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noviembre 25, 2016 11:29 am

Hace unos días, la guionista de Guapas, Carolina Aguirre, publicó una columna en la revista de La Nación, acusando a su ex pareja Mariano Feuer de violencia de género.

Por medio de las palabras Carolina contó el infierno que vivió durante su estadía en Colombia junto a Mariano, lo cual generó mucha repercusión y apoyo por parte de otras mujeres.

Ahora otra ex de Mariano decidió no callar y publicó una carta en internet bajo el seudónimo de Blanche Hudson, contando las situaciones de violencia que vivió por parte de este hombre por más de 7 años.  “Él se proclamaba mi salvador dándome trabajo, alegando que me cuidaba como nunca nadie lo había hecho. Y esa fue su primera carta de manipulación. Me dio trabajo pero me sopapeaba como a una muñeca de trapo”. 

Mirá la carta completa:

Desde el domingo que Colombia y Argentina se parecen mucho. Tanto, que el relato de Carolina Aguirre podría haber sido mío. No sólo porque yo también sentí un manojo de dedos fríos en la cara y por más fuerza que hiciera, no podía moverme. Sino porque el protagonista de ambas situaciones es el mismo.

La decisión de escribir esto es mía, así como lo es la de no decir mi nombre, porque eso es lo de menos. Él ya está acabado. Sin embargo no quiero que la valentía de Carolina de hacer público algo tan íntimo y doloroso, sólo genere una avalancha de puteadas, acusaciones, silencios que huelen a miedo para terminar disipándose, como una noticia sensacionalista a la que se le terminó el cuarto de hora.

Todo el huracán de información, relatos, mail tras mail con más historias, el triste absurdo de tanta impunidad, confirman lo que muchos sospechábamos. Entonces ahora es el momento de sacarle todo el poder y desarmarle todos los argumentos -sin sustento- a alguien que durante años creyó que estaba en su derecho de manipularte, degradarte, humillarte, golpearte, amenazarte, engañarte, mentirte y sacarte cachitos de alma y vida, hasta que tenés tanto miedo, que preferís callarte en lugar de enfrentarlo y mandarlo a la mierda. Porque tu vida es TUYA. Pero él se tomó el trabajo de hacerte creer que tu vida era SUYA.

Vos podés contar lo que quieras, con detalles, sin detalles. Se va a preservar tu anonimato. Vas a poder hablar con profesionales que te van a acompañar. Vas a poder darte cuenta de que no es tu culpa, para soltar y sanar. Tu relato, el mío, el de Carolina, y todos los que se sumen, van a ir tejiendo una trama compacta y poderosa. Escribo acá para que sepas que no tenés que escribir si no querés y que si necesitás hablar, vas a saber adónde llamar, adónde ir. Quiero mostrarte dónde está esa puerta.

Él no fue mi novio. Lo conocí en el 2007 a través de una de esas páginas de citas/levantes y otros menesteres. Tenía mujer y una hija. Solita me metí en ese juego, el de ser la otra. Pero no esperaba que me fagositara el alma. El gen de su oscuridad perversa y manipuladora ya estaba instalado hasta en su manera de caminar. Me enamoré. Me juró amor eterno. Quería tener hijos conmigo. Poco tiempo después maldije el día en que lo había conocido. Fuimos amantes intermitentes durante siete años. Trabajé para él mucho tiempo. Demasiado. A través de los años, presencié la escalada de su oscuridad. Yo era un secreto. Para todos. No importara que yo fuera un fantasma. Él se proclamaba mi salvador dándome trabajo, alegando que me cuidaba como nunca nadie lo había hecho. Y esa fue su primera carta de manipulación. Me dio trabajo pero me sopapeaba como a una muñeca de trapo. Cada vez que la mujer lo echaba de la casa, venía a llorar a mis pies, cuando yo sabía perfectamente que había otras. Muchas. Me exprimía laboralmente y después me endiosaba. Mentira tras mentira, distorsión al por mayor. Me cagó con guita. Demoraba los pagos de mis honorarios. Maltrato no es solo que te peguen. Yo era el fantasma al que le encantaba cogerme, decirme que me amaba, para después contarme cada detalle de la noche en que concibió a su primera hija. Yo no tenía derecho a reclamar nada. Yo creí que me había dado trabajo. Error. Él sentía que me había comprado. Me cansé de leer en Twitter el culebrón de turno. De alternar entre sumisión, miedo y rabia. Retomábamos la historia, yo lo dejaba, él insistía.Antes de la explosión, el tono de los encuentros cambió. El siempre dirá que fue consentido. Yo siempre diré que estaba aterrada. No recuerdo si fueron dos o tres veces. Me vendó los ojos, me pegó con un cinturón. Me recorrió el cuerpo con un cuchillo, me dijo lo fea, dejada y descuidada que estaba desde que me había separado. Una vez abolló un billete de 100 dólares y me lo tiró en la cara para que me comprara ropa, me tiñera las canas. Me llamaba para avisarme que estaba a 1 cuadra de mi casa para corroborar, como el inspector que cae en un boliche, que tenía ropa linda, que estaba arreglada, que su esclava se portaba bien. A veces cogía con el celular en la mano. Y se iba.Una mañana me violó. En mi casa, un día no mucho después de los episodios del cinturón y el cuchillo. Siempre venía a la mañana. “Acordate de este dolor. Porque a partir de ahora nunca nadie te va a pisar la cabeza. Sos mi esclava y siempre te voy a proteger. Este dolor te va a hacer fuerte”. Eso me dijo mientras se me caían las lágrimas, quería gritar y no tenía voz. Como siempre, se levantó y se fue. Me vestí y seguí trabajando como si no hubiera pasado nada. Conseguí otro trabajo y tardé un par de semanas en animarme a escribir el mail de renuncia. Estaba muerta de miedo. Me acusó de traidora, de haberme sostenido meses y meses sin función alguna, inventándome trabajos que pagaba con plata de sus ahorros. Que estaba destruyendo todo. No importara lo que yo hiciera, porque para él siempre significaba una traición que yo intentara alejarme. Era como si me levantara el dedo, recordándome que mi vida no era mía. Pero me fui.

Los afectos me ayudaron a buscar apoyo, asesoramiento, a tomar recaudos. Y de a poco me fui desintoxicando. En 2 años no supe nada de él ni de la gente que lo rodeaba.Desde el lunes siento que todo huele a 2014, a podrido. Escribo para deshacerme de ese olor y traerme de vuelta al aquí y ahora de otras paredes mías, todas mías. No tengas miedo de pedir ayuda, de decir basta. Que esto se haya hecho público puede ayudarte a comprender que no es tu culpa y que lo que te pasó o lo que te pasa es real, no está en tu cabeza. Tan real como la potencia que podemos alcanzar sumando todos nuestros relatos.La línea 144 de atención en violencia de género del Consejo Nacional de las Mujeres está destinada a brindar información, orientación, asesoramiento y contención para las mujeres en situación de violencia de todo el país, los 365 días del año, las 24 horas, de manera gratuita. Esta línea responde a la obligación de garantizar, como Estado Nacional, una respuesta integral y articulada sobre la violencia de género. El equipo de atención de la línea telefónica 144, en su mayoría integrado por profesionales psicólogas/os y trabajadoras/es sociales, está conformado por operadoras/es y coordinadoras con capacitación en perspectiva de género y violencia contra las mujeres. Podés encontrar más información acá.

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