Lazaro detenido

abril 11, 2016 11:28 am

Son tiempos de mucha turbulencia para la capacidad de asombro de la ciudadanía argentina. Semana donde, también la comunidad internacional queda perpleja ante el conocimiento de “grandes negocios” realizados bajo el impune amparo sociedades offshore y  paraísos fiscales.

Y nuevamente fue el periodismo el que demuestra “esas duras realidades” con la que la gente debe convivir. Periodismo que NO ha cambiado en su modo de investigar, analizar e informar. El mismo periodismo que, por lo menos en la República Argentina, viene “campeando” muchas tormentas que tienden a morigerar primero y “eliminar” después, nuestra digna tarea de informar. Esto último siempre acompasado por esos intereses, tan oscuros como oscuros sus sectarios objetivos en los que siempre en forma intencional perjudican descaradamente a la gente.

Es bueno aclarar que jamás los trabajadores de prensa asumieron roles que solo le competen a autoridades de distintas instituciones o poderes del estado. Aunque muchos sectores de la población los colocaron en funciones de gobierno y con más asiduidad, policías o jueces ante el pestilente avance de inseguridad y corrupción por igual. De allí el mote de “cuarto poder”. Apodo que no aceptamos los periodistas, porque NO existe tal poder y porque nuestra función es la de informar y ¡SOLO INFORMAR!.

En los últimos años el periodismo argentino ha realizado a pié de juntillas un pormenorizado proceso informativo de todo lo que se le ha hecho al país, a sus instituciones y a su gente. Nadie mejor que el periodismo cumplió con leyes y constitución. Sin atropellar instituciones, ni derechos ciudadanos se realizó (y se realiza) la tarea de prensa. Sucede que el accionar de la prensa sobresalió en una tierra apabullada por el “intencional” avasallamiento que sufrió la institucionalidad del país desde adentro y desde afuera del esquema del estado. A los que manosearon y usaron la administración de los bienes de la nación, se agregan los que NO hicieron nada para detener el turbio accionar, léanse organismo de contralor y la justicia. Ambos o no quisieron actuar, o no pudieron. Esto último “casi imposible” porque las leyes existentes son claras, tanto como las atribuciones que les compete para proceder: “ante hechos de corrupción  fiscales o jueces NO actuaron de oficio”. Los pocos que lo hicieron o intentaron hacerlo fueron inadmisiblemente anulados desde los laberintos del poder con sucias maniobras. Ante este panorama solo el periodismo investigó, analizó e informó casos contundentes. Tarea para nada fácil ante la andanada de desprestigio que, como catarata cayó de diferentes sectores interesados de que “nada se sepa y todo se oculte”.

Lo de Lázaro Báez es emblemático de todo lo expresado anteriormente. Contundente caso cuyas derivaciones se centran en las máximas autoridades que gobernaron el país en la última década y que “solo el periodismo” fue capaz de poner en conocimiento de los argentinos. Allí donde Jorge Lanata y un grupo de periodistas investigaron fuera y dentro de la geografía nacional. Cuestión que tomamos en nuestra tarea cotidiana el resto de trabajadores de prensa, para que la comunidad no olvide y que algún juez lleve el caso al único ámbito donde debe estar, ¡la justicia!. Porque ahí debe desenmarañarse  un camino corrupto sin precedentes en la historia del la nación. Saber cómo, hacia donde y bajo el amparo de quién Lázaro Báez incrementó en 1.200 % su patrimonio en solo cinco años. Que como informara en forma detallada la colega Lucía Salinas (diario Clarín), Báez de tener $5.439.641,32, pasó a declarar $66.851.903. Que en el año 2010 posicionado como el principal adjudicatario de la obra pública en el sur del país, duplicó su patrimonio de $34 millones a $66.160.762. Un correntino que se había afincado en la Patagonia, que sólo tenía una casa, un cargo en el Banco Residual creado cuando se privatizó el Banco Santa Cruz, y nada que se asemeje a una fortuna.  Agregando más adelante la periodista de Clarín que “durante los doce años de kirchnerismo la ecuación se invirtió: en cinco años aumentó 12 veces su patrimonio y sumó 79 propiedades, siendo el “favorito” del Gobierno de Cristina Kirchner para la obra pública”, remarcó la colega.

Lázaro Báez es un caso emblemático del desprestigio argentino ante los ojos de un mundo que nos ve como un país extremadamente corrupto. Pero no es el único y mucho menos el único que fue conocido bajo la lupa de la prensa. Amado Boudou, ex ministro de economía de la nación (gobierno de Néstor Kirchner) y ex vicepresidente de la nación (gobierno de Cristina Kirchner) quien junto a “un tal José María Núñez Carmona” conformaron la sociedad The Old Fund para adueñarse indebida e impunemente de la empresa Ciccone Calcográfica. Allí se utilizaron sucios métodos con organismos claves del estado como la AFIP y se produjeron millonarias maniobras con un testaferro llamado Alejandro Vandenbroele. Más atrás de este caso que hoy la justicia está tratando, el periodismo investigó el caso de Ricardo Jaime (ex Secretario de Transporte en la presidencia de Néstor Kirchner). Uno de los funcionarios que con más evidencia está ligado a enriquecimiento ilícito por coimas y dineros públicos.  Coimas que también sobresalen cuando se recuerda el caso Skanska, donde esta empresa sueca debía construir dos gasoductos (Norte y Sur argentino) y que habría pagado coimas a funcionarios nacionales en alrededor de un 152% de sobrefacturación que representó unos 17 millones de pesos. Los sucios millones siguen con los conseguidos desde laboratorios y droguerías para la campaña presidencial del primer gobierno de Cristina Kirchner, donde fue procesado el superintendente de salud y jefe de campaña Héctor Cappacioli.

Los ejemplos se multiplican a medida que uno recorre los pasos del periodismo argentino. Hasta allí donde el gobierno de la Alianza pagó jugosas coimas a senadores de la nación para “modelar leyes laborales” que perjudicaron a trabajadores. O el crecimiento del narcotráfico que se le adjudica a Eduardo Duhalde ( ex presidente y ex gobernador) en la provincia de Buenos Aires, como base para introducirse luego en todo el país. O todos y cada uno de los aspectos corruptos que tuvo en una década de gobierno la administración de Carlos Saúl Menem.

Hoy, en el periodismo nos encontramos en saber hasta qué punto el presidente Maurico Macri cumplirá con ese objetivo de estado contraído ante los argentinos al asumir su mandato: “transparencia y combatir la corrupción”. El caso Panamá Papers que lo envuelve por estos días lo ha colocado ante la comunidad argentina “en una incómoda situación”. Por ese gran escándalo mundial, descubierto por “un grupo de periodistas internacionales” y que involucra a figuras de la política, del deporte y primeros mandatarios de distintos países del planeta, fue imputado el presidente argentino y de lo que deberá rendir cuentas ante la justicia, como él mismo lo anunció oficialmente.  Una cuestión que sin ningún tipo de censura es analizada e informada por la prensa nacional. Aspecto que no puede ser de otra manera, pero que es bueno resaltar, ante tantos años de groseros impedimentos e injurias en los que los periodistas fuimos sometidos.

Los trabajadores de prensa continuaremos relatándole al ciudadano estos tiempos de nuestra vida de país. Ejerciendo como siempre nuestra digna tarea de informar, mientras las instituciones y los poderes del estado retoman con autoridad el ejercicio de observar, investigar y juzgar esos aspectos que le han hecho mucho daño a la nación y que no deben regresar y debilitar la verdadera democracia argentina.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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