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marzo 26, 2015 11:58 am

Este año el Aeroclub Mendoza, situado en Luján de Cuyo, uno de los precursores de la aeronavegación en el país, cumple cien años. Para conocer más acerca de la actividad, El Ciudadano dialogó con su presidente, Lorenzo Lolo Azcárate, un hombre que superó las 10 mil horas de vuelo en 50 años como piloto.

Haciendo historia
Lolo comenzó su carrera como piloto comenzó hace medio siglo en el Este mendocino, y apenas nos recibe ya podemos apreciar que no sólo ama volar, sino que además se encuentra al tanto de todo lo que evolucionó con la tecnología de la aviación y mantiene un entusiasmo intacto por ella.
“Hace 50 años que vuelo”, dice, y después explica: “Empecé en el Aeroclub de San Martín haciendo cursos de pilotaje con Jorge Allub, un viejo amigo que era el presidente del club. Hice el curso de planeador, de piloto de avión, piloto comercial y comercial de primera”.
“Luego entré a la Gobernación y durante muchos años transporté a casi todos los gobernadores. Trajimos los aviones de Estados Unidos en 1971, después fueron pasando una cantidad de gobernadores, del proceso militar y luego Llaver, Bordón, Lafalla y Gabrielli. En esa época, los aviones ya eran viejos, se operaba desde el Aeroparque (hoy base Cóndor, desde donde se desplazan los helicópteros de la Policía de Mendoza), así que el Gobierno remató esos aviones y con un amigo compramos dos y empezamos a hacer servicio de taxi aéreo”, continuó.

Principal pista alternativa
El Aeroclub Mendoza está ubicado en La Puntilla, en Luján de Cuyo, y reúne a 60 socios. Allí funciona una escuela de pilotos y es además la segunda opción de aterrizaje de la Ciudad de Mendoza. “Hace unos 15 años vine a recalar al aeroclub porque cerró Aeroparque. El aeródromo se ha transformado en una alternativa muy importante del Aeropuerto El Plumerillo por cualquier cosa que pase, y ante una emergencia, los aviones medianos y chicos pueden bajar en nuestra pista porque tiene 1.200 metros”, afirmó.
“En El Plumerillo, por el movimiento que tiene de los vuelos de líneas aéreas comerciales y la Fuerza Aérea es casi imposible que puedan operar los aviones chicos, entonces se derivan para acá, donde les podemos dar ‘hangarage’ y servicio de combustible. Estamos ubicados en un lugar excepcional, dada la cercanía que tenemos con la Ciudad de Mendoza”, aclara Azcárate.
“En el aeroclub no sólo se realizan despegues y aterrizajes relacionados a la actividad privada, sino que además posee una escuela de vuelo de la que han egresado pilotos que hoy están desempeñándose en vuelos comerciales en Aerolíneas Argentinas, Austral y Lan Chile”, relató Lolo, y orgulloso sumó un dato importante que pocos conocen: “Desde este aeródromo se han desplazado y recibido aeronaves que trasladan órganos para ser utilizados en transplantes”.

Un siglo navegando los cielos
El Aeroclub Mendoza está emplazado en terrenos que pertenecieron en el pasado a la familia Casale (también pioneros en la aeronavegación) y se fundó oficialmente el 2 de agosto de 1915. “Este año cumplimos cien años, después del Aeroclub Argentino creado por Jorge Newbery”, contó Lorenzo para explicar cómo fue el principio de la historia del aeroclub y, de alguna manera, el principio de la aeronavegación en el país.
“La comisión se dedica a hacer obras dándoles a los privados la posibilidad de que construyan sus hangares en nuestro terreno y después de diez años pasen a manos del aeroclub, cuando empezamos a cobrar el servicio de ‘hangarage’. También tenemos una confitería, la sala de pilotos y aviones para aprendizaje y práctica de los alumnos”, agregó.

