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noviembre 25, 2015 3:35 pm

En el Centro de Capacitación para el Trabajo Dolores Prats de Huisi, de Ciudad, hay más de un motivo para festejar. Además de cumplir 75 años brindando capacitación a la comunidad, en una de las carreras egresará una mujer que no sólo ha aprendido técnicas en vitrofusión para hacer maravillosas obras de arte, sino que también se ha ganado el cariño y la admiración de toda la comunidad educativa. El Ciudadano llegó hasta la escuela dispuesto a conocerla y ésta es su historia.

La reina madre

Nélida tiene 86 años –dice que ya está “caminando hacia los 87”–, tuvo seis hijos, trece nietos y nueve bisnietos, y de toda esa familia está ampliamente orgullosa. Día por medio, desde hace cinco años, visita y acompaña a su esposo y a su único hermano vivo, internados en un geriátrico. Nélida es docente jubilada desde hace muchos años, y cuenta que en su vida se ha dedicado “a trabajar, a cuidar a sus hijos, ser abuela, viajar y, por supuesto, a disfrutar” de sus bisnietos. Pero hace varios meses encontró una actividad gratuita donde poner parte de la energía que la caracteriza.

A principios de año, Nélida encontró debajo de su puerta un volante de esos que uno siempre encuentra cuando llega a casa y que promocionan servicios, candidatos o productos. Pero en este caso se trataba de la oferta educativa del Centro de Capacitación para el Trabajo Dolores Prats de Huisi.

Eso despertó en ella una inquietud y decidió iniciar allí una actividad distinta a las que había desarrollado hasta ese momento.

Lo gracioso fue que cuando le contó a uno de sus hijos que quería ir a estudiar a esa escuela, éste le preguntó si había visto la gran escalera que conduce desde la calle hasta el ingreso, a lo que ella respondió: “Ya la subí”. Claramente su decisión estaba tomada:   “Entre las posibilidades de la escuela estaba: modas, carpintería, labores a mano, corte y confección, peluquería, etcétera. Y ahí aparecía vitrofusión y cerámica, y por esas cosas de la vida me acerqué a la escuela. Conocí a Laura Martín que me dio la bienvenida junto a las que iban a ser mis compañeras de estudio, que también se alegraron de tener una bisabuela de compañera”, dice Nélida, y agrega que ahí la bautizaron como ‘la reina madre’.

Compañerismo y festejos

Nélida no sólo rescata lo mucho que ha aprendido en el año, sino también la calidez con la que la recibieron en la escuela y la ayuda que recibe de sus compañeras para aprender cada día más y así lograr cosas tan bonitas como las que hacen.

“Me ayudan mucho, sobre todo para cortar el vidrio, porque con esta mano me cuesta”, explica, y además cuenta a modo de anécdota que apenas entró a la escuela sus compañeras averiguaron su fecha de cumpleaños y se lo festejaron entre todas y de sorpresa. También que la pasan a buscar o la llevan a su casa después de clases sobre todo si tiene que cargar peso.

Ella dice que aprende de su profesora, pero también de sus compañeras y ellas expresan que la admiran profundamente por su forma de ser, su respeto hacia los demás y por encontrarle el lado positivo a todo. “Tiene una anécdota para todo”, dice Marina, una de sus compañeras.

Creer en uno es crear belleza

“Cuando vi mi primera obra terminada me maravillé”, dice la bisabuela, y pide que no se tome esto a mal como si fuera ególatra. Y no lo es. Quizás uno pide disculpas cuando reconoce públicamente que algo que hizo le gusta y se enorgullece, dado que no nos han enseñado a valorar las maravillas que podemos crear a partir de nuestra mente, nuestras manos y nuestra creatividad. O quizás, porque nos abruman las personas que no tienen algo de autocrítica.

Lo cierto es que ese maravillarse no alcanza para ponerle precio a lo que uno crea o produce, pero para ello siempre ayuda la mirada ajena, y de eso también puede dar cuenta esta abuela que participó hace algunas semanas, junto al resto de los alumnos de la escuela, en la Feria de Oferta Educativa, donde se expusieron los trabajos realizados para que los asistentes los vieran y los compraran.

“Cada alumna llevó sus piezas, pero ella no quería. Entonces fuimos a la casa de Nélida, se las sacamos y las llevamos. No quería ponerles precio pero se los pusimos nosotras porque toda la gente que se paraba en nuestro stand era para preguntar por sus cosas”, relata Marina, quien fue la encargada de vender una de las obras de Nélida.

“Es lindo ver que a otra persona que no sean tus compañeras le gusta lo que uno hace”, dice, y cuenta que no quería vender nada porque hace tiempo que guarda todas las cosas que hace en un baúl, porque en Navidad toda la familia se reúne en su casa y quiere que todos tengan un presente hecho por ella.

Ante todo, agradecida

Mientras repasamos anécdotas con nuestra entrevistada, su profesora, la directora de la escuela y algunas de sus compañeras, Nélida no deja de agradecer la posibilidad que ha tenido de aprender, crear y conocer personas hermosas dentro de la escuela de capacitación.

“Quiero agradecer la posibilidad de aprender disfrutando la hermosa compañía que me brindaron todas. Estoy agradecida de las idas y vueltas que me permitieron seguir creciendo como ser humano, para seguir viviendo. Además, quiero invitar a la gente a vivir esta oportunidad de aprender gratuitamente y con una capacidad enorme, porque la profe es única y mis compañeras también; uno se siente en familia acá. La vida es bella, y puede llenarse con recuerdos y vivencias”, expresa, y todos los ojos en la sala se empañan de emoción.

El Centro de Formación Profesional Dolores Prats de Huisi funciona en la calle Paso de los Andes al 46, un lugar al que los nostálgicos pueden ubicarlo en lo que fueron los depósitos de Camenforte. El centro está cumpliendo sus bodas de brillante, es decir, 75 años capacitando a personas no sólo en actividades que les permitan una salida laboral, sino también en valores.

En el establecimiento cursan en tres turnos más de 300 alumnos que se forman en carpintería, gastronomía, labores a mano, modas, telar, estética personal, turismo, electricidad e instalaciones de gas, y además adquieren conocimientos de lengua, matemática, cultura general y emprendedurismo, recibiendo herramientas para poder transformar esos saberes en microemprendimientos. La directora del establecimiento, Graciela Rávida, es la encargada de contar cómo ha mejorado la vida de algunas personas luego de pasar por el establecimiento, y también de los esfuerzos que se hacen allí para que este tipo de centros se valoren más.

También explica cómo se están preparando para el próximo 4 de diciembre, momento en el que brindarán por 75 años de educación, formación y capacitación.

Contacto: teléfono 4285293

Por Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano on line

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