Perro

julio 29, 2016 4:41 pm

Siempre ha existido curiosidad para saber cómo perciben los perros al mundo que los rodea. Aquellos que los amamos podemos de alguna u otra manera entender cómo se relacionan con nosotros, cuáles son sus necesidades básicas y sus pretensiones.

Nuestra capacidad de interpretarlos se va perfeccionando conforme profundizamos el vinculo con ellos y por momentos una sola mirada nos permite descifrar sus intenciones, Pero saber cómo ven el paisaje por donde paseamos, que tipo e intensidad de sonidos escuchan y que variedad de olores perciben, constituyen para muchos una duda existencial. Solo sabemos que no son iguales a nosotros, pero ¿cómo es en realidad? ¿Qué sabe la ciencia al respecto? Aclaremos algunos aspectos

Olfato

Es el sentido considerado más desarrollado y sensible de los perros y esta capacidad le confirió una ventaja para ser incorporado en las diferentes actividades humanas como la caza,  el rastreo o detección de elementos y personas.

Apenas la madre alumbra a los cachorros ellos buscan las tetas a través de un recurso térmico que los hace reptar hasta la madre guiados por el calor y una vez encontrada generan el lazo y la identificación de ella y sus hermanos a través del olfato que le permitirá reconocerlos.

Esta vinculación y su desarrollo olfativo se incrementa con el paso de los días y al igual que todos sus sistemas van desarrollándose con intensidad con el tiempo. Nacen con un olfato muy pobre hasta que en la plenitud de su desarrollo este les permite detectar una variedad e intensidad de olores impensados para nuestra percepción.

Esta facultad tan desarrollada les permite vivir, moverse y relacionarse en un mundo donde existen rutas de olor, pistas olfativas que son  utilizadas para encontrar pareja, para evitar o buscar confrontaciones, para detectar marcas territoriales, para identificar a los amigos y potenciales amenazas.

Tan solo para tener una pequeña dimensión de la diferencia olfativa entre nosotros y ellos debemos saber que el ser humano posee aproximadamente 5 millones de células olfativas mientras que los perros, dependiendo de la raza poseen entre 150 a 300 millones de las mismas.

Para seguir marcando las diferencias debemos conocer que los perros poseen un órgano especial, denominado de Jacobson o vomeronasal que cumple con la función de capturar moléculas olfativas a través del gusto, es por ello que a menudo vemos a los animales lamer superficies, e inclusive sitios donde hay deyecciones urinarias de otros animales.

El objeto de esta práctica es detectar partículas olfativas y específicamente hormonas sexuales que permiten determinar el estado reproductivo de una potencial pareja.

Audición

La capacidad auditiva canina ha sido siempre motivo de admiración por parte del hombre y si bien este sentido madura mas tardíamente que otros, ya que la audición comienza a ser efectiva alrededor de los 10 a 15 días de vida, termina siendo una herramienta fundamental para vida del perro como lo ha sido y es en la actualidad un recurso de supervivencia esencial para sus parientes salvajes como el lobo, el zorro o el chacal.

Los perros poseen una herramienta clave para la audición que son las orejas ya que permiten moverse y modificar sus ángulos así orientarlas hacia las fuentes sonoras para captar con más precisión y nitidez los sonidos. Detectan mejor los sonidos de alta frecuencia inclusive los rangos ultrasónicos que resultan inaudibles para nosotros.

Visión

Este es el sentido donde se han elaborado mitos y las más variadas y confusas teorías. Durante muchos años se sostuvo que solo veían en blanco y negro, pero hoy sabemos que no es así aunque no poseen las mismas capacidades discriminativas de color que los seres humanos. Poseen un mejor campo visual que nosotros, pero menor agudeza visual para los objetos  cercanos a los cuales no definen con precisión sus contornos aunque poseen mucha habilidad para los objetos en movimiento.

Como todos hemos podido experimentar, su visión nocturna está más desarrollada que la nuestra debida a las características especiales de la retina y sobre todo a la  gran capacidad de la pupila para dilatarse y captar la luz existente. En relación a los colores, los perros sí ven en colores.

El tema es que no lo hacen con los matices ni la intensidad con la que nosotros vemos. Es decir, ven colores azules y violetas; los verdes, amarillos y naranjas los perciben solo como tonos amarillos, al rojo no logran distinguirlo y si perciben muy bien los tonos grises. Más allá de las similitudes y diferencias, tanto hombres como perros experimentan el paso del tiempo como un factor que irremediablemente va atenuando las capacidades sensitivas al punto de afectar sutil o severamente a dos de los sentidos más valiosos como la visión y la audición.

No es infrecuente la hipoacusia y la ceguera en nuestras mascotas gerontes, por lo que nuestra paciencia y comprensión con ellos es vital para que sigan disfrutando de una adecuada calidad de vida cuando su almanaque esté perdiendo sus últimas hojas.

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