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julio 1, 2016 3:04 pm

Por Luis Vidal – Diario El Ciudadano online

Los que vivimos en este país tenemos la esperanza y el idilio de que nuestra tierra, algún día se encuentre entre las más prosperas del mundo.

La mayoría de los argentinos trabaja, se desloma, se las ingenia y avanza con ese objetivo todos los días de su vida. Y, bien sabemos, que los obstáculos son más que evidentes.

Es por eso que es llamativa la tolerancia que exhibimos con este tipo de actos que envilecen nuestra identidad nacional, pudre la cohesión social y mata. La corrupción mata. ¿Qué duda nos cabe?

Desde la “Década Infame” hasta la “Década Ganada”, la Argentina y los argentinos desarrollamos un “aguante” para la deshonestidad, que llama la atención en varios puntos de nuestro planeta.

Es así, que el periodista Jon Lee Anderson del matutino norteamericano “The New Yorker” se atreve a comparar a Carlos Menem con Silvio Berlusconi. Además de repasar los años del kirchnerismo y Panamá Papers que salpican al mismísimo presidente Macri.

“Los argentinos no hacen las cosas a medias: Cuando sus presidentes son corruptos, tienden a serlo descaradamente“, se anima Anderson.

La Rosadita, Lázaro Báez, el kirchnerismo, Julio De Vido, Ricardo Jaime, Skanska, Amado Boudou, Aníbal Fernández, Fútbol Para Todos, Plan Qunita, la tragedia de Once, Felisa Miceli, la compra de vagones a España y Portugal, Ricardo Echegaray… y un largo, larguísimo etcétera que es posible por culpa nuestra. Si, nuestra. Como sociedad que soporta a dirigentes políticos sospechados de corrupción, los vota y los idolatra.

Analicemos el último trabajo de la consultora Jorge Giacobbe y asociados: ante la pregunta, ¿Cuál es su opinión respecto de la corrupción durante los gobiernos kirchneristas? Los argentinos demostramos estar convencidos de que ha quedado evidenciado el aparato de corrupción que gobernó y despojó al país.

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Sin embargo, lo curioso llega cuando analizamos el desgloce de los que contestaron la requisitoria. El mismo es realizado por la pertenencia ideológica de los encuestados.

Casi la mitad de los auto denominados kirchneristas (49,1%) aseguran que toleran cualquier nivel de corrupción del proyecto nacional y popular que encabezó Cristina Fernández. Que ese tipo de prácticas no minimizan la importancia de lo logrado durante los últimos años.

También es interesante notar que el 32,5% de los denominados peronistas tienen este mismo tipo de actitud.

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Será difícil desterrar la corrupción de una vez y por todas, si los ciudadanos de a pie no mostramos cohesión en cuestiones de valores fundamentales para la República.

¿Esto es cultural? Puede ser. ¿Debemos madurar como sociedad? Tal vez. Respuesta que encontraremos con el correr de la historia de los próximos años.

 

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