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junio 26, 2016 6:10 pm

Fue en aquel buen momento de la administración radical de Julio Cobos que el diablo metió la cola; y tan profunda la incursión que hizo colapsar las estructuras internas del centenario partido. Fue esa irresistible tentación al corazón de los que hacen política que muchos se embarcaron en las creencias de un proyecto de país con un sostenido crecimiento económico, social, industrial, laboral, productivo y con grandeza intelectual no vista y vivida por los argentinos hasta ese entonces. Para otros en cambio, en su chatura de hacer política, “era el oportunismo de tener cargos con poder y fondos” que implicaba el desafío nacional puesto en la mesa mendocina.

Había nacido la transversalidad. Un engendro ideado por el entonces presidente Néstor Kirchner para cooptar al entonces gobernador mendocino Julio Cobos. Aspecto que no fue al azar; “se sabía y se temía que la ascendente figura del radical mendocino ya pisaba fuerte en el contexto nacional”. Una cuestión que debía neutralizarse a como diera lugar por el bien “del proyecto hegemónico nacional y popular que se estaba gestando sobre el país y SUS BIENES”.

El convite kirchnerista fue bien visto por muchos en las huestes del radicalismo mendocino. Sobre todo en el entorno del primer mandatario provincial. Pocos en el Comité Provincial de la calle (Leandro) Alem resistían la idea, entre ellos el ex gobernador Roberto Iglesias, quien junto a algunos dirigentes salió a denunciar la maniobra nacional y expresar sin medias tintas que eso ponía en peligro la propia subsistencia de la Unión Cívica Radical en la vida política del país. Todo lo contrario a lo que expresaban el entonces vice gobernador Juan Carlos Jaliff (hoy senador provincial) y César Biffi (hoy diputado provincial) vocero de “la concertación”, como finalmente se denominó a la movida del kirchnerismo y el cobismo.

Por el lado del justicialismo nadie exponía y mucho menos cuestionaba públicamente el paso dado por el entonces presidente Néstor Kirchner. Fieles a la doctrina del peronismo se mostraba nuevamente el verticalismo y la obediencia debida. Aunque los periodistas podíamos notar el ceño fruncido de muchos que ya vivían en “su cuero político-militante” el incontenible avance “K” sobre ellos, su doctrina, la historia de Perón y del propio país.

Ante todo esto a nadie en aquel entonces le sorprendió que a Julio Cobos se lo ungiera candidato a la vicepresidencia de la nación. Y fue un 25 de mayo del año 2004 en un Teatro Griego Fran Romero Day colmado de militancia y gobernadores que Néstor Kirchner le presentaba a la nación la formula de esa concertación: Cristina Fernández – Julio Cobos. Un momento que fue visto con una mezcla de esperanzas de los que fueron “fieles devotos de ese tramo de la política argentina” y la angustia de los que notaban “señales de una sectaria hegemonía” que haría mucho daño interno al justicialismo, podría ser la carta de defunción de la UCR y el grave perjuicio político, económico y social de la nación.

Para los “radicales concertadores” no pasó mucho tiempo que notaran que el paso dado no había sido correcto, ni saludable para ese proyecto de país que “nunca sería como tal”. El kirchnerismo comenzaba a mostrar que solo habría una voz y una decisión para las políticas de estado a futuro: “las de ellos y solo las de ellos”. Y eso llegó con la misma soberbia sectaria con la que se manejaron hasta el 10 de diciembre del 2015 y con la que algunos continúan haciéndolo. Los muchos radicales que acompañaron a Julio Cobos dan fiel testimonio de cómo durante y después de la campaña presidencial del año 2007el kirchnerismo los dejó de lado en toda determinación que se tomó. Punto del que sobresale el origen de esos millonarios fondos de campaña que hoy la justicia vuelve a investigar y por lo que está procesado entre otros Héctor Capaccioli. Ese sujeto que en columnas anteriores recordábamos porque fue acusado y procesado de oscuras maniobras millonarias como Superintendente de Servicios de Salud. Cuestión en las que se involucró (y no por única vez) el mercado clandestino de medicamentos y la venta de efedrina hacia la fabricación de cocaína.

El radicalismo estuvo en el escenario de ese primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner y “sabe lo que el kirchnerismo hizo y deshizo con los bienes de la nación”. Por lo que, muchos entienden que la UCR debería ser querellante en muchas de las causas que hoy afloran por el peso de la historia que impulsa la gente.

“Mi voto es no positivo”, fue la contundente expresión en la madrugada del 17 de Julio del año 2008, frente a un recinto cargado de horas de debate y tensión política que se volcaba allí desde todo el país. Y fue la frase del entonces vicepresidente Julio Cobos que mostraba dos cosas: “un freno inesperado (para el kirchnerismo) sobre el avance en los bienes del campo argentino que implicaba la resolución 125 y el fin de la concertación”.

Para muchos dirigentes de la Unión Cívica Radical fue también mostrar que el centenario partido se había embarcado en un proyecto de país que se creyó, mas no en el saqueo que a todas luces ya se notaba. Y por esto último es que hoy más que nunca de eso se debería hablar con claridad y en voz alta ante el país y la justicia del país. Porque también están esos “otros radicales” que se quedaron y que de alguna manera fueron cómplices de los cuestionados movimientos del kirchnerismo sobre fondos y la aplicación de autoritarias políticas de dudosos fines.

Es cierto que el campo y su producción tendrán por siempre gratitud y reconocimiento por lo hecho para detener el impune avance sobre el mismo. Una cuestión que de igual modo reconoce la consciencia colectiva del país. Misma visión ante otras caras que notaban diferencias entre los componentes de la “difunta concertación”. Pero la pregunta es ¿eso alcanza  ante los ojos de la historia para marcar necesaria línea divisoria entre lo “correcto y lo incorrecto” de hacer política? Interrogante que hoy tiene fuerza por la embestida judicial que coloca día a día esos sucios hechos y sus actores para ser juzgados. Y allí cae esa porción entre el 2007 y el 2011 donde el radicalismo debería aportar lo suyo. Expresando claramente todo ese glosario de puntos que perjudicaron al país y a la provincia. Quizá el tardío “¡nos equivocamos!”, que sería bienvenido entre la ciudadanía y donde quedaría cerrada definitivamente una historia donde la corrupción envolvió a todos, sin que todos sean sus protagonistas.

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