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noviembre 23, 2016 10:57 am

Lo condenaron hace 4 años a prisión perpetua. Pero la Suprema Corte todavía no ha decidido nada con respecto a la apelación que su abogada interpuso para rever el fallo. Corolario: Javier López Ochoa mandó a matar a sus padres adoptivos, y al día de hoy se encuentra libre. El caso ocurrió en febrero de 2008 en Vistalba, y todavía siguen las repercusiones.

Antonio López (78) y su esposa Beatriz Ochoa (68) eran un matrimonio que vivía en un barrio semiprivado de Vistalba. Su casa estaba rodeada de los domicilios de otros familiares, y con ellos vivía, desde los 6 años, Javier López. Fue criado como hijo adoptivo, y los familiares de sangre del matrimonio no vieron nunca con buenos ojos la presencia del hombre.

Aquella noche, López Ochoa contrató a dos sicarios del distrito de Mayor Drummond, para que cometieran el aberrante asesinato doble. Uno de estos hombres, apodado “Teto”, era menor de edad: en ese entonces (tenía 17, hoy ya cuenta con 25), y es quien le asestó 14 puñaladas a Beatriz. Antonio, por su parte, recibió 28 puntazos de un hombre llamado “Bebe Piñeira”. El domicilio era un reguero de sangre.

Haber entrado a la casa requería que se abriera un portón de entrada, y luego, tras recorrer algunas calles, encontrar la casa de las víctimas. Por eso, al principio resultaba extraño que los atacantes entraran con tanta facilidad: era evidente que alguien del entorno tenía mucho que ver. Y ese alguien era, ni más ni menos, que Javier López Ochoa.

La etapa de instrucción fue veloz, y eso permitió identificar tanto a los autores materiales como al responsable del aberrante hecho. Pero luego, en Tribunales, el camino del caso fue más bien lento. Es que el juicio a Javier López demoró mucho, y la prisión preventiva que caía sobre él venció. Por este resquicio legal, López llegó en libertad al día de hoy, y falta esperar a que se decida su situación procesal.

El matrimonio López Ochoa era muy conocido y querido en Vistalba, y hasta aquel momento, estas muertes fueron consideradas como uno de los crímenes más aberrantes de la historia mendocina.

Al día de la fecha (noviembre de 2016, casi 9 años después del doble crimen), Javier López Ochoa tiene 42 años, y por tecnicismos y vericuetos legales se encuentra libre, luego de ser el responsable de la violenta muerte de sus padres adoptivos.

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