Portezuelo

octubre 18, 2016 10:19 am

La historia de este emprendimiento está ligado desde sus albores con acontecimientos políticos que hicieron, que la misma se desvaneciera o resurgiera, con el entusiasmo y el desencanto que implica estar atado a la coyuntura, mas no a políticas de estado.

Las primeras miradas sobre el Río Grande se hicieron en el año 1950. Ya en esa época se anotaba como un imponente emprendimiento hidroeléctrico que entusiasmaba a los mendocinos y embelesaba a la región y al país por el aporte de fortalecer el sistema energético nacional, una vez terminado el mismo.  Cuestión que se “deprime” inmediatamente tras el derrocamiento del presidente Juan Domingo Perón y pasa al archivo inmediato de lo prioritario en obra pública. Posteriormente entre los años 1968 y 1972 se reactivan algunas ideas, siempre buscando el aprovechamiento de una masa de agua, que por volumen y caudal continuaba demostrando su gran potencial energético renovable. Es por eso, que en el año 1993, durante la administración de Rodolfo Gabrielli (PJ), Mendoza sanciona la Ley 6.064. Instrumento que declara de interés provincial la obra de Portezuelo del Viento.

Como se aprecia, el proyecto de la represa traspasó décadas entre gobiernos civiles y militares, y solo quedó en eso, “una buena idea”. Las especulaciones, la ausencias de políticas de estado y los financiamientos que se acercaban o alejaban, según los avatares económicos y financieros que vivió el país, fueron los aspectos fundamentales para que no se concretara. A la vez, irónicamente, fueron esos vitales puntos para que no pasara al archivo definitivo de las frustradas obras que ha tenido la historia de la provincia de Mendoza.

El momento más cercano que tuvo la provincia de construir Portezuelo del Viento, fue durante la administración del presidente Néstor Kirchner. Momento que también deja al descubierto eso, que el proyecto de la obra estuvo atado a los tiempos políticos del país y a los intereses mezquinos de los mismos.

En aquella oportunidad (2005) el gobernador Julio Cobos había encarado en la Corte Suprema de Justicia de la Nación una fuerte demanda al estado nacional. En la misma se buscaba obtener millonario resarcimiento a Mendoza, por el perjuicio que le había producido la aplicación de la polémica ley de promoción industrial en las provincias de San Luis, La Rioja y San Juan. En ese momento y al mismo tiempo se producía un movimiento político entre Néstor Kirchner y Julio Cobos, cuyo impacto inmediato, entre otros compromisos asumidos con la provincia, fue la concreción de dos obras: Portezuelo del Viento y el trasvase del Río Grande al Atuel. Este compromiso, en particular, tenía el solapado objetivo de que Mendoza bajara los decibeles de la demanda a la nación por la Ley de Promoción Industrial, a cambio de la construcción de la millonaria mega obra en el sur mendocino.

El otro impacto que tuvo este acontecimiento se concreta en la misma madrugada del 17 de julio del 2008, cuando sonó el “no positivo” del vicepresidente Julio Cobos, en el medio de la crisis que tenía el país por la Resolución 125. Y allí nuevamente, la idea de Portezuelo del Viento sería archivada de todo proyecto hidroeléctrico del país. Pasando dos períodos presidenciales para que estuviera en los presupuesto correspondientes. Dejando una vez más al descubierto que Portezuelo del Viento estuvo atada al ánimo político del momento, donde el mendocino ya no tenía dudas que podía ser premiado o castigado por ese sueño dorado de la esperada obra.

Una obra que una vez concretada  constituiría una presa de embalse de 181 m de altura. Aspecto que implicaría una potencia instalada de 210 MW y una generación media anual de 887 GWh/año. Que, para que se mida la magnitud de la misma, tendría un costo de construcción de más de U$S 550 millones. A lo que se le debería agregar el trasvase del río Grande al río Atuel. Trascendente aporte que acrecentaría las áreas de cultivo en el oasis sur, con una estimación de 58.000 hectáreas más. Y el acrecentamiento del alicaído caudal del Atuel, que solucionaría el conflicto con la provincia de la Pampa y dotaría de mayor potencia energética a la presa de El Nihuil.

Hoy, la Mendoza del 2016, está entre esa dura mirada del manoseo histórico que se ha hecho por la idea del proyecto Portezuelo del Viento o esperar que la presidencia de Mauricio Macri cumpla con “otro compromiso presidencial que tiene la obra”. Mirada con seño fruncido, porque la primera señal no es halagüeña: “Portezuelo del Viento no está el presupuesto 2017”. A pesar que por estos días, desde esferas del gobierno nacional se exprese que hay una decisión presidencial de concretarla, con un llamado a licitación antes que finalice este año. Otro punto que también tendría sus trabas, por supuestas correcciones que se deberían hacer al proyecto original. Algo que pone más escépticos a los ciudadanos de aquí. Habitantes que consideran que la mega obra del sur seguirá siendo “una idea” atada a las torcidas determinaciones de “san política”. La misma que continúa diciéndole a los mendocinos que no merecen Portezuelo del Viento. Inadmisible, pero real.

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