Cornejo

junio 10, 2016 4:10 pm

Ya pasaron seis meses desde que Alfredo Cornejo asumió el desafío de devolverle a Mendoza el brillo que tuvo en gran parte de su historia. O, por lo menos, con una meta mucho más modesta, restablecer el orden perdido en años de desmanejo absoluto, de desborde total, de una –por lo menos, y en el mejor de los casos– mala interpretación de lo que significa gobernar para el pueblo sin utilizar el populismo para lograr otros fines.

Cornejo no tiene –para bien o para mal– pelos en la lengua, lo que le genera no pocos contratiempos. Pero lo que muchos llaman obstinación o arbitrariedad, lo utiliza para lograr su cometido. “Tenemos que enderezar el camino”, dijo el martes pasado en el foro de la Asociación de Ejecutivos de Mendoza (AEM), para redondear con una afirmación: “…y siento que lo estoy logrando”.

Claro que entiende acertadamente cuáles son las reglas de juego y no se ilusiona con un camino sin sobresaltos, sin piedras ni palos en la rueda. Por eso resume, como futbolero que es, cómo ve el campo en el que toca jugar: “Una cosa es la táctica en la pizarra y otra lo que se puede hacer en la cancha”.

Lo bueno…

A seis meses de llegar Cornejo al cuarto piso de la Casa de Gobierno, es necesario recordar una de sus frases más contundentes. “Se acabó el despilfarro”, dijo en la ceremonia de asunción el 9 de diciembre pasado. Y esa afirmación la convirtió en una meta prioritaria: achicar el Estado, gastar menos y hacer más eficiente a la Administración pública, desquiciada e ingobernable.

En su primer discurso, Cornejo prometió no tolerar la corrupción en su Gabinete y castigar a los empleados públicos que no cumplen, pero además les pidió a los ciudadanos que asuman sus obligaciones, que cumplan las leyes, que respeten a maestros y policías y que estén sobre sus hijos para que cumplan con la escuela. Y puso el foco, como a lo largo de su campaña y en la prolongada transición, en “la educación, la salud y la seguridad”.

¿Lo podrá cumplir? Obviamente es poco el tiempo transcurrido como para hacer un pronóstico, pero todo indica que va en ese camino, aunque la meta es a largo plazo. Además, pocos dudan a esta altura del partido –para usar otro término futbolero– que era necesario aplicar con firmeza medidas destinadas a lograr revertir una situación muy difícil.

Para conseguir su propósito, Cornejo cuenta –además de sus socios en el frente Cambiemos en Mendoza– con el apoyo de referentes justicialistas, como los hermanos Bermejo en Maipú y los Félix en San Rafael, quienes han entendido cómo es el juego de la democracia y no dudan en sostenerla, mientras el Gobernador aplica lo que mejor sabe hacer: aprovechar al máximo las coincidencias.

En cuanto a su relación con el Gobierno Nacional, y con Mauricio Macri en particular, tiene una ventaja sobre su antecesor, Francisco Paco Pérez, y es que éste debió soportar a diario el ninguneo de la ex presidenta Cristina Fernández y relegar beneficios para Mendoza, como puntos en regalías y coparticipación, a cambio de conseguir sólo migajas para las exiguas arcas del Estado.

Por el contrario, Cornejo ya dio muestras de que el apoyo que Macri consiguió en la provincia le sirve de base para no transigir en aspectos fundamentales para las finanzas estatales, y eso le permitió reclamar con firmeza la cancelación de la deuda que la Nación tiene con la Provincia, sin dejar por eso de mantener una buena relación. Incluso, seguramente podrá obtener inversiones del Estado nacional para la realización de algunas obras estratégicas de infraestructura.

Lo malo…

Cuando Cornejo asumió, se encontró, como ya se sabe, sin una moneda en la caja y con una enorme deuda. no había plata para abonar los sueldos de los empleados públicos ni para cancelar las deudas contraídas con los proveedores. Ese panorama, por sí solo, ya era una enorme dificultad para comenzar a gobernar, pero poco después –como era previsible– se sumó la pelea con los gremios estatales, sobre todo con los más combativos y menos negociadores.

