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julio 23, 2016 6:30 pm

Una editorial del diario La Nación, advierte el proceso que vive nuestra provincia en materia de casinos y juegos de azar.

Hemos visto en los últimos tiempos una política de la provincia dirigida a terminar con la ludopatía, creciente por estos años.

Esto dice el escrito del centenario diario nacional:

“El gobierno de la provincia de Mendoza ha decidido no renovar la licencia para tres casinos ubicados en esa jurisdicción. También ha anunciado que otras dos salas de juego, cuyos permisos vencen en marzo próximo, serán clausuradas.

Es una excelente noticia que termina con una práctica impuesta por el gobierno justicialista de Mendoza en 1991 y que ha significado que se instalaran 15 casinos en ese distrito.

Antes de la ley aprobada con el pretexto de fomentar la construcción de hoteles cinco estrellas -norma que fuera rechazada por los legisladores del Partido Demócrata, había un casino en la ciudad, aledaño al tradicional Plaza Hotel, y otro habilitado por el gobierno de Santiago Felipe Llaver en Las Leñas, localidad netamente turística.

A partir de 1991, los casinos se extendieron en la ciudad capital y en los departamentos de la provincia, donde a los tradicionales juegos de ruleta y punto y banca se agregaron las máquinas tragamonedas.

Estos lugares están abiertos desde hora temprana y varios se instalaron en pueblos rurales. Es así como los frecuentan trabajadores de las fincas, cosechadores y amas de casa, y no turistas como falazmente se sostiene para pretender justificarlos.

Modestos trabajadores llenan las instalaciones, donde dejan su dinero ganado en el trabajo de la tierra y las cosechas en un ambiente que fomenta la ludopatía, adicción tan peligrosa como el alcoholismo o la drogadicción y que afecta a las familias cuando quienes tienen la responsabilidad de sostener el hogar dilapidan sus escasos recursos en estos vicios, que sólo engrosan las cajas de algunos empresarios y se prestan en muchos casos al financiamiento ilegal de la política .

Desde los años 90 el país soporta un desmesurado incremento del juego que, incluso, llegó a la ciudad de Buenos Aires con la instalación de bingos, ahora cerrados, y casinos.

Esto se ha esparcido en varias distritos, incluidos algunos que no contaban con casinos o los tenían confinados a las ciudades balnearias, como las provincias de Buenos Aires, Córdoba o Santa Fe, o el caso escandaloso de Santiago del Estero, donde en unas pocas cuadras de su ciudad capital hay cinco casinos al lado de escuelas e iglesias.

Es de esperar que el gobierno de Mendoza siga por el buen camino de reducir al máximo el juego, y que este ejemplo se extienda por el país.

Una provincia cuya Constitución es un ejemplo para todas las demás, como lo señaláramos en un editorial reciente, al prohibir tanto la reelección como las candidaturas de los familiares del gobernador para el período siguiente evitando así las dinastías feudales de otras provincias caracterizadas por un profundo atraso, está dando otra lección que debe ser aprendida al reducir paulatinamente estos locales que afectan la cultura del trabajo, el esfuerzo, la austeridad y los valores familiares.”

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