cadim

agosto 21, 2014 8:58 am

La visita de El Ciudadano al Centro Amigo del Discapacitado Motor (CADIM ) coincidió con el festejo de cumpleaños de Ramón, el mayor de los varones, por lo que no sólo participamos de la reunión, sino que también tuvimos la posibilidad de charlar con los chicos y algunos de sus familiares, esto junto al relato de Fernando Alín, coordinador de la institución, quien nos permitió recorrer la historia de una de las organizaciones más queridas del Este provincial.

Una breve historia de amor
“Empezamos a trabajar en septiembre de 1997 con los papás de los chicos de la escuela Alberto Juaire, ya que empezaba a egresar la primera camada con discapacidad motora y no tenían nada para hacer, no había otro lugar para contenerlos y viendo eso, decidimos crear un espacio; así nació CADIM. En 1998 largamos con las actividades en la calle Soler y Maipú, era un salón muy chiquito con un pequeño baño, ahí empiezan a aparecer personas comprometidas con la institución, como el futbolista Cristian Corrales que juntaba plata entre los jugadores y familias del Club San Martín y eso nos ayudaba a pagar el alquiler”, relataron Fernando y Patricia, fundadores del centro.
En el 2000 alquilaban una casa en la calle Balcarce y en el 2001, en plena crisis, empezaron con la construcción de un nuevo edificio, en un terreno donado por el Ministerio de Economía. “Después de idas y vueltas, hicimos una toma del lugar y empezamos a construir. Fueron tiempos difíciles, ya que mientras construíamos este lugar pagábamos el alquiler de la casa donde funcionábamos”, resumió el coordinador de la ONG.

CADIM por dentro
Durante el relato, algunas cosas llaman la atención: que no existan límites de edad para los ingresantes, que por estatuto los papás acompañen a sus hijos en las tareas, que sean los mismos padres de los chicos, quienes se encarguen de la limpieza y que los profesionales con los que trabajan no cobren sueldos, sino apenas un viático para poder llegar al lugar porque aman su tarea allí. El dato no es menor, ya que los beneficiarios de la institución asisten tres veces por semana, de 15 a 19, y allí realizan actividades que van desde la música, el teatro, talleres de artesanías, panadería, tecnología aplicada, educación física, turismo inclusivo (lo que les ha permitido salir de vacaciones en varias oportunidades), además cuentan con servicio de kinesiología, odontología, fonoaudiología, e incluso, reciben la visita de un fisiatra cada 15 días que colabora con su rehabilitación.
“Acá los chicos no están obligados a pagar una cuota, pero sí les pedimos que asocien a algunas personas (amigos, familiares, conocidos) y, con el aporte de ellos, los chicos se aseguran la participación y los beneficios de pertenecer a CADIM. No tenemos convenio con obras sociales, lo único que les cubre a los chicos es el transporte, pero si la obra social del chico quiere hacer un aporte en forma solidaria queda librado a su buena voluntad”, detalló Fernando, sin perder la esperanza de que esto suceda.

Suma de voluntades
CADIM tiene vínculos con los municipios y San Martín les paga el odontólogo que atiende no sólo a los chicos de la organización, sino también a la comunidad de la zona. Junín les ayuda con el mantenimiento del predio y Rivadavia contrata desde hace tiempo a uno de los chicos para que cante en su festival, pero sin duda, el lazo más fuerte lo tienen con la comunidad, ya que al tratarse de una institución que no recibe aportes de las obras sociales, crece y se desarrolla gracias a los aportes solidarios de las familiares y los amigos.

Cada uno con su tablet
Gracias al taller de Tecnología Aplicada, los chicos empezaron a familiarizarse con la informática y gracias a las redes sociales y un contacto en Uruguay mantuvieron una video conferencia con José Pepe Mujica, mediante la que hablaron con él durante más de media hora. Esa charla con el primer mandatario uruguayo fue el puntapié inicial de un nuevo desafío: que cada uno de los chicos tuviese su propia tablet para seguir desarrollándose.
“Le pedimos al Gobierno ingresar al programa ‘Conectar Igualdad’, primero nos dijeron que sí y después que no, porque no somos una ONG, ni una escuela especial”, detalló Fernando.
Lejos de bajar los brazos ante la negativa del Gobierno nacional, la comisión directiva hizo bonos contribución y, gracias a la comunidad que los apoyó, el 8 de agosto cada uno de los integrantes de CADIM recibió su tablet, algo que quedará en la historia de la institución como uno de los momentos más emocionantes.
“Nos caracteriza la lucha, el compromiso y la inclusión”, resume el coordinador a lo que sólo podemos agregar que cada uno de los miembros expresa admiración plena por su par y se siente orgulloso de ser parte de una historia de constante superación y pleno amor.

Ramón, por Nilda (su hermana)
“Ramón es el mayor de los varones, sufre de parálisis cerebral. Hasta los 14 años mi mamá hacía el sacrificio de viajar desde Rivadavia a Irpi, en Godoy cruz, todos los días para llevarlo a rehabilitación. Tiempo después, abrieron una institución en Rivadavia, pero Ramón superaba los 18 años, así que no le permitieron el ingreso. Llegué a CADIM gracias a Marisa, una amiga de la infancia, y desde allí mi hermano empezó a tener vida, amigos y actividades propias. Fue un cambio total en su vida. CADIM es su familia, al punto que hoy está cumpliendo años y lo está festejando acá. Hemos recibido más contención en esta organización que en la propia familia porque sentimos las mismas cosas por lo que nos entendemos mejor. Acá logran que los chicos y los familiares hagan cosas que no habían pensado hacer antes: como un vuelo de bautismo. Lo hice por acompañarlo a él, también en unas vacaciones con el grupo a San Rafael terminé haciendo rafting, y por mí no lo hubiera hecho, pero por él sí”, concluyó Nilda, orgullosa de los logros de su hermano Ramón.

Facundo, por Maru
“La psicóloga me dijo que no tenía que ir a una escuela especial, sino rural y no funcionó, hasta que lo llevé a la escuela Juaire y cuando terminó ahí llegué a CADIM. Para su cumple de 18 años, Facu nos sorprendió cuando se bajó del caballo y empezó a cantar. Después lo llevé a una profesora, y Fernando y Patricia se dieron cuenta de que tenía talento para la música y acá le pusieron todas las fichas y una profesora. Siguió aprendiendo, al punto tal que el año pasado cantó en la beatificación del curita Brochero (Córdoba). Cantó el solito y con pista, ante 219.000 personas, porque los profes no podían ir. Además, Facundo está contratado por la Municipalidad de Rivadavia desde hace un tiempo y actúa en el Festival Rivadavia Canta al País”, dijo feliz Maru.
También Facu, cantó en el Festival del Bonarda en San Martín, donde al escucharlo Valeria Linch, lo invitó a que fuera a la carpa donde estaba la artista y le dijo que le cantara algo. “Facundo le cantó A mi manera y ella no sólo lo felicitó, sino que también le regaló una beca para que estudiara en su academia. En marzo arrancó con las clases y cursa los lunes, entonces Fernando lo lleva, lo espera y lo trae de vuelta”, detalló Maru./ Rebeca Rodriguez

Dejá tu opinión

comentarios