Abuso menores

agosto 31, 2015 8:30 pm

Nueve de cada diez abusos sexuales a menores son cometidos por personas que pertenecen a su entorno, según reveló un trabajo estadístico de una ONG especializada en la temática.

Los presuntos abusos sexuales cometidos por el fisicoculturista Carlos Colosimo –quedaron más expuestos, porque el autor es tío de las mediáticas modelos Wanda y Zaira Nara– forman parte de un flagelo que tiene víctimas menores de edad vulneradas y vejadas por adultos que pertenecen generalmente a su entorno.

Las estadísticas sostienen que estos “enemigos íntimos” perpetran nueve de cada diez casos de delitos contra la integridad sexual de chicos que llegan a la Justicia, de los cuales apenas uno termina con una condena contra el agresor.

“Cuando hablamos de enemigos íntimos nos referimos a personas del ámbito muy cercano de las niñas y niños”, dijo María Elena Leuzzi, titular de la Asociación de Víctimas de Violaciones (AVIVI). “Pueden ser padres, padrastros, tíos, vecinos, padres de sus amigas de colegio, docentes y cualquiera que forme parte del mundo del menor abusado. La realidad marca que de cada diez hechos que se denuncian, nueve son con estas características, que ahora tiene al fisicoculturista detenido. Se debe sumar que sólo uno llega a juicio con condena. La impunidad para los violadores es absoluta”, agregó.

De acuerdo a la investigación llevada adelante por el fiscal Eduardo Vaiani, del Departamento Judicial de San Isidro, Colosimo está bajo sospecha de aprovecharse de amigas de su hija con un promedio de edad de 12 años, sometiéndolas a distintos actos obscenos, como manoseos.

El propio colegio Nuestra Señora del Refugio, donde asisten las víctimas, aclaró que son varias las niñas que contaron lo sucedido.

“Se tiene que comenzar a trabajar de manera seria en relación a los abusos sexuales que prácticamente no son prevenidos por el Estado y sus organismos. Por ejemplo, en la escuela, los docentes deben recibir capacitación para captar las señales de que un niño está siendo abusado y cortar de inmediato esa situación. Hoy los chicos abusados no son escuchados, son ignorados, y esa impunidad para actuar es bien conocida por los pedófilos”, explicó Leuzzi.

La experta opinó que “hay que comenzar a trabajar en las aulas de jardín de infantes con la Ley Nacional de Educación Sexual Integral, que obliga a realizar un seguimiento profundo de estas cuestiones, porque, en caso contrario, la herramienta que tenemos es letra muerta, ya que no se implementa. Entonces los docentes no se sienten respaldados al momento de denunciar o alertar”.

“Y cuando se denuncia, tenemos a nenas que vuelven a ser victimizadas, esta vez por el sistema. En el caso del fisicoculturista, hay seis chiquitas que van a tener que revivir todo el horror y la porquería que padecieron, frente a psicólogos, para que luego se evalúe si dicen la verdad, por agentes judiciales que no tienen ninguna preparación y, muchas veces, declaran la falta de pruebas para la acusación, o bien, archivan los expedientes”, dijo Leuzzi.

Finalmente, la titular de AVIVI manifestó: “En el caso de Colosimo se registra también un hecho que no es menor, porque se trata de una persona que tiene suficientes recursos económicos para pagar abogados que se dediquen full-time a la causa, entonces las víctimas quedan más desamparadas, y bastardeadas por el sistema, al punto que muchas veces son acusadas de mentir”. /NA

Estadísticas negras

Cada año se conocen más y nuevas situaciones de abuso sexual infantil y crecen las estadísticas en este sentido. Sin embargo, los especialistas no lo atribuyen a un aumento de casos, si no al resultado de las campañas que apuntan a visibilizar la problemática y a crear espacios de denuncia accesibles a las víctimas.

A pesar de estos avances, se estima que, aún hoy, la mayoría los casos que suceden permanecen ocultos. Según un estudio realizado por la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) y la Asociación Argentina de Mujeres de Carreras Jurídicas (AAMC), en el 60% de las situaciones de violación sexual no se realiza la denuncia y sólo un tercio de los chicos afectados pide ayuda.

Sebastián Cuattromo, que ahora tiene 38 años y forma parte del colectivo Adultos por los Derechos de la Infancia, durante diez años mantuvo en secreto los abusos sexuales que padeció en su pubertad. El primero ocurrió cuando tenía 12 y cursaba el final de séptimo grado, y se extendieron durante el primer año del secundario. El agresor: un cura docente del colegio marianista al que asistía, y al que finalmente condenaron a 12 años de cárcel.

“Fui educado con una cultura machista y creía que si pedía ayuda, en vez de protegerme, me iban a destruir”, cuenta Sebastián.

En la Argentina, la familia es el principal ámbito donde se da la violencia sexual, según señalan en la guía que aborda la problemática. El 75% de los abusos suceden en la propia casa o en la de los abuelos, y sólo el 16% de los chicos pide ayuda.

Posibles indicios de abuso

“Es muy importante que los padres estén atentos a las conductas de los chicos, como temor a los adultos, exhibición de órganos sexuales o conocimiento de hechos no habituales, llanto e irritabilidad, rechazo a algún adulto, si vuelven a hacerse pis encima, pesadillas y otras manifestaciones. Frente a estas cosas hay que tratar de hablar y escucharlos”, explica Mabel Bianco, una de las autoras del estudio sobre violencia infantil a nivel nacional.

Las manifestaciones de los niños abusados pueden variar de acuerdo a las formas del agravio, la frecuencia, el nivel de intimidad y de vinculación emocional con el agresor. Según un estudio realizado por Save the Children, “las niñas tienden a presentar reacciones ansioso-depresivas, mientras que los niños muestran fracaso escolar y dificultades inespecíficas de socialización, así como comportamientos sexuales agresivos”.

Para que exista abuso sexual infantil no es necesario el contacto físico: el adulto puede mostrarle fotografías o películas pornográficas o hacerle presenciar escenas sexuales que no son adecuadas para su edad, o pedirle que toque sus partes íntimas o las de alguien más.

En el sitio ‘Vamos a crecer’, del Ministerio de Salud, señalan que para prevenir el abuso es importante conversar con los chicos, enseñarles a pedir ayuda y alentarlos a hablar de cualquier tema que los preocupe o los haga sentir incómodos.

Recomiendan hablar con los niños y niñas sobre sexualidad y privacidad. Enseñarles cuáles son sus partes íntimas y explicarles que nadie tiene por qué verlas o tocarlas. Cuando son más grandes, se les debe enseñar que al baño se va solo y los adultos no tienen por qué acompañarlo.

Como la mayoría de los abusadores son personas que tienen confianza y cercanía con los niños. Especialistas aconsejan contarles que los adultos pueden equivocarse y pedirles cosas que están mal.

Además, la cartera de Salud señala que los niños deben saber que algunos secretos no se deben guardar y que pueden contar cualquier situación que los haga sentir incómodos.

“Es importante enseñarles a cuidar el cuerpo propio y hablarles sobre la privacidad”, dice la psicóloga Alfonsina Basso, y remarca que las situaciones de abuso bajo ningún caso se deben callar.

En cuanto a la actitud que deberían adoptar los padres, Bianco afirma: “Nunca dudemos de las palabras de los niños. Y si dudamos, averigüemos, pero no les digamos que no les creemos porque quedarán en silencio y eso los perjudica”.

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