Maggie Ojcius

septiembre 16, 2015 5:23 pm

Maggie está buscando “la historia más bonita del mundo” y para ello asumió el desafío de viajar sola, acompañada únicamente por una mochila, un par de mudas de ropa, su computadora y una cámara fotográfica. Es decir, viajar lo más liviana de equipaje posible, munida de lo necesario para poder andar, caminar, conocer personas y plasmar sus historias en la web.

Sin duda, en tiempos donde queremos tener más, materialmente hablando, hay personas como Maggie, a quienes sólo les interesa sumar experiencias, situaciones, charlas, amigos y, por supuesto, todas esas miradas, suspiros, silencios y momentos para los que no se necesita una valija.

Ella

Maggie Ojcius (27) creció en una zona rural llamada La Escandinava, al sur de General Alvear, en Mendoza. Durante ocho años estudió y trabajó en San Rafael, hasta que se estableció en Bowen, “el pueblo de sus amores”. Ella es  técnica en Comunicación Social y se prepara para cursar la licenciatura en Producción de Medios en la UNCuyo. Además, se ha desarrollado como productora audiovisual, periodista, guionista, docente y asesora comunicacional de varias empresas.

Viajar es vivir

A menudo encontramos personas que dicen que si ganaran la lotería, lo primero que harían es viajar y algunos descubren la maravillosa experiencia cuando la independencia económica se lo permite. Pero otros nacen con la necesidad de andar, y algo así le pasó a la protagonista de nuestra  historia

“Siempre amé viajar y ahorré para poder hacerlo. Cuando era chiquita, a partir de los cinco años, viajaba a La Pampa para pasar las vacaciones con mis abuelos maternos. A los 15 preferí viajar, en vez de hacer fiesta, y esa fue la primera vez que llegué a Estados Unidos”, inicia su relato Maggie.

“Luego volví en tres oportunidades, dos a ver a mis familiares y esta cuarta en la que inicio la aventura de encontrar ‘la historia más bonita del mundo’, resume en pocas líneas la inquieta periodista que también recorrió casi toda la Argentina, aunque llegar al sur es todavía “una deuda pendiente”.

A esta hora Maggie puede estar disfrutando de una linda charla o simplemente refugiándose en alguna cafetería con el afán de encontrar palabras o imágenes, cotidianas situaciones que no suelen aparecer en la portada de los diarios.

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Abandonar el confort

“A esta idea la venía regando hace rato; siempre leí blogs de viajeros y esas notas que hablan de salir de la zona cómoda. Teniendo un pasar estable y todo lo necesario para vivir bien, sentía que había algo más en el camino y sólo tenía que salir a buscarlo. Leí libros sobre viajes y vi algunas películas que me empujaron a tomar la decisión”, explica la joven que decidió cambiar –al menos por un tiempo– voces amigas por amigos nuevos, la calidez del hogar por la intemperie y que ahora lleva en los bolsillos menos dinero que lo que se supone necesitaría para vivir el día a día en una ciudad desconocida y a miles de kilómetros de casa.

La experiencia de viajar con poquísimo equipaje podría ser la misma en cualquier otro lugar del planeta, sin embargo, el destino elegido por Maggie tiene una explicación: “Elegí Nueva York por varias razones: era un tema pendiente conocer esta ciudad, mi visa expira en diciembre de 2016 y no sé si me la van a volver a dar, es el punto más al Norte del continente desde el que me pareció adecuado iniciar la aventura (Canadá no me llama la atención), acá no están mis buenas tías, las que, si estuviera en sus casas, no me dejarían pasar hambre o no tener donde dormir, y son experiencias a las que elegí exponerme y vivir”, resume.

Hace poco más de un mes, Maggie se embarcó en el desafío de encontrar historias para contar y reconoce que hasta el momento este viaje ha tenido de todo: “A un mes y días de haberlo iniciado, ya experimenté mucha incertidumbre, adrenalina, miedos, bajones y, del otro lado, mucho ánimo de personas conocidas y desconocidas, conocimiento personal y un fuerte crecimiento en mi fe”.

Después, la periodista contó cómo son sus jornadas. “El viaje lo estoy haciendo con los recursos que se generan en el día a día: no dispongo de dinero para pagar hotel ni un departamento, así que apelo a las buenas conexiones que se van generando, generalmente a través de las redes sociales. Ya viví en cuatro casas, todas de personas que vi una sola o ninguna vez en la vida. A veces, como bien y otras, algo de sopa barata y frutas. Entre otras cosas, vine a comprobar si la solidaridad sigue vigente entre nosotros, y en este mes descubrí que sí, aún la hay, ¡y mucha! Es posible que el viaje continúe por Latinoamérica, según se sigan dando, o no, esas conexiones y según se generen los recursos, que siempre terminan apareciendo”, cuenta Maggie.

Esta mendocina, que reconoce que extraña todo, desde su familia hasta los álamos de la finca que la vio partir hace tiempo, también expresa que “cada día se hace más pesado porque el corazón quiere volver pero, a la vez, sabe que el reto es aguantar un poquito más”.

Historias reales, historias bonitas

“‘La historia más bonita del mundo’ es un proyecto de periodismo social que consiste en cruzar, literalmente, historias de personas de distinto estrato o condición. Son encuentros espontáneos. Al momento, la que más me impactó fue la de dos hombres que viven en la calle, ambos alcohólicos, de infancias muy sufridas. Uno de ellos vio cómo su papá apuñaló a su mamá hasta matarla. Conversar con ellos fue una experiencia fuerte pero una lección para dejar de juzgar con tanta soltura como estamos acostumbrados a hacerlo, además de ser una alerta para preservar la infancia de todos los pequeños que tenemos cerca”, reflexiona.

Para agendar y leer

Quienes deseen sumarse a este proyecto desde la lectura o simplemente porque tienen un contacto que puede ayudar a Maggie en esta búsqueda, pueden contactarla en Facebook con su nombre o en la fan page www.facebook.com/LaHistoriaMasBonitaDelMundo, y seguir su recorrido y sus historias en www.lahistoriamasbonitadelmundo.com.

La búsqueda de esta mendocina no sólo invita a valorar más las pequeñas cosas que tenemos, sino que también nos anima a la aventura de empezar a mirar la vida cotidiana con ojos de turista, con ojos de niño, si se quiere, y además deja una certeza: más allá de los innumerables caminos que Maggie transite, al final, la historia más bonita será la de ella.

Por Rebeca Rodríguez Viñolo – Diario El Ciudadano on line

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