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julio 16, 2016 10:28 am

El debate está instalado. La primera muerte de un ocupante de un vehículo autónomo potenció la polémica: cómo distribuir las relaciones de culpa y el reparto de responsabilidades en siniestros en los que intervengan autos de conducción automatizada. El caso Joshua Brown, el ciudadano norteamericano de 40 años que falleció a bordo de un Tesla Model S, reviste carácter bisagra para las compañías aseguradoras.

El accidente fatídico está en vías de investigación judicial. El software del vehículo que controla la dirección, la aceleración y el frenado falló. El primer deceso imputable al piloto automático de Tesla ocurrió en una carretera de Florida cuando un camión con remolque atravesaba una ruta perpendicular: ni los sistemas de prevención del vehículo se activaron ni el conductor reaccionó antes del impacto. Las especulaciones sugieren que Brown no respetó las recomendaciones de seguridad de la compañía.

La Administración Nacional de Seguridad de Tráfico en Carreteras –NHTSA– abrió una “investigación preliminar” con el propósito de determinar el correcto funcionamiento del piloto automático. El fallo podría señalar a Tesla como responsable del siniestro, en una resolución sin precedentes. El estudio del caso que releva el desempeño de la tecnología al servicio de la automoción podría retrasar el dinámico devenir de los autos dotados de inteligencia artificial.

Elon Musk, CEO de Tesla Motors, entiende que el ritmo de las normas y las leyes que regulan los vehículos sin conductores viaja más lento que las voluntades tecnológicas aplicadas al mundo de la automoción. Como apelativo al deceso que conspira contra el ambicioso proyecto de la compañía, Tesla respondió con una comparación fáctica de siniestros fatales: fue la primera víctima mortal en 130 millones de millas de uso del piloto automático, en contraste con una tasa de mortalidad de los Estados Unidos de uno por cada 94 millones de millas recorridas por vehículos convencionales. Como dato subyacente, los coches autónomos de Google sólo recorrieron 1,6 millones de millas e intervinieron en incidentes de poca relevancia.

La conducción autónoma afronta una transformación cultural y paradigmática que propone reconfigurar el mundo de la automoción y sus áreas vinculantes. Al rubro de las aseguradoras le cuesta asimilar aún la magnitud de este fenómeno. Las pólizas para los vehículos automatizados no respetan una lógica uniforme. Representan un escenario arbitrario, joven de análisis y virgen de precedentes. El nivel de las cuotas, el estudio de la responsabilidad, la complejidad de su gen son todo un dilema.

La pregunta entonces es otra. Porque las compañías automotrices que desarrollan estas tecnologías sueñan con alcanzar la siniestralidad cero, una utopía del mundo moderno que desvela a los genios de Google, de Tesla, del resto de los esfuerzos comerciales en el desarrollo de vehículos de conducción automatizada. ¿Qué será de las aseguradoras en un futuro sin accidentes viales? El caso Joshua Brown instaló el debate./ Fuente: Infobae.com

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