macri-g20

septiembre 11, 2016 9:17 am

Según escribe hoy el periodista Fabián Doman en Infobae.com, “así como las malas noticias se acumulan, también las favorables pueden venir todas juntas. Algunas son perceptibles en la superficie: en la misma semana, el Gobierno logró un fallo favorable de la Corte Suprema a uno de los tarifazos (el de la luz) y confirmó que la inflación, su gran debilidad, comenzó a bajar en serio. Otras son más profundas y técnicas: el contexto económico internacional no puede ser más favorable para Macri. A las tasas cero de endeudamiento financiero, se suma el sostenimiento del precio de la soja, el incipiente crecimiento de la economía brasileña y la nueva recuperación china. ¿Qué más se puede pedir? Mejor inclusive que el primer Kirchner, quien no gozó de créditos internacionales a precios de saldo”.

Doman estima que “la inflación, el gran drama del primer semestre, aparece como domada. No dejó de ser un problema como aventuró Prat Gay (¿es verdad que volvió a renunciar en China?), pero claramente dejó de ser una mala noticia para convertirse en una buena. Si bien es fundamental para el ánimo del mundo económico y también del ciudadano común bajar la barrera del 1% en agosto, la clave pasa por otro lado: lograr que el año cierre por debajo del 40%. Poco importa si esta mejoría mensual es fruto de un juego estadístico -honesto al fin- que descuenta los tarifazos de luz y gas. Si se logra una inflación anual de entre 38 y 40% significa que no habrá nueva ronda de paritarias, porque los acuerdos salariales habrán quedado por debajo en porcentajes recuperables en la futura negociación. Con agosto en -1, la inflación anual está cerca del 44%. Poco importa, por estas horas, que haya cálculos que señalen que la inflación de octubre podría volver al 2% y que el núcleo se ubica en el 1.4-1.5%. No hay tiempo para pensar a más de una semana. Letra chica: cerrar el año con una baja del salario real no es un dato menor, pero como el plan económico macrista no se sostiene en el consumo sino en el ordenamiento de la economía y las inversiones futuras – tesis expuesta el viernes por Roberto Lavagna-, el tema por ahora puede esconderse debajo de la alfombra. Al respecto: hay un campeonato entre consultoras para ver quién tiene el peor dato de caída del consumo en agosto”.

El contexto financiero internacional ha mutado la “lluvia de inversiones” a una “lluvia de créditos”, como tan bien lo define el periodista Claudio Chiaruttini. El mundo paga hoy 0 o tasa -0. Si la Argentina no tuviera una historia crediticia tan negra, alimentada de defaults y discursos populistas innecesarios como el kirchnerista, con los actuales 451 pbs de riesgo país medidos por el índice del JP Morgan, podría endeudarse alrededor del 5%, como Bolivia.

Chubut logró colocar un bono por 650 millones de dólares apalacando con regalías al 7,75%; la provincia de Buenos Aires, por 1.250 millones en marzo pasado; Salta, 300 millones al 9,125%; la CABA, Mendoza y Neuquén también emitieron deuda. El caso Chaco impactó (mal): consiguió 250 millones al 9,5% en agosto -post acuerdo con los buitres- y encima trascendió que los fondos se utilizarían para pagar gastos corrientes como los aumentos a los docentes.

Esta “lluvia de créditos” es la que permite que no se dispare el déficit fiscal, más allá del 6,5% que se calcula informalmente si el Gobierno no utilizara la estrategia de contabilizar como ingresos auto prestamos del Estado. Con el nivel de gastos y la caída brutal de la recaudación -como consecuencia del descenso del nivel de actividad, la recesión y la baja del consumo-, para muchos economistas el crédito internacional es para Macri lo que la soja fue Kirchner.

¿A cuánto asciende la emisión total de deuda del Estado en este 2016?De acuerdo a las cifras del Observatorio de la Deuda de la Fundación Germán Abdala, desde enero hasta aquí llega a los 38.159 millones de dólares. En el cálculo se incluye la friolera del pago a los holdouts y las emisiones de las provincias.

Traducción: hasta que la economía se recupere -lo que tendría que pasar a partir del primer trimestre 2017- y comience a crecer en forma sostenida -no sabe cuándo todavía- el crédito internacional sostendrá el modelo macrista. La gradualidad en la aplicación de los tarifazos, y el criterio político que se ha impuesto por encima del fiscalista a la hora de gastar los recursos del Estado, se explican por la facilidad de crédito externo.

El plan del Gobierno es que la lluvia de créditos sea el puente que permita unir la etapa de la transición actual de la economía con el crecimiento y la llegada de inversiones. El hipotético gran momento futuro de la economía local permitirá pagar la gran deuda y evitar caer en el final de fiesta de Menem-De la Rúa.

El viento de cola no se termina en el “crédito fácil”. El Embajador de Brasil en Argentina, Everton Vargas, en el discurso del acto por el 194 aniversario de la independencia brasileña en la representación en Buenos Aires, dijo el miércoles que la economía de su país “va a crecer al 1% con una baja inflación en el 2017”. La recuperación del Brasil es fundamental para la industria argentina: el 46% de las MOI (Manufacturas de Origen Industrial) van a parar a ese país. El sector automotriz y provincias como Córdoba son “brasildependientes”. Que Brasil se recupere es clave porque la permite a la producción industrial local encontrar un mercado que consume, independientemente del argentino.

La visita al G20 le permitió al Presidente enterarse de más novedades internacionales. La primera es que China aumentaría las compras a Argentina. La segunda tiene que ver con la política continental: la ausencia de líderes regionales y la aparición de Macri con un discurso alineado con Washington, obliga a los Estados Unidos a darle un status especial. El discurso Macri es ideal y perfecto para Washington, no le cuesta nada defender a Michel Temer o condenar a Nicolás Maduro. Hace mucho tiempo que los norteamericanos no tenían en Argentina una voz tan parecida a la de ellos. El desafío de la Casa Rosada es como transformar esta buena onda en cuestiones concretas. ¿Acuerdo con el FMI? ¿Un préstamo del Tesoro? ¿Más créditos del Banco Mundial y del BID? Todo eso, desde ya. Pero las urgencias del gobierno argentino son más terrenales: inversiones norteamericanas para la economía real ya. En eso están./ Fuente: Infobae.com

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