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agosto 26, 2016 7:00 pm

En Mendoza, una lista de 50 productos agrícolas y ganaderos, de los cuales 15 pertenecen a la canasta básica familiar, incrementaron sus costos un 500% en promedio en su recorrido desde el campo a la góndola.

Por la falta de control por parte del Estado, la cadena de comercialización es cada vez más abusiva en detrimento del productor y en desventaja del consumidor final, que no tiene otra alternativa que pagar “de más”.

Especialistas consultados por El Ciudadano coincidieron en que en nuestra provincia casi todos los supermercados e hipermercados marcan por encima de la “lógica del mercado”, y algunos productos alcanzan diferencias de hasta un 1.000% respecto del valor original.

“Aumento alevoso”

Según informó la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), solo durante el mes de julio, los precios promedio de alimentos agrícolas y ganaderos se multiplicaron por 5,15 veces desde su salida del campo hasta las grandes superficies de venta.

Mientras tanto –indican–, la participación del productor en el valor de góndola continúa muy “baja”, ya que “para el promedio de los alimentos agrícolas y ganaderos relevados en julio y principios de agosto, el agricultor sólo recibió una miseria del 27,9% del costo que pagó el consumidor final, con un incremento de 2,7 puntos porcentuales frente al mes pasado”.

Esto, sin lugar a dudas, afecta directamente al productor (hoy al borde de la quiebra) y también al consumidor final.

Frutas y verduras, remarcadas hasta 11 veces su valor original

Una recorrida por las seis cadenas de supermercados que operan en la provincia, realizada por este medio, determinó diferencias abismales entre lo que se cosecha y se vende sin atravesar procesos industriales complejos.

Por ejemplo, algunas de las frutas o verduras con mayores brechas de precio en el mes fueron la pera, con una diferencia de 11,1 veces; la mandarina, con una desigualdad de 10,9 veces; el limón, con 10,8 veces, y la manzana roja, con 8,5 veces.

Esto determinó que todos los productos agrícolas (frutas, verduras y cereales) y ganaderos (leche, huevos y carne) cuesten en góndola hasta once veces más que su valor original.

Inclusive, los productos en los que menos se multiplicaron los valores desde su origen son altísimos. Por ejemplo, la papa alcanzó una disparidad de 1,92 veces, la frutilla 2,04 veces, el pimiento rojo 2,17 veces, y la cebolla 2,24 veces.

Agrícolas en terapia intensiva

Dirigentes de la CAME entregaron notas al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y a los ministros de Agroindustria, Ricardo Buryaile, y Producción, Francisco Cabrera, para reclamar medidas oficiales que permitan paliar “el estado crítico” que atraviesa el sector frutícola.

El vocero de CAME, Vicente Lourenzo, reconoció que el problema frutícola tiene años, pero señaló que “la situación llegó a un estado crítico extremo, ya que no solamente el productor no puede levantar la cosecha, sino que además, en forma individual está quebrado”.

Al respecto, Raúl Robín, presidente del área de Economías Regionales de la CAME, explicó: “Le pedimos al Gobierno la aplicación de leyes como la que reglamenta el Observatorio, donde se deben sentar a la misma mesa productores, industriales y exportadores, y además solicitamos la intervención del Estado en la falta de rentabilidad del sector”. Y agregó que “hay que garantizarle al productor la rentabilidad”, asegurando que eso se hace “con la intervención del Estado”.

Lo cierto es que “la crisis frutícola lleva más de tres años por un problema de precios internacionales relacionados con la falta de exportación, lo que determinó una baja de la competitividad y llevó a volcar la producción al mercado interno receptor”, se indicó.

Cómo evitar los abusos

Como siempre sucede, el consumidor es el que paga los platos rotos, y en este caso se podría decir que “los paga de más”. La sobreoferta en el mercado interno llevó a que inescrupulosos operadores salieran corriendo a comprar frutas a precio de quebranto para después venderlas hasta un 1.000% más, como ocurre en el caso de la pera, que se compra en la quinta a $2,10 el kilo y se vende a $3,50 o más en la góndola.

Pero existe una alternativa de ahorro para hacerles frente a los incrementos abusivos que hoy presenta el mercado a raíz de la carencia de controles. Es la compra colectiva en mercados cooperativos, hecho que permite ahorrar hasta un 30%.

“Muchas familias optan por organizarse y hacer compras en conjunto para llegar al cada vez más lejano fin de mes. Por ejemplo, para una familia tipo el total de la compra semanal en una verdulería de barrio asciende a $250, mientras que la compra mayorista en cualquier feria es de $150. Si se incluye el combustible, la compra colectiva sigue siendo más barata, ya que el total sería de $160, aproximadamente.

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