cfk

noviembre 3, 2016 9:42 am

La ex presidente Cristina Kirchner pasó este lunes por los Tribunales federales de Comodoro Py por segunda vez después de culminar su mandato. En esta oportunidad debió comparecer en una causa en la que está imputada por supuesta corrupción mediante sobreprecios pagados en la obra pública. Y para defenderse, presentó un escrito y habló por casi dos horas sin admitir las preguntas del juez Julián Ercolini, además de negar su vinculación con el empresario Lázaro Báez, detenido desde abril en el penal de Ezeiza en el marco de otra causa en la que es investigado por lavado de activos.

Durante la larga perorata ante el magistrado, Cristina insistió en que sufre una persecución política para proscribirla, que nunca ni ella ni su familia fueron socios de Báez y que quienes firmaron los contratos por millonarias cifras en dólares fueron los jefes de Gabinete que se desempeñaron durante los doce años de gobierno K.

Mintamos, que algo queda

Una mentira y dos “verdades” que se pueden analizar aún sin tener conocimientos legales, con datos que surgen de la misma realidad. Veamos.

La mentira es que Cristina es una perseguida política. Se victimiza la señora tratando de desviar la mirada de la sociedad en un desesperado esfuerzo por ocultar su situación. A ella no la persigue la política, sino la Constitución y la ley, acusada de asociación ilícita y ser cabeza –como fue su marido hasta su muerte, según la denuncia– de un esquema montado a caballo de la obra pública para hacerse de miles de millones de dólares con fines todavía no claros pero presumibles.

Más allá de los detalles conocidos, que por abundantes exceden esta nota, Cristina debería tener en cuenta que esta denuncia fue presentada ocho años atrás, es decir, cuando ostentaba el poder político. Sólo que desde entonces no hubo avances en la causa, que durmió el sueño de los justos entre otras tantas. Entonces no decía que era una perseguida política, ahora sí.

Amigos son los amigos

Una de sus ‘verdades’ es que ella no es ni amiga ni socia del empresario Báez. Cierto a medias, porque según lo ya determinado por la Justicia el ahora encarcelado patagónico no fue socio de la familia, sino testaferro. Y para ser testaferro no hace falta ser amigo. Por lo menos no de ella, porque sí lo fue del difunto Néstor.

Alentando las sospechas de que hubo negocios entre ellos –además de las que sirvieron de base para las denuncias–, el abogado del dueño de Austral Construcciones salió a contestarle ayer: “El tema de la amistad es una apreciación personal y cada uno decide de quién es amigo, pero en cuanto a lo de socios creo que hay varias constancias en los expedientes de que tenían cosas en común”. Seguramente se refiere a alquileres y servicios que pagó Austral Construcciones a empresas de la familia Kirchner.

Seguramente por eso el letrado insistió en que “hay muchos negocios en común” entre las familias Báez y Kirchner, calificó como “raros” los dichos de la ex jefa de Estado, y dijo que sobre cada uno de los hechos investigados tiene abundante documentación que la contradice.

¿Vieron? “¡fueron ellos!”

La segunda “verdad” que aportó Cristina es que fueron los sucesivos jefes de Gabinete K –Alberto Fernández, Sergio Massa, Juan Manuel Abal Medina, Jorge Capitanich y Aníbal Fernández– quienes firmaron los contratos de obra pública sospechados de ser parte de una gran estafa a la Nación. Esto también es, en parte, cierto: así se opera en estos casos y es legal. Pero cabe una pregunta: ¿Alguien en el gobierno K podía tomar alguna decisión de ese calibre sin consultar tanto a Néstor como a Cristina, sobre todo presumiendo que tanto Báez como los ex presidentes tenían negocios compartidos?

La verdad a medias y la verdad fuera de contexto tienen efectos más poderosos que la mentira, ya que ambas pueden convencer más fácilmente al receptor del mensaje gracias a la parte de verdad aportada, aunque sea pequeña.

Bueno será entonces que la Justicia separe la paja del trigo y determine la verdad lo antes posible para que de esa manera el país pueda centrarse en trabajar mirando hacia adelante.

Porque si la justicia llega tarde, no es justicia, como tampoco es verdad una verdad a medias.

José Urrutia es jefe de Noticias de diario El Ciudadano.

Dejá tu opinión

comentarios