FAMILIA INGALLS INVERTIDA copia

mayo 25, 2016 12:35 pm

¿Una versión trucha de la serie que todo el mundo recuerda? ¿Fotos exclusivas de lo que pasaba detrás de cámara? La respuesta es NO. Se trata de la publicación de la verdadera novela sobre la cual se basó la serie de los 70, producida por el mismo Michael Landon. En esta publicación se cuentan cosas terribles y reales de lo que le tocó vivir a la verdadera Laura Ingalls, quien formara parte de la emblemática familia de pioneros.

Este libro está arrasando en el mercado editorial americano con esta nueva edición, y básicamente es la autobiografía de Laura Ingalls (1867-1957), autora y protagonista de “La familia Ingalls“. En esa serie de televisión se mostraba una idílica visión de la vida de los pioneros que habitaban en el Medio Oeste americano durante el siglo XIX.

Si tanta expectativa ha levantado el libro, llamado Pioneer Girl: the Annontated Autobiography, es allí se unen la nostalgia de aquellos que vieron en su día una serie ya de por sí basada en la añoranza de tiempos pasados, con el morbo que han generado algunas de las revelaciones del libro, y que señalan que la vida en los Estados Unidos del siglo XIX no era tan de color de rosa como se pensaba.

Laura y Mary, las descuartizadoras de cerdos

En esa época, la vida era dura”, dijo Nancy Tystad Koupal, directora de la editorial que ha publicó las memorias de Laura Ingalls 84 años después de ser escritas. “La violencia era algo frecuente. Era parte de la vida de los pioneros”. Nada de una bonita cabaña en mitad del campo: la familia Ingalls nunca tuvo un hogar en su propiedad, y se veían obligados a mudarse continuamente de un apartamento a otro, a veces en mitad de la noche, cuando no podían pagar el alquiler. Eran unos okupas del siglo XIX”.

De la casa en la pradera al burdel en las montañas

Sólo los más inocentes podían pensar que la serie mostraba la realidad de los estados de Dakota en aquel tiempo, pero pocos se esperaban que la pequeña Laura Ingalls viese tanto horror durante sus primeros años de vida. En un fragmento del libro, la autora explica cómo uno de sus vecinos de Burr Oak roció con kerosene su dormitorio, le prendió fuego y acto seguido procedió a arrastrar a su mujer por los pelos hasta la pira, hasta que fue detenido por Charles, el padre interpretado por Landon.

En otro capítulo, Laura cuenta cómo estuvo a punto de ser violada por el marido borracho de una mujer enferma a la que cuidaba. Pudo librarse del hombre a los golpes. Ingalls también cuenta que su padre, ese santo interpretado por Michael Landon, era en realidad un tipo de mal carácter a quien no le gustaba pagar el alquiler. Todos estos capítulos fueron borrados de las novelas originales, publicadas durante los años 30, y de la serie de televisión que ofrecía al público americano la versión más amable posible de esa sociedad de colonos. En la vida real, Laura y Mary descuartizaban a los cerdos que criaban antes de jugar al fútbol con su vejiga.

Como ejemplo, te contamos que la verdadera Mary también se quedó ciega, pero no por la fiebre escarlatina, como se explicaba en la serie, sino probablemente por meningoencefalitis, causada por una complicación del sarampión; pero era más fácil para un niño de los años 30 entender lo primero que lo segundo. Además, la familia abandonó la pradera no por un malvado terrateniente, como en la serie original, sino por una plaga de langostas.

Un éxito inesperado

Quizá inseguros acerca del público real que podía tener un libro así, los editores decidieron ser cautelosos a la hora de realizar la primera tirada. Se equivocaron: los 15.000 volúmenes impresos en primer lugar se agotaron rápidamente, y pronto se han visto obligados a tirar 45.000 más para hacer frente a la demanda de lectores ávidos de adulterios, espirituosos y folk primigenio.

El libro se publicó por primera vez sin alterar, al contrario de lo que ocurrió con sus previas ediciones y el resto de volúmenes de la serie. No sólo no hay nada de censura, sino que se han respetado los frecuentes errores ortográficos y gramaticales de la pequeña Ingalls. Al final, la casita de la pradera quizá se parecía más de lo que pensábamos al burdel de una película de vaqueros.

 

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