Ser piloto, ayer y hoy
La historia de Lorenzo con los aviones empezó cuando tenía 20 años y pasaba por la puerta del aeródromo de San Martín cada vez que iba a visitar a una señorita que tiempo después se convertiría en su esposa. Un día, se detuvo a preguntar y Julio Allub lo metió de lleno en el mundo de los pilotos, en el que ha superado las 10 mil horas de vuelo.
Repasamos con él cómo se logra la experiencia y cuáles son las etapas por las que un piloto debe atravesar: “Los alumnos tienen que cumplir 40 horas de vuelo, y entre las 15 y las 20, de acuerdo a su habilidad, ya pueden volar solos alternando con vuelos acompañados de un instructor. Cuando cumplen las 40 horas viene un inspector de Buenos Aires a tomarles examen, cuando llevan 200 horas pueden rendir para ser piloto comercial y con 900 horas, un piloto puede medirse para ser piloto comercial de primera y entrar a una línea aérea”.
Dice que esta es una carrera que puede llevarle muchos años a quien desea ser piloto y cerró: “Volar es una de las actividades más caras que hay y muchos pilotos trabajan en lo comercial a fin de juntar las cantidad de horas necesarias”.

Anecdotario personal
En más de 50 años de volar, Lorenzo no sólo ganó experiencia y horas de vuelo, sino también amigos y anécdotas tales como haber sido el piloto de muchos de los gobernadores mendocinos, cada uno con su forma particular de relacionarse con los aviones: “Uno de los gobernadores con los que mantenía una excelente relación fue Felipe Llaver, quien cuando subía al avión decía que ese era el momento en el que los pilotos mandan más que el gobernador”, relató Lolo. También recordó algunas anécdotas simpáticas, como la del gobernador José Octavio Bordón, que le tenía aprehensión a los aviones y la mejor forma de que viajara tranquilo era darle la butaca de copiloto y explicarle todos los detalles, las normas de seguridad y todo lo relacionado con las aeronaves.

Lo Cortéz no quita lo valiente
Entre otras anécdotas, Lolo recordó una en especial: “Un día que estaba trabajando en mi negocio vino la secretaria para avisarme que me llamaba por teléfono Alberto Cortéz. Le dije en broma que le contestara que estaba charlando con Frank Sinatra, pero ante la insistencia de la chica lo atendí y Alberto me dijo: ‘Resulta que tengo mi abuelita que vive en General Alvear y tengo que actuar mañana y me gustaría ir mañana a la mañana a almorzar con ella y después regresar para la actuación’”. El hombre aceptó, y ese fue el plan de vuelo de Lorenzo para ese día.

Conduciendo a Mr. Zorro
Sin dudas, uno de sus recuerdos más simpáticos tiene ribetes cinematográficos. “Cuando empecé a volar con mi taxi aéreo cerca de los 80, me llamaron para hacer el recorrido Mendoza, San Luis, Villa Mercedes y San Rafael. Era para trasladar nada menos que a Guy Williams, el actor estadounidense que interpretó a El Zorro (entre otros personajes, allá por los años 60). Le gustaba mucho la Argentina y había contratado a Fernando Lúpiz para batirse a duelo, ya que éste era campeón sudamericano de esgrima. Este hombre tenía una cadena de supermercados en Estados Unidos, se había separado de su familia y viajaba con su novia italiana, 30 años menor. La debilidad de Williams era dormir hasta las 12, comerse un bife de chorizo grande casi crudo mientras se tomaba un vino Valentín Bianchi y después hacer alguna presentación en algún evento o programa de televisión”, recordó Lolo entre risas.
“Volar es una actividad que tiene sus riesgos, si bien es el medio de transporte más seguro, porque de eso no hay dudas y cuando ocurre una catástrofe sale en la primera plana de todos los diarios del mundo, al avión tenés que mirarlo con el mismo respeto desde el primer día que te subís hasta el último que te bajás”, concluyó el experto piloto./ Rebeca Rodríguez

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