protección de la Constitución (BfV) invita a los refugiados a informar a los responsables de los centros de refugiados sobre estas visitas. “No se trata de denunciar a nadie. Sencillamente queremos saber lo que puede suponer un peligro para la seguridad interna de nuestro país”, ha defendido Maasen.

El salafismo, tal y como lo define la “BfV” en sus documentos de trabajo, es una ideología teñida por el “wahabismo” cuyo fin último es jerarquizar una severa interpretación de los preceptos del Corán y una versión temprana del Islam por encima del Estado laico, de sus leyes, de los derechos individuales y de las libertades civiles. “En Alemania hay actualmente más de 8.350 personas pertenecientes a grupos salafistas. Esta cifra ha aumentado notablemente en los últimos meses. A finales de setiembre eran 7.900”, anota Maasen, advirtiendo sobre el gran caladero de reclutamientos que estos “grupos radicales” ven en los refugiados procedentes de Oriente Próximo.

“Las redes salafistas promueven una gran campaña para atender a los refugiados. Muestran gran preocupación por el hecho de que los musulmanes recién llegados puedan terminar abandonando su religión o convirtiéndose al cristianismo. Se presentan en las estaciones de tren ofreciendo ropa, comida, ejemplares del Corán y alfombras para arrodillarse y orar. Incluso se ofrecen a acoger a refugiados en el seno de sus propias familias”, describe Susanne Schröter, directora del Centro de Investigación del Islam Global (FFGI), “estas personas llegan en condiciones muy extremas y cualquier manifestación de solidaridad o simpatía que reciban caerá en suelo fértil”.

Schröter considera que es importante diferenciar, puesto que quienes huían de Estado Islámico no se sentirán atraídos por los salafistas, mientras que otros musulmanes devotos que huían de las fuerzas de Bashar al Assad pueden llegar a estar más predispuestos.

 

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