“No voy a pagar un peso más de lo que pueda”, advirtió convencido de cuál es el límite de las posibilidades en cuanto a sueldos.
Ya en el mismo momento de la asunción, la referente de ATE Raquel Blas lamentó el discurso de Cornejo. “Fue muy amenazante para los trabajadores”, dijo, y con eso preanunciaba lo que vendría en la relación Gobierno-gremios.

Las discusiones paritarias fracasaron y finalmente debió cerrar el tema fijando aumentos por decreto –en el caso de los educadores aplicando además el ítem ‘Aula’, que al final trajo buenos resultados–, lo que le ocasionó soportar marchas y acampes, como el del 1 de mayo frente a la Legislatura o la olla popular en la Casa de Gobierno que terminó con heridos. “No hay diálogo, sino violencia”, expresan los gremialistas, con Blas y Roberto Macho a la cabeza.

También fueron resistidas las leyes de Emergencia Sanitaria y de Prisión Preventiva, además del proyecto para limitar la descentralización de los hospitales –lo que significa, a su vez, quitar la autarquía que hasta hoy tienen–, con media sanción de Senadores pero todavía no aprobado en Diputados. En todos los casos, tanto los gremios estatales como los legisladores del FIT se opusieron con duras críticas.

En el plano financiero, el Gobierno se siente satisfecho por las ofertas que recibió en el exterior, logrando colocar el mayor bono internacional de la historia de Mendoza: 500 millones de dólares que se destinarán a atender los vencimientos de deuda de este año y a cerrar el déficit fiscal. Pero la mala noticia es que los intereses son elevados y los créditos no podrán utilizarse para obras de infraestructura, tan necesarias para generar trabajo.

…Y lo feo

Aunque la mayoría de los mendocinos reconocen en Cornejo su capacidad de gestión y su decisión de transformar la Provincia, otros le critican las formas. Incluso, entre los integrantes de su círculo más cercano en el Ejecutivo suelen comentar que su estrategia de encarar los problemas de manera personal choca con lo que algunos entienden debe ser por consenso.

“El Gobernador va al frente y muchas veces no consulta con los demás funcionarios”, comenta alguien que transita a diario los pasillos del cuarto piso, reflejando una de las características del mandatario. Dureza, firmeza y personalismo son tres calificativos que le caben a la manera en que toma las decisiones, y habrá que preguntarse si es necesario hacerlo de esa forma, aunque, por lo que se ve hasta ahora, a los vecinos no les interesan las peleas políticas sino los resultados, lo que le proporciona un respaldo social bastante considerable.

Por ahora, la meta es complicada

Las palabras de Alfredo Cornejo en el foro de la AEM, en el más reciente de sus discursos, es una suerte de reducido balance de medio año de gestión y un anticipo de lo que viene, sabiendo que no quedará en la historia de Mendoza precisamente por encarar grandes obras públicas, sino por lograr –en el mejor de los casos– salvar un barco que, como el Titanic, iba directamente a la destrucción.
Será difícil salir del día a día para comenzar a planificar a largo plazo, y por eso la meta importante, pero por ahora modesta, incluye pagar sueldos en tiempo y forma, hacer que los hospitales funcionen decentemente, mejorar en lo posible la seguridad y la educación y sanear las cuentas públicas honrando la deuda con los proveedores y los compromisos asumidos por la Provincia con los organismos financieros.
De todos modos, ilusionado, el Gobernador lanzó un desafío: “El año que viene, la Provincia crecerá el doble que la Nación. Si a nivel nacional el crecimiento es del 3%, en Mendoza será del 6%”, arriesgó.
Seguramente confía en sus armas basadas en su férrea voluntad, la eliminación del despilfarro, el apoyo del Gobierno nacional y el deseo de que los mendocinos asuman sus obligaciones y cumplan las leyes. Claro que tendrá que pelear con situaciones que le son ajenas, una de ellas la inflación. Nada menos. /José Urrutia

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