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noviembre 13, 2016 9:30 am

Mauricio Macri aún no llegó a su primer año de mandato y no sólo tiene el pelo más blanco, sino que también comenzó a deslizar, entre sus íntimos, críticas a parte de su Gabinete. Ya no se trata del “mejor equipo de los últimos 25 años”: el desgaste de la gestión y los inconvenientes de muchos ministros ocuparon parte de la mente del jefe de Estado estos días. Como contrapartida, volvió a escuchar, como hizo hasta que asumió, a su mejor amigo, el empresario Nicolás Caputo. “Nicolás volvió”, es la frase que repiten los funcionarios.

Uno de los aspectos que más preocupa a Macri es el de las obras públicas, cuya ejecución, con suerte, alcanzará el 70% este año. El Presidente se quejó varias veces por los retrasos. Se cansó de escuchar que la herencia kirchnerista no permitió avanzar antes. Es una crítica que golpea al secretario de Obras Públicas, Daniel Chaín.

Uno de los principales apuntados es Francisco Pancho Cabrera, ministro de la Producción y quien, a priori, debería ser el nexo con los distintos sectores empresarios. En este marco, fueron los dos vicejefes de Gabinete, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, quienes hace varios meses comenzaron a recorrer asociaciones empresariales para calmar aguas.

Otro que está en la mira es el ministro de Salud, Jorge Lemus. Macri está disconforme con su trabajo, habla de lentitud, falta de coordinación y hasta en la Casa Rosada se comenta que hay “temas judiciales” que complican al ministro, sin dar mayores precisiones. Analiza nombrar a alguien para controlarlo, como hizo en la Ciudad. ¿Los retrasos en el goteo hacia los sindicatos de los fondos de las obras sociales podría terminar de complicarlo?

También el rabino Sergio Bergman (Ambiente) no está entre los más apreciados por el Presidente. Aún no completó el inventario de glaciares que había prometido para este año. Estará en 2017, con suerte a mitad de año. Habrá que rezar.

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