Vamos Argentina

diciembre 11, 2015 7:30 pm

La frase sonó con la fuerza del convencimiento de un hombre fiel a la democracia de su país. Hombre que había asumido el sublime compromiso que le otorgó el soberano para recuperar las instituciones de la nación y reflotar definitivamente la constitución, inadmisiblemente pisoteadas por el mortal paso del autoritarismo. El hombre, el ciudadano, Raúl Ricardo Alfonsín tenía ante sí esa histórica responsabilidad. Que supo responder sin dilación alguna y con esa honorabilidad que lo instaló en las páginas doradas de la historia argentina.

Pasó mucho tiempo y muchas cosas en la nación. Y uno tiene la sensación que gran parte de su dirigencia política no supo o no quise asumir esos buenos legados que fue aportando una democracia que se instaló para siempre en la vida de país. Dirigencia política que dio rienda suelta a sus propias apetencias de poder implementando reprochables modalidades que le hicieron daño al sistema y al modo de vida de los argentinos. Corrupción, autoritarismo, violaciones permanentes a leyes y avasallamiento a los poderes del estado debilitaron en forma preocupante “esa democracia”.

Los sucesos de estos días y en la forma que se ha llevado adelante el traspaso del poder ejecutivo a quienes se impusieron en la segunda vuelta electoral, son ese lamentable ejemplo de lo expresado. Pero también es el muestrario del porqué la gente dio un golpe de timón a su presente mirando el futuro. Giro que por estas horas exterioriza ese ciudadano en cada pueblo y ciudad de la nación, siendo su epicentro la capital del país.

Evidentemente, en estos instantes, al mundo no le caben dudas  que la República Argentina no estaba pasando buenos momentos. Que ello no implicaba solo un tema económico y financiero, también lo era en su vida ciudadana, en su derechos, en sus instituciones y esa democracia, vil e intencionalmente acotada.

Por estas horas se siente esa increíble y agradable sensación de caminar  por cada rincón de la tierra argentina, respirando  ese tiempo nuevo que implican esperanzas de alcanzar soluciones a los graves problemas que envolvieron primero y encapsularon dantescamente después, el vivir del ciudadano de aquí.

“Ojalá que todo esto NO sea efímero”, es el pensamiento generalizado que suena con fuerzas en el alma de la nación. “Ojalá que este nuevo tiempo elegido por el soberano” se instale con la limpieza institucional que el pueblo argentino merece. “Ojalá que el presidente ungido” tenga la sabiduría y capacidades de interpretar a su máxima expresión que el trabajo, la producción, el comercio, las inversiones, el crecimiento, la salud y la educación encierren a todos los habitantes por igual. “Ojalá que el flamante presidente” tengan la sensibilidad y la coherencia de comenzar a revertir pobreza, desocupación, desnutrición infantil que condiciona el futuro intelectual del país y sus habitantes. Además de terminar en la tierra que produce todo tipo de alimentos, con esa (hasta ahora negada) mortalidad infantil que le lleva el legado de vida de Argentina, ¡sus hijos!. “Ojalá que el nuevo presidente tenga la firmeza de exterminar  la inseguridad, el narcotráfico y esa nociva corrupción que domina el escenario del país y la vida de la gente, hasta quitársela.

En definitiva, “ojalá que el presidente Mauricio Macri”  sea ESE ciudadano que hoy necesita Argentina y por lo que su gente determinó administre la nación. Porque entonces “el flamante presidente Mauricio Macri” elegido en democracia, ungido en democracia y ejerciendo en democracia: “habrá curado los males heredados en democracia, con más democracia”.

Por Daniel Gallardo – Diario El Ciudadano on line

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